En una avanzada en el conocimiento, el psicoanálisis relacional rechaza el autoritarismo en el análisis, es más igualitario y se sustenta en la libertad y en los valores culturales.

Ramón Riera i Alibes, destacado psicoanalista español, quien ha sido presidente de la Asociación Internacional de Psicoterapia y el Psicoanálisis Racional y Miguel Basáñez Ebergenyi, científico social mexicano autor de la Encuesta Mundial  de Valores y “Un Mundo de Tres Culturas”, fundamentan en una mesa de análisis, el cambio de valores culturales y las emergencias del psicoanálisis relacional, dando importantes aportes a la edificación de una teoría considerada como revolucionaria porque nos acerca más a la comprensión de los seres humanos, desde una perspectiva del psicoanálisis y la cultura.

Este importante acontecimiento intelectual se llevó a cabo dentro de “Las VIII Jornadas  del Psicoanálisis Relacional y Apego”, en Sevilla, en la España antes del COVID  19, por su trascendencia la Revista Praxis, Cultura y Medio Ambiente reproduce en exclusiva este diálogo:

Ramón Riera:

La presentación que hacemos con Miguel Basáñez bebe mucho de una institución que se llama “La Encuesta Mundial de Valores”, que explora de una manera longitudinal desde los años 80 cómo han evolucionado los valores en la mayoría de los países del mundo. Miguel es un especialista en este tema, tiene este magnífico libro sobre estas cuestiones: “Un Mundo de Tres Culturas: honor, éxito, disfrute”.

El objetivo de esta presentación va a ser utilizar la información que proviene de la Encuesta Mundial de Valores para que nos ayude a entender la evolución del psicoanálisis, más en concreto, la emergencia del Psicoanálisis Relacional. Obviamente, el psicoanálisis nace en un entorno, en un contexto, que es el de finales del siglo XIX de Centroeuropa, con unos sistemas de valores determinados, que generan un tipo de teorías determinadas y que, a medida que va cambiando este sistema de valores, los pacientes van necesitando un tipo de psicoanalista distinto.

Dicho muy, muy resumidamente: mucho antes de la transición del siglo XX al XXI, que es cuando hay la eclosión del psicoanálisis relacional, incluso desde el minuto cero de la historia del psicoanálisis, había habido psicoanalistas que podríamos llamar relacionales. Se suele decir que Ferenczi fue el primer psicoanalista relacional. Yo tengo un trabajito, del que si puedo hoy os haré un resumen, en el que intento argumentar que Breuer, el terapeuta de la primera paciente de la historia del psicoanálisis, era un terapeuta relacional.

¿Qué pasó con estos primeros pioneros? Respuesta: que no encontraron a su alrededor el caldo de cultivo de los valores adecuados para poder arraigar. Se dice que Ferenczi fue un avanzado de su tiempo. La tragedia de los avanzados de su tiempo es que no encuentran el campo dónde poder florecer.

Conocéis las leyendas negras según las cuales “el pobre Breuer” huyo despavorido de la sexualidad de Berta Papenheim y Ferenczi fue un pobre loco. Todos estos pioneros que no encontraron el entorno, el contexto de valores adecuados para poder encajar con sus enfoques, acabaron siendo machacados y masacrados por lo que podemos llamar la corriente principal del psicoanálisis.

Lo que hoy vamos a intentar trabajar es ir viendo como en el momento del cambio de siglo XX-XXI, se dan las condiciones, podríamos llamar económico-político-culturales, adecuadas, para que la gente, los pacientes, los que en definitiva nos pagan y de los que vivimos, necesiten otro tipo de psicoanalistas, es decir, analistas menos autoritarios, más democráticos, más colaboradores, más con la función de acompañar de forma igualitaria, donde el psicoanalista no es, por ejemplo, el pretendido psicoanalista neutral, objetivo. Para ser neutral y objetivo en cuestiones humanas hay que ser como Dios, para así poder ver las cosas desde arriba. O como los grandes generales que observan el campo de batalla desde un mirador: por aquí viene la caballería y por allí la artillería, ahí viene la pulsión de vida y por allá la de muerte, y más allá se encuentran con una defensa etc.  

Esta cosa grandiosa del psicoanalista convencional esta basado en el principio de autoridad. Este aspecto más igualitario del psicoanálisis relacional está basado en el valor de la libertad. Este es el preámbulo.

Miguel Basáñez | Ramón Riera

Escudriñando a Freud

Ramón: Miguel ¿A ti se te ocurre algo sobre este preámbulo?

Miguel: Excelente y lo suscribo totalmente.

Ramón: Muchas gracias.

Os voy a explicar una historia. Os avanzo que siempre que pueda, lo que voy a explicar lo haré en forma de historia. Esta es una obsesión que me ha cogido últimamente, porque cuando voy a los congresos no me suelo acordar de nada de lo que se ha dicho y solo me acuerdo de las historias que han contado. Y por un problema narcisista mío, que me gusta que me recuerden, intento explicar historias que se olvidarán más difícilmente de vuestra memoria. La primera historia es una historia personal. Con Rosa, cuando empezamos a tener niños pequeños, teníamos un grupo de amigos muy cercano, éramos cuatro o 5 parejas todos con niños, que teníamos una relación muy estrecha, compartíamos una casa de fin de semana y vacaciones y nos funcionaba muy bien. Hasta que un día negro, uno de los niños que tenía entonces 12 años, que era hijo de una de las parejas, tuvo un accidente y murió.

Los efectos de la muerte de este niño fueron un autentico tsunami de devastación. Especialmente en los padres y en el hermano superviviente, 2 años mayor, pero también en todos nosotros y en nuestros niños. Desde entonces para mi ha sido muy claro que la muerte de un niño es un traumatismo de un duelo casi imposible. Y desde entonces he escuchado frases que seguro vosotros habéis escuchado también, como “el hijo que no tiene padres es huérfano, el que no tiene pareja es viudo o viuda, pero al que se le muere un hijo no tiene nombre”, que señala lo innombrable de esta situación traumática.

Sumergido en este llamémosle estrés postraumático, a finales de los años 90, leí una recién publicada biografía de Freud de un autor llamado Louis Breger. El título en español se tradujo “Freud, el genio y sus sombras”, Editorial Vergara. Este ha sido uno de los libros que más me ha impactado y que más cambio psíquico me ha generado. Una de las cosas que explica Louis Breger es sobre la infancia de Freud. Imaginaros como era su casa: pequeña, de una sola habitación, todo junto, cocina, fuego, camas, mesas, los servicios fuera de la casa. En aquel reducido espacio convivían los padres de Freud y un hermano joven de la madre de Freud, con tuberculosis con una larga agonía terminal y que murió cuando Freud tenia creo que 2 años. Imaginaros que en un espacio cerrado como este lo que es para un niño estar creciendo con un moribundo.

