“Luz a los poetas para que no anden malgastando letras…”

Marcial Alejandro

Hace poco cayó en mis manos, con la premisa de lectura urgente, un libro de Cristina Rivera Garza, escritora mexicana radicada en Estados Unidos,  El invencible verano de Liliana, (Literatura Random House, 2021). Una obra entre el reportaje, la biografía, las memorias personales, género híbrido e inclasificable, que narra, en voz de Liliana, y de quienes la conocieron y convivieron con ella, la última etapa de su vida. Liliana, a sus veinte años, fue víctima de feminicidio a manos de su exnovio. La lectura de El invencible verano de Liliana, recomendado por Ethel Krauze, escritora y maestra, fue una hermosa y dolorosa sorpresa en estos días en que la palabra feminicidio anda en boga, desgraciadamente. La realidad nos supera: más de diez mujeres al día mueren asesinadas por ser mujeres.

Recibí la honrosa invitación a participar en Praxis y el tema sugerido era “Canción mexicana y poesía”. Fue en esos momentos en que cayó en mis manos el libro de Rivera Garza y tuve un “shock crítico” con el tema de mi artículo y la lectura de este libro. No  era posible hablar de los contenidos de la canción tradicional y dejar de un lado lo que había leído y me había impresionado tanto. Las letras de las canciones populares describen el comportamiento que se espera de la mujer frente al amado y al hecho amoroso. 

¿Cómo marca el destino de las mujeres las letras de las canciones populares? Para este artículo analizo dos canciones-poemas de autores consagrados en la lírica popular: Perfidia (escrita en 1939)por Alberto Domínguez (1906-1975) y Dondequiera (2005) de Consuelo Velázquez(1916-2005).  El libro es de Cristina Rivera Garza (1964- ), El invencible verano de Liliana (2020) y mi elemento provocador es la canción Luz de Marcial Alejandro (que tuvo su lanzamiento en 1998). El Diccionario de Retórica y Poética de Helena Beristáin es el referente para el concepto de poesía lírica.

Marcial Alejandro

La música y la poesía han estado unidas desde el comienzo de la historia de la humanidad. La poesía tiene la palabra, la música el sonido. Las dos contienen significados por sí mismas y unidas adquieren una fuerza extraordinaria. En la Grecia antigua había tres formas poéticas:  lírica, dramática (teatro) y épica (narrativa). La lírica se llamaba así por ser poesía cantada, acompañada de una lira. Actualmente, llamamos poesía a la forma griega de la lírica. 

El poema, además de expresar los sentimientos y el estado de ánimo del poeta, expone su punto de vista subjetivo acerca del mundo y los grandes temas humanos: el amor, la muerte, la vida, el deseo, la tristeza, el gozo, etc. El poeta debe poseer una intención y su discurso será aceptado como literatura por los lectores contemporáneos o de épocas subsecuentes. Entonces, el discurso será llamado poético.

En el poema se descubren procesos sociales, tendencias culturales, rasgos socio ideológicos que el poeta vierte a su propio lenguaje, elaborándolo artificiosamente con el ritmo, la rima, las metáforas, el verso. Aunque la poesía lírica presenta una verdad personal e individual, es el reflejo de lenguajes sociales que se expresan en la voz subjetiva del poeta.

Consuelo Velázquez

La poética del cancionero tradicional de México no está separada de los últimos vestigios de la poesía romántica y del modernismo, movimientos literarios fundacionales para el nacimiento de la nuestra literatura, que en el siglo XX alcanza grandes esplendores. El cancionero del siglo XX no está alejado de la visión romántica del amor y de la construcción de la “femineidad” del siglo XIX.