Poco después de la muerte del tío, que se llamaba Julius, nace el hermano pequeño de Freud que de nombre le ponen Julius en homenaje, en recuerdo, al hermano que había muerto. Y este niño tuvo una infección intestinal y a los 8-9 meses también muere. Si yo pienso en la devastación que con Rosa y nuestros amigos vivimos cuando la muerte de aquel niño, puedo imaginarme la devastación que habría en aquella habitación de unos pocos metros cuadrados. Para acabar de complicar las cosas, en aquel tiempo el padre de Freud se arruina, era tratante de lanas, no les queda otra que emigrar, irse del pueblo a buscar fortuna, primero fueron a Leipzig, no les salió bien, estuvieron unos meses y finalmente fueron a Viena donde tenían unos parientes.

Yo me puedo imaginar que tengo niños pequeños, me arruino, me entra la angustia y tengo que cambiar de ciudad y allí tampoco puedo sobrevivir, me puedo imaginar que sería una situación enormemente traumática. Louis Breger dice:  sorprendentemente Freud en su biografía cuando habla de sus primeros años antes de llegar a Viena habla de una infancia idílica. Sorprendente. Los que estudian la Adult Attachment Interview dirían “qué incoherencia!”  ¿Infancia idílica?, ¿qué había de idílico? Había bosques, una naturaleza espléndida para los niños, para jugar en los bosques, bañarse en los ríos, sin duda había toda esta parte, pero toda la otra parte está disociada, está fuera de la mente de Freud. Una cosa, que es muy, muy llamativa es que ahora nosotros, por ejemplo todo nuestro grupo de amigos, hemos podido construir una narrativa que nos resulta obvia, que es: el hermano mayor que sobrevivió perdió al hermano, pero perdió también a los padres que dejaron de ser los padres vitales que habían sido, se quedó huérfano en cierto modo, y vivió en un ambiente de una enorme dificultad psicológica. Esta secuencia: se muere un niño, se deprimen los padres y el niño superviviente se queda sin padres, ésta secuencia, repito, a finales del siglo XIX en Centroeuropa era invisible, no se podía ver.

Yo discreparía ahora en lo que se suele decir, después de pensar mucho en esto, no es que Freud tuviera puntos ciegos, es que la cultura de su tiempo tenia que organizar el mundo de una manera en la que no fuera posible tomar conciencia de la tragedia que ahora nos parece evidente, pero que entonces esta tragedia era tan continuada y universal que habría sido insoportable no tenerla en zonas muy periféricas de la conciencia.

Cuento la 2ª anécdota. En una revista psicoanalítica, en la sección de historia, una psicoanalista austriaca escribe un pequeño trabajo en dónde ha recogido información sobre los archivos del pueblo de Moldavia, donde murieron los dos Julius, el hermano y el tío, y había recogido documentación en los archivos sobre las causas de muerte, edades y acababa de reconstruir esta historia. Yo la escribí pensando que me podía ayudar a entender. Antes pero, una cosa que no he explicado: lo único que Freud pudo recoger en sus escritos autobiográficos, sobre todo en las cartas a Fliess, acerca del impacto traumático de la muerte de Julius, lo único de lo que pudo ser consciente es lo siguiente: probablemente, dice, cuando Julius nació me robó la atención de mi madre, probablemente esto me generó mucha agresividad contra él, y cuando se murió yo me sentí muy culpable de haberlo matado con mis deseos.

Esta es la parte que era visible para él. Ahí es donde está la genialidad de Freud, que sí pudo ver lo que casi nadie podía ver. Pero el tipo de cosas que pudo ver estaba limitado por los valores de su tiempo. Yo escribí a la colega y le dije: he estado pensando en esto de la muerte de Julius, y demás, y me llama la atención que Freud solo ponga atención en esta parte de la historia. Me vino a decir que en aquella época en todas las familias había muerte de niños pequeños, y esto no tenia el efecto traumático que tiene en nosotros ahora, y esto de criticar las teorías de Freud a través de datos biográficos de él me parece una costumbre muy desafortunada. Pero yo entonces también iba dando palos de ciego y pensé : Ramón te has pasado. En el fondo de esta mujer estaba el mensaje implícito: no eran tan cursis como sois ahora, la muerte no era una cosa tan extraña, la gente vivía más al lado de la muerte, es ahora que cuando se muere un bebé os alteráis, la sociedad de consumo, estáis acostumbrados a vivir entre algodones, de manera que ahora os altera. Este era el mensaje implícito. Yo me quedé con esta historia. Mi cerebro quedó bloqueado unos cuantos años. Hasta que se da otra historia.

En este grupo de amigos, uno de ellos es ginecólogo y en aquel momento dirigía un servicio de ginecología de un Hospital en Barcelona y nos contó un día que en aquel servicio atendían a una etnia de mujeres subsaharianas recién emigradas que se ponían de parto. Y estaban muy preocupados porque aquellas mujeres, cuando les daban el bebé después del parto, no lo querían coger, ni lo querían mirar, ni querían interactuar con ellos, lo máximo que podían hacer era cogerlos, se lo ponían al pecho pero sin ningún gesto de interactuación. Y además como no hablaban su idioma, no les podían preguntar por qué actuaban así. La hipótesis que entonces manejaron era que aquella conducta llamémosla desnaturalizada, antinatural, profundamente patológica de no acoger al recién nacido, de no buscar el contacto piel con piel, aquella conducta podía ser debida a una secuela del trauma de la emigración.

La hipótesis que médicos y comadronas construyeron fue esta. No fue hasta el cabo de algunos meses que con la ayuda de una antropóloga que tenia el servicio catalán de la salud para asesorar situaciones así, pudieron entender que esto era un ritual muy típico en toda la zona subsahariana, un ritual que se sostenía en la siguiente narrativa: los bebés nacen y atraen los espíritus malignos que hay en el entorno. Si la madre mira mucho al bebé y le habla y está atento, el espíritu maligno se da cuenta de que este bebé es muy valioso y se lo lleva. Si se le trata con indiferencia esto no se da así. Por esto, estas madres actuaban de esta manera como protección para que sus hijos no murieran. Todos nos quedamos muy tranquilos con esta explicación.

Retraso en el reconocimiento de los niños como personas

No ha sido hasta hace muy poco, cuando al escribir el libro de La Herencia Emocional, que he seguido pensando en todo esto, y me he encontrado con bibliografía sobre lo que los antropólogos llaman el retraso en el reconocimiento del estatus de los niños como personas. En nuestra cultura, desde el embarazo ya sabemos que hay una personita allí dentro y la soñamos fantaseamos. Esto en otras culturas no pasa hasta que el niño no sale del grado alto de amenaza de muerte. Cuando hay una amenaza de muerte perinatal muy alto esta es una primera defensa. En esto soy también un advenedizo, yo voy viendo que los antropólogos no están tan de acuerdo siempre en la interpretación. Yo no puedo pontificar sobre este terreno, pero no podemos descartar la hipótesis de que una manera que la humanidad ha tenido de protegerse del trauma insoportable de la mortalidad infantil es a través del alejamiento emocional.

Y lo que para algunos ha sido visto como una aceptación de la muerte, como una conformidad, como una ausencia de omnipotencia de quererlo controlar todo, que es la visión más típica, como si los primitivos tuvieran esta sabiduría de la que nosotros tenemos que aprender, yo lo vería de manera diferente. Podemos pensar que en según que condiciones muy adversas, la disociación, el alejamiento afectivo, es una defensa muy razonable. Pero la subjetividad de un niño que pasa largo tiempo sin una relación intima con el adulto que lo cuida, queda marcada de una manera muy distinta a la subjetividad del bebé moderno. Esto significa una complicación. Por ejemplo, para Bowlby el Attachment tal como nosotros lo entendemos era universal para todas culturas. Esto genera muchas tensiones y muchas discusiones entre antropólogo y me parece un tema interesante para discutir.

Un ejemplo, Montaigne, siglo XVI tuvo 6 hijos, se le murieron 5, cosa normal en la época, dejó escrito “a mi se me han muerto 2 o 3 hijos”, o sea no sabia que se le habían muerto 5. Ahora sería impensable. Pero transmite muy bien el que los hijos que se morían no tenían el estatus de personas. Montaigne como la mayoría de los hombres del siglo XVI no asistían al parto. La de niños que se morían porque no podían mamar, o la de niños que eran mandados con nodrizas eran muchos.

Todos los hijos que tuvo Montaigne nacieron, fueron mandados a la nodriza y él no los conoció. Él era un hombre serio, responsable, ético, y sus ensayos los leemos ahora con mucho respeto. Pero históricamente muchos padres ni se enteraban de la muerte de sus hijos, ni siquiera iban al entierro porque estaban con la nodriza lejos, etc.- Todo esto determina de una manera espectacular cómo se configuran los valores que regulan las relaciones entre padres e hijos. Y en los valores que regulaban la relación entre Freud y sus padres no estaba la conciencia de que aquel niño era un ser sensible, que era afectado por la tragedia que se vivía en aquella habitación pequeña. Y tampoco lo podían ver la mayoría de los padres de la época. Y Freud tampoco lo pudo ver. Mucho es que vio lo que vio, pero también entendamos que había cosas que ni a pesar de su genio las pudo ver.

Está, Miguel, sería mi introducción cómo las condiciones de vida de tipo material, las situaciones de amenaza de morir de hambre, la amenaza de la mortalidad infantil, la amenaza de una esperanza de vida de poco más de 30 años, que ahora se ha triplicado, cómo en función del grado de amenaza en la que uno vive, el sistema de valores que necesitamos para organizar la convivencia entre los humanos ha de ser de un tipo o de otro.

Los peces no ven el agua

Miguel Basáñez:

Desde luego quiero darle las gracias a Rosa, a la Universidad, a Ramón,  a Isabel Medina por hacer posible este encuentro.

Si les parece, hago un par de comentarios sobre lo que tu presentaste Ramón. Y luego paso a mi presentación. Cuando dijiste, ligando tus tres historias, que la respuesta de aquella colega te bloqueo varios años, me hizo pensar lo que está como trasfondo de la investigación que yo he llevado y que ha sido producto de choques culturales. Esta imagen tuya del bloqueo se parece a la mía del choque.  Cuando ocurre algo que no entiendes, que no va con lo que tu tienes como marco mental y conceptual.  Eso se expresa con mucha fuerza en la frase de “los peces no ven el agua”.

En nuestra cultura no nos damos cuenta de las cosas a las que estamos acostumbrados, pero al salir a otra cultura se nos hacen muy evidentes, y esto es lo que dices que en el libro yo relato.  Cuando me fui a estudiar a Inglaterra, y empiezo a tener experiencias que, primero me llevan a pensar: estos tipos están locos, ¿que les pasa?, lo que nosotros latinos sentimos, pensamos, creemos, no es lo correcto para ellos. Esta fuerza de lo que tu llamas el bloqueo y yo llamo choque cultural. En términos psicológicos, aclaro que yo se casi nada de su materia,  ustedes dirán que es una disonancia cognitiva. Disonancia que a mi, después de Inglaterra, que fue en 1973, me movió tanto, que 20 años después fue cuando pude resolverla.

Les cuento tres anécdotas. La primera en Inglaterra: necesito conducir, voy a la oficina de licencias y le digo a la señorita que quiero sacar mi licencia inglesa, me pregunta si tengo licencia en México y le respondo que si, a lo cual me contesta que adelante, ya pudo conducir. Yo había preparado una historia gigante, intentando hacer como hubiera sido en México. Le pregunto que si no necesita una carta de la embajada o al menos que le muestre mi licencia mexicana. Me vio extrañada y pidiéndome que me fuera, añadió: si ya me lo dijiste!. Ese grado de confianza en la palabra fue para mi completamente desconocido.

Segunda anécdota. A las pocas semanas de haber llegado a la universidad de Warwick, me olvidé la raqueta, pelotas, lociones en los vestidores del squash. No me percaté del olvido hasta tres días después y estaba seguro de que no encontraría nada. Fue una enorme sorpresa para mi, regresar y encontrar todo tal cual lo había dejado. Mi reacción fue pensar ¿qué les pasa? ¡En México no habrían durado ni unas horas!

La tercera y última, es en el primer seminario en el doctorado en Londres. Yo no estaba acostumbrado en México a los seminarios, y el primero que se programó yo me ofrecí a presentarlo. Una vez que terminé, el compañero de la izquierda intervino: no me gustó y dijo por qué.  Lo oí y en ese instante me empezó a hervir la sangre y quería sacarlo del salón para liarnos a golpes. Como vi que nadie se movía, tampoco me moví. La compañera de la derecha dijo: a mi sí me gusto, por supuesto que me cayó muy bien, y dijo porqué le había gustado. El de enfrente agregó: me gusta una parte, pero otra me causa dudas. Aquello me enfrió, empezó a darse la conversación y evidentemente ese intercambio de ideas me enriqueció. De manera que salí mejor de lo que yo había entrado, era un cambio completo a lo que yo estaba acostumbrado. Ese aprecio a la utilidad de la critica, del intercambio de ideas, sin tener que convertirse en tu eres un tal y un cual, típico de nuestra cultura, que va al insulto personal, en vez de a la discusión impersonal de las ideas.