En una de sus últimas canciones, ya bien entrado el siglo XXI, Consuelo Velázquez le concede al amor una largueza de tiempo y escribe:


Donde quiera que te encuentres, mi bien,
por tan lejos que estés, te digo,
estaré siempre contigo
como la primera vez


El destino lo ha querido, hay una separación pero no será posible reconstruir la relación:


Si esto tuvo que pasar
por razones del destino
pero al cabo mi camino
tu camino habrá de ser


La compositora-poeta no utiliza un género neutro, habla en femenino:


No pude anoche dormir
pensando en ti
y segura estoy que tú
también estabas llorando


Para ella no hay duda que el hombre amado llorará por ella en algún lejano lugar.


Alberto Domínguez

En Perfidia, de Alberto Domínguez, el hombre canta su dolor ante la lejanía de la mujer:


Nadie
comprende lo que sufro yo.
Canto,
pues ya no puedo sollozar,
solo
temblando de ansiedad estoy
todos
me miran y se van


El hombre sufre el abandono amoroso y pone como testigo al mismo Dios:


Mujer
si puedes tú con Dios hablar
pregúntale si yo alguna vez
te he dejado de adorar


Según el Diccionario de la Real Academia perfidia es deslealtad, traición o quebrantamiento de la fe debida. Y el poeta-compositor no duda en calificar el abandono de la mujer como una cruel traición:


Al mar
espejo de mi corazón
las veces que me ha visto llorar
la perfidia de tu amor.


En la letra de Consuelo Velázquez, la mujer no duda por un momento de la fidelidad del amado:


Donde quiera que te encuentres, mi bien,
por tan lejos que estés, te digo,
estaré siempre contigo
como la primera vez


Domínguez imagina que la mujer no anda precisamente llorando por él, por algo es pérfida:


Y tú
quien sabe por donde andarás
quien sabe que aventura tendrás
que lejos estás de mí


Estos ejemplos, nos hablan, en Dondequiera, de una mujer que no puede (debe) olvidar, por mas que el destino los haya separado, al amado ausente; y en Perfidia, la voz del hombre que no es capaz de dejar libre a la mujer amada, su perfidia consiste en decidir sobre su vida.

La suerte está echada. Las tablas de la Ley con música, así es más fácil aprenderlas.

Cristina Rivera Garza se “atreve” a literaturizar, treinta años después, la historia de su propia hermana, ocurrida en el tiempo en que el feminicidio no existía como término judicial, en el que “seguramente la mujer andaba en malos pasos, provocando la ira de su hombre”; era una pérfida que lo traicionaba y con su asesinato, cumplía la profecía de Dondequiera:

Donde quiera que me encuentre
también estarás conmigo

La muerte de Liliana a manos de su exnovio despechado (ella había elegido hacer una maestría en Londres, ¡oh, pérfida!) demostraba el gran amor que el hombre profesó a Liliana. Ella y los demás tendrían que recordarlo siempre:

y habrá siempre un motivo
que te recuerde mi amor

Por eso su muerte, por eso su vida truncada, por eso el dolor de su familia durante treinta años guardando sus diarios y escritos en lo alto de un clóset. Por eso la mano escribe y, a través de lo que Liliana piensa, siente y desea; de los que sus amigos y personas que la conocen de cerca recuerdan, la autora nos describe una mujer que está en camino de ser libre de ataduras. Sin embargo, Liliana es víctima de palabrotas, de espionaje, de  golpes, y sólo se tiene a ella misma para defenderse. Es natural que un hombre posea a una mujer y ella esté indefensa:

Para qué quiero otros besos
si tus labios no me quieren ya besar

y en esa posesión del objeto amado (ni siquiera considerada como un ser humano, con derecho a elegir cómo quiere vivir), habrá que matarla. Si no es de él, no será de nadie. El destino está más que cantado.

El invencible verano de Liliana es un texto valiente que nos invita a escuchar la voz de la víctima, algo a lo que todavía no estamos acostumbrados. ¿Quiénes son ellas?, ¿qué piensan?, ¿qué desean?, ¿intentaron liberarse? En México son muchas las asesinadas y, aún cuando ya el feminicidio está tipificado como un delito grave, sigue ocurriendo. Las mujeres no hablan de sus victimarios. Las mujeres aguantan solas la violencia. Las mujeres mueren asfixiadas, acuchilladas, balaceadas, despellejadas. El silencio rodea su tragedia. Los victimarios creen que la pérfida, con su rechazo, la única manera de poseerlas es con el cuchillo, con la soga, con el disparo mortal.