Los hijos, catolicismos y protestantismo

Esto que les relato me ocurrió al principio de los años 70’s y, años después, hacia 1983, me encontré con un libro que dice que esas diferencias son por las diferencias de valores de los católicos y los protestantes. Esto me abrió una veta de interpretación en la cual no había pensado, y 10 años después, en 1993, o sea 20 años después, de aquellos primeros choques culturales, por fin empiezo a encontrar respuesta con el arribo de los datos de la segunda Encuesta Mundial de Valores, a la que hacia referencia Ramón. Se había hecho la primera encuesta en 1980 y la segunda en 1990. Estaba yo en la universidad de Michigan en el verano de 1993 con Ronald Inglehart, el coordinador mundial, cuando llegaron frescos los datos de la segunda encuesta. En aquel entonces nos llevaban una pila gigante de papeles, cuando hoy se hacen en el teléfono móvil.

Yo pregunto estadísticamente a los datos, ¿Qué es lo que más separa a los católicos de los protestantes. ¿Cuál es el valor mas potente que nos separa?  y resulta que era la obediencia a los padres. Se obtiene de una pregunta de la Encuesta Mundial que dice: ¿los hijos deben amar y respetar a los padres sin importar cómo sean?, o ¿los padres deben ganarse el amor y respeto de sus hijos?. Yo la convierto en un eje que denominé autonomía (para los que exigían de los padres amor y respeto), y obediencia para los que dicen no me importa como sean, yo debo amarlos y respetarlos.

Ramón: ¿Me permites un segundo? Ahí en este punto es donde empieza mi historia de amor con Miguel, porque a mi esta pregunta de la Encuesta Mundial de Valores me había fascinado y cuando veo que en su libro es el eje central de su desarrollo tuve un sentimiento de afinidad con él. Mauricio Cortina nos hablará de los antecedentes evolutivos del psicoanálisis relacional y él nos explicará excelentemente, cómo es el sentimiento de estar alineado psicológicamente con alguien. En ese momento yo noto que Miguel le da importancia a lo mismo que yo, entonces esta ansia de compañía hace que tenga muchas ganas de conocerte, y afortunadamente gracias a Isabel Medina hemos podido coincidir aquí.

La confianza en los demás, la diferencia

Miguel: El 2º valor que separa a católicos y protestantes es el de confianza en los demás: en quien confiamos o desconfiamos. Hay una pregunta en la Encuesta Mundial de Valores que dice: ¿Usted qué tanto confía generalmente en la gente? Los protestantes confían mucho y los católicos muy poco. Va desde más del 70% de confianza en los nórdicos, hasta apenas el 3 % en Brasil, o sea una enorme variación. Imaginé en ese momento un mapa donde pusiéramos confiados y desconfiados en un eje vertical, y obedientes y autónomos en un eje horizontal.  Salió que los protestantes eran confiados y autónomos y los católicos desconfiados y obedientes. En aquel momento en la ciencia política no se valía hablar de las religiones de manera crítica y, aun en Michigan, con mucho cuidado planteé que había que tocar el tema con pinzas. Opté por argumentar que no era yo quien decía de las religiones, lo decían los datos. Este es mi primer comentario a los choques culturales.

El siguiente comentario que haría es lo que hablaste tu, Ramón, de los valores que regulan la relación de los padres con los hijos. Querría referirme a mi propio caso. Yo nací en un pueblo muy pequeñito en la costa del Golfo de México, que tenia 25.000 habitantes cuando yo nací, era un enclave español, vasco para ser preciso, con mejor comunicación con España por mar que con México la capital, pues llegar al centro de México tomaba dos días por agua y ferrocarril, pero ir en barco a Europa era más fácil. Esto lo menciono porque me hace ser sujeto de la cultura del honor, con valores muy de honor. Cuando cursé la primaria y secundaría y después me voy a la preparatoria a México DF, que era la gran ciudad, sufro un cambio de valores muy fuerte. Pero lo menciono porque es mi propio caso con mi familia y está aquí mi hija que lo puede atestiguar.

Disfrute, honor y éxito

Mi esposa y yo nos casamos muy jóvenes, ella de 18 y yo de 22, formados y responsables! Supongo que por esos valores de honor, yo me hacia cargo de las cuestiones materiales y mi esposa de las cuestiones emocionales. Ahora tenemos 4 hijos que se quejan de mi desapego emocional y yo les digo, no era mi trabajo, yo tenia que cuidar que estuvieran materialmente bien y cuando tenían una tristeza, era la mamá la que se ocupaba. Ni se me hubiera ocurrido que eso, al igual que las generaciones de la muerte de los hijos en tiempo de Freud, tuviera algún efecto. Ahora estos hijos y en estos tiempos me dicen que tengo una responsabilidad que atender.

Esto subraya cómo las condiciones materiales van a afectar los valores. Si ustedes nacieron, como en mi caso, en un pequeño pueblo rural, con poca comunicación, el puro cambio a la gran ciudad genera un cambio de valores; el tener un nivel bajo, medio o alto de estudios, genera un cambio de valores; y lo mismo si es de ingresos, lo genera.  Y si uno nace en un país de ingreso bajo, medio o alto tiene mucho impacto y eso es lo que mide este ejercicio de la Encuesta Mundial de Valores.

La Encuesta empezó en 1980 como una preocupación del Vaticano en Europa y le llamó “mundial”, porque entraron 24 países, los principales europeos y algunos de América y otros de Asia. Esa fue la mundialidad.

En el año 2000 se amplía a 43 países y empieza a hacerse cada 5 años y el liderazgo intelectual de la Encuesta se pasa a la universidad de Michigan. Yo me incorporo desde 1990 y ahora va por la 7º oleada, alrededor de 100 países. Es el Banco de Datos empíricos más grande del mundo. Son 300 preguntas muy personales: felicidad, bienestar, amor a los padres y a los hijos, aprecio al trabajo, a la política, es muy amplia, y me pasó como a ti Ramón, que cuando vi lo que hacían, me arrebató. Mis primeros 20 años había trabajado en el gobierno mexicano y me pasé a las encuestas los siguientes 20, pero nunca había podido analizar mis propios datos, ya que antes de terminar una ya venia otra encuesta nueva. No fue sino hasta que, en 2008 que me fui a Boston, pude empezar a analizar los datos y este libro es el resultado de ese análisis de 30 años de encuestas de valores. Mi pregunta es ¿qué significan?. ¿Como se liga esto con lo de nosotros?

Termino con la introducción y paso a mi presentación. Les hago una pregunta: ¿Qué ven en la portada del libro, que les llama la atención? Las manos, ¿qué dicen las manos? ¿Qué es mejor piedra, papel o tijera?. Depende, no se puede decidir en abstracto. Esta portada es el diseño de mi yerno artista, que conocía el texto y condensa de esa manera el titulo de honor, éxito, disfrute. ¿Donde está España en honor, éxito o disfrute? Honor, dicen unos; otros dicen disfrute.

Vean este triángulo. Aquí se suman estas tres culturas. Disfrute con Italia y España a la cabeza y los latinoamericanos hacia la esquina del honor y Europa del sur hacia el éxito con Francia a la mitad; en la esquina del honor: el Islam y los ortodoxos y los asiáticos abajo; en la esquina derecha del éxito están los nórdicos protestantes, pero también está Tejas que es una región hacia el honor, casi junto a los asiáticos y después, hacia la esquina del disfrute, están Massachusetts y California. Estas tres culturas de honor, disfrute y éxito, son la síntesis de qué es lo que dicen los valores. Ustedes se preguntarán ¿pero cómo con solo tres valores se van a generar 7,000 micro culturas y después reducirse a tres? Vean los colores. La enorme gama de colores proviene de sólo 3 colores básicos y la combinación de 3 valores producen todas las 7,000 micro culturas del planeta, para no hablar de millones si queremos decir que cada ciudad y barrio tienen su propia cultura. Ya en esa línea podríamos también decir que cada familia tiene la propia.

Axiología cultural

La axiología cultural, el estudio de los valores como ejes, arranca en 1980. Son 4 autores, un holandés, Hofstede, un israelí, psicólogo social, Schwartz, Inglehart y Basáñez. En 1980 IBM le encarga a Hofstede que estudie porque sus manuales de entrenamiento, que eran idénticos para todo el mundo, por qué el personal no se comportaba igual en todo el mundo. Le piden que estudie a que se debía. Hace una encuesta gigante a todo el personal, mas bien un censo, y de sus datos publica un libro muy influyente en el mundo de los negocios: Consecuencias Culturales. Hofstede concluye que la explicación está en la cultura, que hay 4 ejes de valores que explican esas diferencias y los llama individualismo – colectivismo, distancia política, rechazo a la incertidumbre y masculinidad – femineidad. No me gustan sus etiquetas, pero fueron las que utilizó desde 1980 y continúan vigentes.

Mapa Cultural de Basáñez, 1993

En 1984 estuve en Japón y si los choques culturales que les conté en Inglaterra fueron grandes, esa semana en Japón fueron enormes. Regresé a México en hervor intelectual. En 1986 escribí un artículo donde planteé las hipótesis para explicar lo que había vivido. Ese artículo lo titulé: Culturas Combativas y Contemplativas, pero sufrí con el titulo. Nunca acabó de gustarme, pero no pude encontrar algo mejor. Lo que proponía es que los tres ejes culturales eran: prójimo, trabajo y critica. Prójimo, en quien podemos confiar o no; el trabajo como premio o como castigo; la critica, autonomía u obediencia. Eso lo planteé en 1986 y seguí con la preocupación de encontrar que nos separa a católicos y protestantes. En 1993 hice el primer mapa cultural, pero usé solo dos ejes.

Schwartz, el psicólogo social israelí, en 1987 hablaba de 4 ejes y en ellos aparece como se ve en esta imagen que los de arriba son progresivos y los de abajo patrióticos; a la derecha introvertidos y a la izquierda extrovertidos; acción, diversión, religioso, verde, alternativo y burgués. Esto que presentaba Schwartz fue producto de una estructura psicológica universal de los valores del individuo. Empieza en 1987 utilizando una encuesta a profesores y alumnos de universidades de varios países que le van confirmando sus hipótesis. Amplia más y más el ejercicio y le siguen confirmando los datos, lo cual lo estimula a continuar, pero después reduce los cuatro ejes a tres.

En 1997 Ronald Inglehart, partiendo de lo que empezamos como el mapa de 1993, presenta el mismo modelo de dos ejes, pero ya hablando de 8 regiones culturales basadas en las religiones: protestantismo europeo, protestantismo inglés, catolicismo europeo, catolicismo latinoamericano, islam, ortodoxia, confucionismo y Sud Asia. Y ahí se empieza a mostrar la fuerza de esos valores que recogíamos en la Encuesta Mundial y como agrupábamos países de esa forma.

Imagen que contiene texto, recibo

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Pero no solo eso, ahí cada punto dice cuáles son los valores que están en cada uno de esos extremos. Tenemos valores muy tradicionales abajo, o valores legales, racionales, seculares arriba, o de emancipación a la derecha, o muy de supervivencia a la izquierda, y nos deja claro que dependiendo de las condiciones materiales del país, o de la familia o del individuo va a estar en estas zonas.

En la gráfica del 2000 se ve cómo los países se mueven en el tiempo, se ve en la representación cómo un país puede cambiar a través del tiempo y vemos cual es la direccionalidad del cambio de valor a nivel mundial, y es hacia la esquina superior derecha. O sea el mundo se está yendo hacia el cuadrante de los nórdicos de la mitad del mapa hacia arriba, y la otra mitad, la del cuadrante inferior izquierdo casi no se mueve.

Imagen que contiene texto, mapa

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Después tenemos el efecto de las edades. Por ejemplo, Alemania del Oeste donde los mayores están en el centro de la grafica y los jóvenes están en un extremo. Así seguimos a los países y cómo el cambio generacional va a generar un gran cambio de valores. Sin embargo, todo esto que les muestro que yo trabajé 20 años, hasta que pude terminar el análisis, empiezo a pensar en la necesidad de añadir un tercer eje. En 2015 yo regreso al planteamiento de   1986 de prójimo, trabajo y crítica. Es decir, un eje económico horizontal, uno político vertical y al añadir el tercero eje social, necesitamos un espacio que es el cubo axiológico.

Termino diciéndoles que cuando empecé a asistir a la conferencias internacionales de psicología social, encuentro que quien tiene más avance en este campo es Shalom Schwartz y en vez de introducir el término que había acuñado yo en 1986, decidí tomar la terminología de Schwartz y presenté el cubo axiológico con las 6 paredes que se necesitan y me ayudan a entender que en el extremo inferior izquierdo están las culturas del honor; en lo político hay una gran jerarquía, es la pared de abajo del cubo; en lo económico, hay armonía con la naturaleza; y. en lo social, hay un gran imbricamiento porque la sociedad, el grupo está muy conectado.