El invencible verano de Liliana es una lectura obligada. Cristina Rivera Garza, en el libro de ensayos Los muertos indóciles. Necroescrituras y desapropiación, lanza una pregunta que lo mismo les va a los poetas, a los “cantautores”, a todo aquel que esgrime la pluma: “¿estás contra el estado de las cosas pero sigues escribiendo como si en la página no pasara nada?”. Habrá que escribir con conciencia y encontrar un discurso que  obligue a repensar el amor romántico como entrega absoluta y eterna de la mujer a los deseos del hombre.

Por cierto, el asesino de Liliana, como muchos otros, no ha sido detenido ni juzgado, tiene 30 años prófugo.

Marcial Alejandro dice en Luz:

“Luz a los poetas
para que no anden malgastando letras,
luz es lo que falta,
aclarar la tinta que los mancha…

Entrados en el siglo XXI todavía cantamos a viva voz las letras que nos enseñan cómo debe ser el amor. Cambiemos el discurso de la mujer como el objeto poseído, acabemos con la obligada venganza cuando ellas deciden abandonar la relación que nos les gusta y tienen el deseo de vivir su propia vida.

Marcial Alejandro termina su poema-canción con estos versos:

“…escribir a oscuras como ciegos
cuando punza la verdad,
escribir locuras con sosiego,
simple la dificultad”

El amor debe cambiar de discurso.
Ni una asesinada más.
Simple la dificultad….


Bibliografía

Beristáin H. (2010) Diccionario de retórica y poética. México: Editorial Porrúa

Rivera G. (2021) El invencible verano de Liliana. México: Penguin Random House (Literatura)

Rivera G. (2019) Los muertos indóciles. Necroescrituras y desapropiación. México: Penguin Random House

Sociedad de Autores y Compositores de México, http://www.sacm.org.mx

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Poeta y narradora Diplomada en la Escuela de Escritores de la SOGEM, participó en los Talleres de Poesía con Enriqueta Ochoa y Creación Literaria con Ethel Krauze. Con Kyra Galván estudió Poesía y Narrativa. Ha publicado en revistas como La Pluma del Ganso, Cronopio y el extinto periódico El Nacional. Con la Editorial Benma, ha publicado relato en 14 de sus antologías y fue jurado en el concurso internacional que la Editorial Benma lanzó con el tema de La Inmigración en 2017. En 2020, el poemario Fuego a tres voces recibió la distinción de la 3ª edición de Coyoacán en tus Letras. La cuarta entrega de la Antología de Escritoras Mexicanas elige, por concurso, su cuento Ojos de Muerto. Coordinadora de Talleres Literarios por el INBA; Licenciada en Español por la Normal Superior FEP, con estudios en Letras Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y actualmente alumna de Creación Literaria en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Música Clavecinista y pianista formada en el Conservatorio Nacional de Música y pedagogía musical en el Conservatorio Franz Liszt de Hungría. Como Mezzosoprano, cantó en el Coro del Conservatorio Nacional de Música y fue clavecinista de la Orquesta de Cámara del mismo Conservatorio. En el bajo continuo, tocó con las orquestas Filarmónica de la Ciudad, Filarmónica de la UNAM, Orquesta de las Américas. Dio recitales de clavecín y de música de cámara en Escuelas y Facultades de la UNAM, en la hoy Facultad de Música, en el Colegio de Michoacán, en el Museo del Templo Mayor en la Ciudad de México; participó en los Conciertos Callejeros de Clavecín en la Ciudad de México y en Querétaro. Estudió Cultura de la Baja Edad Media, Música Antigua y Canto Gregoriano en España. Actualmente es pianista y clavecinista de la Camerata San Ángel.

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