De la posición del honor conforme avanzan las sociedades, aquí entramos a la parte evolutiva, van mejorando en sus condiciones materiales, alimentación, etc., se van moviendo hacia el centro del cubo, desde la aparición de la agricultura, los imperios, pero  al llegar a la revolución industrial, en donde el mundo se estaba moviendo al centro del cubo, hay un disparo a la esquina opuesta que es la del logro, la esquina del éxito, la esquina de los países que persiguen el dinero, y estamos en la pared opuesta de autonomía, de dominio de la naturaleza, y de igualitarismo en lo político.

Los países al mejorar fueron pasando de la posición de honor, brevemente a la del disfrute, pero la revolución industrial nos lanzó al otro lado, al la búsqueda del éxito material a toda costa y por encima de todo. Sin embargo, después de la segunda guerra mundial, particularmente los países nórdicos empezaron a preguntase sobre el sentido de matarse trabajando frenéticamente, todo por la persecución del éxito material. Al menos intelectualmente, los nórdicos empezaron a cuestionar el sentido de sacrificar la vida por los bienes materiales y empezaron a proponer que debe dedicarse más tiempo a los amigos y a la familia, a disfrutar. Pero resulta que los católicos hispanos estábamos en el disfrute desde mucho antes. El disfrute es un punto intermedio entre los dos extremos de honor y de éxito. No olvidemos que en los últimos juegos mundiales de soccer en Rusia, tuvieron que dar clases de sonrisas a los rusos para aparentar ser amables con los turistas. Los rusos no son tan de hacer sonrisas.

En el mundo nórdico ha habido gran interés en el budismo como medio de buscar el disfrute. Sin embargo, en el mundo colonial hispano, lo que fueran las colonias de España y Portugal, lo que hoy es Latinoamérica, hemos estado en la cultura del disfrute, casi por accidente. El siguiente cuadro es para mostrar la equivalencia de términos que usamos los 4 autores que he estado refiriendo.

Esta es una síntesis de cómo los datos de la Encuesta Mundial de Valores puede ser de utilidad para la psicología y ahora con Ramón estamos viendo cuales son los resortes emocionales que pueden ligar a la psicología y a la sociología política. Seguramente en la próxima conferencia tendremos más datos concretos al respecto. 

Ramón: Vamos a seguir con la siguiente historia. Os voy a hablar de un encuentro que se dio en el año 2000, hace unos 20 años, entre un señor que venia de Massachusetts, que se llama Malcon Slavin, y otro señor que venia de Barcelona, un servidor. Cuando conocí a Slavin, estábamos en dos zonas geográficas distintas, con dos sistemas de valores y con dos enfoques psicoanalíticos distintos. Yo le conocí en Roma. En aquella época se me había abierto el mundo gracias a la conectividad que nos permiten las nuevas tecnologías y, de forma increíblemente fascinante, tuve la gran suerte de que los vecinos italianos llevaban bastantes años organizando un pequeño grupo en Roma en donde invitaban a los autores relacionales de Norteamérica, y a mi me salía mejor ir a conocer a estas personas a Roma que tener que viajar a Estados Unidos. 

Allí conocí a Slavin. Lo que recuerdo de aquel encuentro fue un caso clínico que explicó, de una paciente que se llamaba Emily. Es un caso que luego Slavin ha publicado en muchos otros sitios. En aquella época él empezó a trabajar ese caso. A grandes rasgos era una paciente difícil, conflictiva, quejosa, su gran reivindicación era que tenía una vivencia de desesperación y de desesperanza tan profunda que Slavin no podía sintonizar con ella y hacia lo que terminamos haciendo muchos, ver los aspectos positivos, “no es que estés tan sola, no es cierto que nadie te vea, yo te veo…” Y la contestación de ella era algo así como “no te das cuenta de donde estoy y estás más preocupado en querer sentirte útil que en enterarte cómo yo soy”. Slavin la presentaba como un ejemplo del conflicto de intereses entre una paciente con necesidad de ser reconocida en su desesperación extrema, y las necesidades de un analista de sentirse seguro, preservado, no bajar a los abismos, curarla y ayudarla a salir del pozo. Slavin la presentaba esta actitud de Emily como la parte más evolucionada desde el punto de vista de la evolutivo, desde los chimpancés hasta la actualidad. Es decir la capacidad de leer la mente de otro y ver hasta que punto esta mente está alineada con la suya, o está alineada con otros objetivos.

Cuando yo escuché este caso se me hizo muy evidente, que este mismo caso en Barcelona hubiera sido visto por casi todos los colegas de la Barcelona del año 2000 como lo que entonces se llamaba una reacción terapéutica negativa, es decir, como una paciente que no acepta ser ayudada por su analista, que en lugar de poder utilizar lo que el analista le aporta, lo boicotea, la famosa figura de la boca que muerde la mano que le da de comer. La pregunta era: ¿por qué en el área de Boston esta mujer es vista como alguien que está utilizando la parte más evolucionada de su biología que consiste en leer la mente del otro para comprobar si este otro la puede ver y, en cambio, en otra zona geografía era vista como la portadora de los instintos más primitivos, más destructivos, más regresivos, más anti-desarrollo y crecimiento?

La ley del más colaborador en lugar de la ley del más fuerte

La respuesta que doy ahora es porque en el primer caso, Emily es vista desde un sistema de valores donde lo que se promueve es la libertad, y en el otro caso es vista desde un sistema de valores donde se promueve la obediencia, como valor central organizador de la relación. Y ahí es donde viene la conexión con la pregunta de la Encuesta Mundial de Valores sobre el amor incondicional a los padres que os comentaba Miguel. Si parafraseamos la pregunta y lo aplicamos al campo analítico sería: ¿cree usted que hay que creerse al psicoanalista que ha estudiado mucho y que ha hecho un análisis de 20 años de 5 sesiones y seminarios y por tanto lo que dice es verdad, o cree usted que solo tiene que creer en un psicoanalista que se ha ganado esta confianza con su actitud? Y dependiendo de cómo se contesta esta pregunta sale un tipo de tratamiento u otro muy distinto.

El psicoanálisis basado en las pulsiones necesita este tipo de relación autoritaria, donde lo que hay que hacer es domesticar. Mauricio Cortina desarrollará la cuestión de cómo ha sido visto el pasado filogenético nuestro y como el psicoanálisis freudiano ve este pasado filogenético como una carga pulsional a domesticar. Esta palabra no la usan así, ellos hablan de sublimar, elaborar, etc.. Lo que veremos con Mauricio es cómo el pasado filogenético, visto desde el sistema de valores democráticos basados en la libertad nos permite observar otros aspectos, la selección natural que vista convencionalmente es vista como la “ley del mas fuerte”, ahora la podemos ver también como la “ley del mas colaborador. Y es mucho cambio. Las dos leyes funcionan, la del más fuerte y la del más colaborador, pero veamos las dos, no nos quedemos con una.

En esta evolución de los sistemas de valores que explicaba Miguel, una idea de otro de los grandes autores de este grupo, Christian Welzel, es que cuando el futuro es vivido como una fuente de amenaza predominan los valores patriarcales. No solemos ser conscientes de cómo la mortalidad infantil y morir de hambre han estado presentes en la historia de la humanidad. Otra cosa muy impactante de la Encuesta Mundial de Valores es que durante el 99% de la historia de los seres humanos la inmensa mayoría ha vivido en estados de los que hoy decimos pobreza extrema: esperanza de vida muy corta y mortalidad infantil elevada.

Por ejemplo, pensad que cuando nació mi padre a principios del siglo XX, en la Cataluña Central, uno de cada de tres niños moría antes de los 5 años. La tragedia que yo os explicaba de los amigos que perdieron la hija, todos los vecinos de San Juliá de Vilatorta, el pueblo de mi padre, la vivieron varias veces en su vida, todos y mi padre también vieron morir hermanos pequeños. Esto ha cambiado hace muy poco, somos pocos conscientes de esto porque normalmente los libros de historia hablan de los héroes, los santos, los artistas, los pensadores, los aristócratas, que son el 4-5-% de la población, y tendemos a pensar que el mundo está formado por este 4% que dejaron huella.

Pero la humanidad ha vivido en un estado de sufrimiento físico que necesitaba un tipo de defensa que ahora no necesitamos. De esto se desprende este mensaje: el descenso del nivel de amenaza facilita un tipo de desarrollo, de ensanchamiento de la subjetividad, el hecho de que un bebé no esté bajo la amenaza de morirse, y no le nazca un hermano 9 meses después y la madre esté híperocupada, la disminución de la mortalidad infantil, el control de la natalidad, todo esto crea unas condiciones absolutamente nuevas desde la perspectiva histórica. Siguiendo con lo que decíamos de Welzel, cuando la población de un país vive el futuro más como una fuente de oportunidades que de amenaza es cuando florecen los denominados valores emancipadores y democráticos.

Por supuesto que hay cosas muy negativas en las sociedades del bienestar actuales. Por ejemplo, el hecho de estar rodeados de cemento y no tener naturaleza, el hecho de tener familias nucleares con un solo progenitor y no tener toda la tribu antigua de tías, abuelas, el tío soltero, el tío cura, todo esto son condiciones antinaturales de la crianza, pero veamos también la otra parte, la parte esta que yo os digo. Mi tesis en que en los últimos años en las sociedades democráticas del bienestar se ha dado una expansión de la subjetividad humana que probablemente no ha existido en ninguna otra época histórica. El hecho de que se hable del giro emocional que se da en el cambio de siglo del XIX al XX es porque antes no se hablaba tanto de emociones como ahora. Mi padre, por ejemplo, no creo que hubiera utilizado nunca la palabra empatía, es una palabra muy joven que no ha empezado a ser utilizada por todo el mundo hasta hace poco. Expresiones como “yo empatizo con alguien”, “alguien no empatiza conmigo”, están al alcance de grandes mayorías de población. Miguel tu que dirías

Miguel: Se me ocurrieron 4 cuestiones.

1.- Cómo una misma pregunta tiene completamente respuestas diferentes, según el contexto donde se planteé. Estábamos reunidos hacia 1993 en la Encuesta Mundial de Valores y en la pregunta donde se hablaba de apreciar a los amigos, eran los nórdicos los que los apreciaban más y los latinoamericanos menos. Pensamos en mi grupo que seguramente teníamos la escala invertida, porque nosotros damos mucha importancia a los amigos. En la reunión estaban el colega de Noruega y la de Chile, cuando dice el noruego: yo si aprecio mucho a mis amigos, tengo dos y los aprecio mucho. Y dice la chilena:  yo tengo mas de 200 y ni siquiera pienso que los aprecio!. Es la economía de abundancia y escasez.

En las encuestas se va a reflejar que damos mucho aprecio a lo que tenemos poco. Y no es que le demos poco aprecio, es que no reparamos en ello. Son cosas que hemos venido aprendiendo. Por eso verán lo que se tiene que ajustar en la encuestas mundiales. Los latinoamericanos y los católicos tendemos a irnos a los extremos en las escalas, y contestamos que las cosas están muy bien o muy mal en las encuestas internacionales, mientras que los asiáticos tienden a irse al centro. Y ¿cómo ajustar respuestas para que tengan sentido? Se ha tenido que desarrollar una serie de técnicas al respecto.

2.- En otro punto anoté que una característica importante de los homo-sapiens. Nuestros primos hermanos son los bonobos y los chimpancés, genéticamente hablando. Los bonobos todo lo resuelven con amor y los chimpancés lo resuelven con violencia. Los humanos somos tan amorosos o tan violentos como ambos y esa característica de estar a ambos lados del espectro es lo que nos ha dado la posición superior en la escala zoológica.

3.- Otro comentario que me sugiere lo que hablaste Ramón, es que esta epigenética, esta forma en que los humanos estamos interiorizando el entorno y no nos damos cuenta, lo podemos ver en el síndrome del celibato en los japoneses. Hace 10 años encontramos en las respuestas a encuestas en Japón el rechazo de las mujeres al matrimonio. Pero vimos que si es muy racional porque en la sociedad japonesa, si la mujer se casa, es la que lleva una carga enorme de la casa y los hijos, mientras que el hombre no siente que tenga ninguna responsabilidad. Por ello, es lógico que la mujer rechace el matrimonio cuando los dos tiene que trabajar y cooperar por igual. Eso nos llamo la atención hace 10 años.

Pero unos años más tarde empezamos a encontrar el rechazo al sexo, sobre todo entre los hombres jóvenes, diciendo que es tan fuerte la presión de la competencia económica que andar buscando sexo es un exceso de pérdida de tiempo que no pueden darse. Nos preocupó porque sería una especie de suicido colectivo. Si dejan de tener relaciones sexuales, cuando ya de por sí en Japón disminuye la población. Estigmatizar las relaciones sexuales, los está llevando a un síndrome de celibato que en extremo seria el abatimiento de la población,

4.- Vinculado a esta absorción del entorno, tenemos en la Encuesta Mundial de Valores la pregunta sobre el tamaño ideal de familia y esto ha venido disminuyendo en todo los países en los 35 años de respuestas. Nos deja ver que la población, incluso en los sitios más apartados de África, en la India, el tamaño de familia baja. Es una especie de intuición de que no puede haber más población en el planeta. Y esto parece explicar también el incremento en el concepto de homosexualidad y la diversidad de géneros, habiendo más de 50 géneros. Con todos los matices intermedios seria una adaptación de lo que el medio ambiente esta provocando.  Todo esto que estamos hablando me llamaba la atención de la intervención de Ramón, hay tanta coincidencia en las ideas sin habernos conocido. Yo no había leído nada de Ramón y cuando caen los textos míos en sus manos se da una comunicación como si nos hubiéramos conocido de toda la vida.

Hacer de la libertad un valor útil

Ramón: Otra de las cosas que a mi me ha atraído de la Encuesta Mundial de Valores, es que llegan a conclusiones parecidas a las que llegan a los estudiosos del attachment, donde el factor seguridad es central. El niño que tiene un apego seguro se lleva mucho susto cuando la madre se va, pero cuando la madre vuelve, la diada madre hijo tiene los recursos suficientes para disfrutar con libertad para seguir explorando con libertad los juguetes de la sala. Este es el eje central que valoramos, ¿va a tener la diada madre hijo la capacidad de construir un ambiente suficientemente seguro para que el niño pueda tener su libertad para explorar?, ¿o no va a darle esta seguridad y el niño se quedará pegado a la madre porque no se fía de si se vuelve a ir, o se quedara diciendo que le da igual si se va o no y mientras no jugara. Es decir, la seguridad favorece la libertad, y la inseguridad favorece que estoy más pendiente de mi cuidador que de hacer cosas personales.

Esto es muy parecido a lo que explicamos. Hasta que no llegó la Revolución industrial predominaba el “yo me someto al patriarca y a cambio el patriarca me protege, yo ofrezco sumisión a cambio de protección”. Pero es la mejor dinámica posible para la supervivencia en las condiciones de las grandes aglomeraciones urbanas de las sociedades agrícolas. En cambio, Welzel dice que para que se instaure el sistema de valores emancipadores, es necesario que la libertad sea útil. Porque hay muchos contextos en que la libertad no es útil. En un país en guerra, ¿mi libertad en qué consiste?  ¿en qué bando muero? qué me importa a mi tener esta libertad si acabaré muriéndome. Sin embargo, en un futuro lleno de oportunidades donde la supervivencia física está poco amenazada, la libertad puede ser muy útil.

Hay un medico sueco, Hans Rosling, que dice que cuando llegó la lavadora en su casa, su madre metía ropa sucia en la lavadora y después su madre podía tener cuentos infantiles para explicarle cuentos, y un libro para saber ingles para trabajar mejor, y una novela… en vez de frota que te frota. Entre tener lavadora y no tenerla, cómo cambia la subjetividad.  La libertad es útil si hay seguridad material y también si hay posibilidad de acceder a la educación. Un tercera factor que hace que la libertad sea útil es la conectividad. Por ejemplo, cuando empecé a interesarme por un psicoanálisis que no fuera estrictamente pulsional pude, gracias a la conectividad, estar en conexión con grupos afines de otras partes del mundo que hizo que me fuera muy útil sentirme en un grupo que me nutriera. Mauricio Cortina tiene unas referencias bibliográficas en todo lo que escribe que es un festín nutritivo que es una autentica maravilla. La libertad de poder leer a Mauricio, en lugar de a los autores locales, no tendría ninguna utilidad si no existiera internet para poder acceder a sus escritos. Para que el valor libertad sea útil hay que tener unas seguridad material, acceso a la formación y conectividad, que en determinados sectores del mundo no existen y en determinadas épocas históricas no ha habido.

Hacia un ensanchamiento de la subjetividad humana

Miguel: Japón es una sociedad que está en la punta de modernización del capitalismo americano, que rompió mucho la estructura valorativa. Japón es una estructura profundamente de honor, que con la guerra mundial se destroza profundamente esa estructura y eso hace que veamos cosas que no vemos en otro países, primero las mujeres que no quieren casarse y luego los jóvenes que no quieren tener sexo por la competencia económica. Es más importante competir económicamente que tener una vida de pareja y familia y reproducirse y eso es por la presión de la sociedad. 

Ramón: lo poco que se de la Encuesta Mundial de valores es una forma sencilla de medir el grado de encorsetamiento de las culturas, es decir de no libertad e intolerancia a lo que es distinto, se puede estudiar en las encuestas en lo que llaman las normas pro-fertilidad y las normas pro-libertad de elección. ¿Está usted de acuerdo con la fertilidad o no?  ¿Con el divorcio, o no, con la homosexualidad o no? ¿Con este abanico de múltiples posibilidades en la identidad sexual es un signo de decadencia o de libertad?. Ahí se ve muy claramente. Me fascina que ellos exploran cómo está este sistema, y a partir de eso anticipan hasta que punto estará consolidada o no la democracia de ese país. Yo diría que esto es lo que está detrás de esta mayor riqueza en la subjetividad de genero en el individuo. Cuanto soy mas libre de ser quien soy independientemente de lo que tu esperas de lo que yo sea, va aumentando la amplitud de este abanico. Yo lo vería como un ensanchamiento en la subjetividad humana. 


Ramón Riera i Alibes

Es médico Psiquiatra, Psicoanalista y Psicoterapeuta. Es Co-Fundador y Presidente de Honor de la IARPP en España y ha sido Presidente de la Asociación Internacional para la Psicoterapia y el Psicoanálisis Relacional. Es autor de “La Herencia Emocional” y “La fascinación del psicoanálisis clásico por las fuerzas obscuras”. Entre otros libros especializados en la materia.


Miguel Basáñez Ebergenyi

Licenciado en Derecho, UNAM (1965-1969) / Maestría en Administración Pública, Universidad de Warwick, Inglaterra (1973-74) / Maestría en Filosofía Política, Universidad de Londres (LSE), Inglaterra (1978-80: grado 1982) / PhD, Sociología Política, Universidad de Londres (LSE), Inglaterra (grado 1991).

CARGOS HONORÍFICOS EN JUNTAS DE GOBIERNO, CONSEJOS Y ASOCIACIONES: WAPOR (World Association for Public Opinion Research), representante en México (1989-95) / Editorial Siglo XXI, consejero (1992 a la fecha) / WAPOR (World Association for Public Opinion Research), Presidente (1999-2000) / Encuesta Mundial de Valores, miembro del Comité de Metodología (2003 – 2008) .

LIBROS: La Lucha por la Hegemonía en México, 1968-1980, Siglo XXI, 1981, 12a edición / El Pulso de los Sexenios: 20 Años de Crisis en México, (Siglo XXI), 4ª edición 1990 / Human Values and Beliefs: A Cross-cultural Sourcebook con R. Inglehart y A. Moreno, U. de Michigan, 1998 / Un Mundo de Tres Culturas Siglo XIX Editores 2016.

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