“Bolero, identidad, emoción y poesía hecho canción”, expediente presentado por Cuba y México en el 18 Comité de Patrimonio Cultural Inmaterial, Botsuana, 2023 , donde fue aprobada su inclusión en la Lista del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Indiscutible logro para la cultura de ambas naciones, compromiso colegiado en la salvaguardia de esta manifestación musical que tuvo su cuna en la isla caribeña y su madrina de confirmación en tierra mexicana.
Desde la segunda mitad del siglo diecinueve se comenzó a fraguar en la región oriental de Cuba un género con una especial rítmica dada por un acompañamiento de guitarras y percusión con un compás de 4/4 que creaba una cadencia alentadora a la emotividad y al intimismo. A finales de esta centuria llega a La Habana, donde existía un ambiente musical marcado por el propio desarrollo de la vida social capitalina, la existencia de locales como clubes, bares, cantinas y sociedades de recreo, que propiciaban la presentación de artista populares, juglares o trovadores acompañados con guitarra, pianos o agrupaciones de pequeño formato.
Las dos primeras décadas del siglo veinte testifican el florecimiento del danzón; el son, otro género musical irradiado a Latinoamérica y del bolero. No sólo los espacios de presentación ya mencionados sirvieron de contexto promocional al bolero. Los teatros, la profesionalización de artistas y compositores que adquieren renombre en el quehacer musical del país, el surgimiento de la radio en 1922 y de la televisión, en la década de 1950, crearon un ambiente favorecedor hacia una evolución constructiva del gusto colectivo hacia este género nutrido de las experiencias emocionales de la triada formada por compositor, interprete y público.

El auge de disqueras importantes, el cine nacional y el de habla hispana, la existencia de cabarets como Tropicana, Montmartre, Sans Souci, Salón Rojo, Parisién, Ali-Bar, fueron canales para la difusión del bolero y en especial, de sus intérpretes. Hay que tener en cuenta, las oportunidades que brindó México en la difusión, al acoger a muchos artistas cultivadores del bolero y fomentar sus carreras al facilitar presentaciones en circuitos de teatros, centros nocturnos y en la industria cinematográfica, también en la inclusión, en sus repertorios, de composiciones de destacados autores mexicanos del género.
¿Por qué el bolero es un hecho identitario en el panorama musical cubano? ¿Qué factores influyen en la aceptación popular como música para escuchar y bailar? ¿Cuáles son los elementos distintivos que hacen del bolero un género único y diverso a la vez? En todas las respuestas hay un factor común: la poética del sentimiento que mueve resortes de emotividad en el proceso creativo composición- interpretación.
Para comprender la poética del bolero hay que partir de las fuentes de inspiración tan variadas y de la diversidad de sentimientos o situaciones emocionales a las que nos enfrentamos en la vida: amor, desamor, dolor por la partida de seres queridos, traición, amistad, angustia, nostalgia, mujer musa, celos, el paisaje, desigualdades sociales, en fin, toda una gama situacional como es la vida en sí.
La poética estructura una narrativa condicionada por discursos o problemáticas sociales, El machismo no fue ajeno a ello, muchas letras de boleros de la década de los años 40, 50 y 60 del pasado siglo, se construyen focalizadas desde el punto de vista masculino, la mujer es entonces ente de belleza, receptora de elogios e inspiradora de pasiones. Esta visión responde al comportamiento de una sociedad donde la mujer es discriminada y sus derechos no son tenidos en cuenta. Algunas de esas composiciones llegaron a presentar ciertos esquemas de violencia.
Cuando en 1959 Cuba inicia un nuevo proyecto social, entroniza a la mujer en una lucha por eliminar discriminaciones y desigualdades. Este hecho se refleja en la conceptualidad textual de los nuevos boleros. La mujer sigue siendo un eje temático de prioridad, vista no como objeto de belleza y deseo desde el centrismo masculino, sino ahora, en la óptica de compañera de vida, bella y deseable. Este cambio provoca una reorientación de la poética del sentimiento enriquecida, en lo adelante, con la visión femenina compositiva e interpretativa de mujeres que escogen al bolero como vía expresiva de creación musical.
En el plano literario, para lograr una motivación sentimental, se emplea un lenguaje tropológico con abundante adjetivación, uso de símiles, hipérbaton y metáforas que enriquecen el lenguaje figurado y hacen de esta composición una obra que invita a reflexionar de manera participativa. Escuchar un bolero es establecer automáticamente una conexión con lo íntimo de cada persona, con experiencias emotivas que llevan a la comparación creándose una relación de complicidad memorable entre el emisor y el receptor.
Este clímax se logra no sólo por la temática y las características morfológicas del bolero como composición musical en sí, sino, por la narrativa que encierra, Casi siempre son escenas con la lógica de la introducción, el desarrollo y la coda, aspectos que enfatizan la identidad popular del público consumidor, historias portadoras del sabor de la vida cotidiana y de la experiencia personal o allegada.
El poder de renovación del bolero ha garantizado su supervivencia durante más de un siglo. Amplió su formato de guitarra y percusión inicial, a conjuntos soneros, orquestas charangas, jazz band, combos y al mundo sinfónico, facilitando contemporaneidad en la sonoridad. Esta tendencia a la actualización sonora se incrementa con la capacidad de integración mostrada por este género al fusionarse con el son, mambo, cha cha chá, guaguancó, ranchera, danzón y la música tradicional española.
El proceso de renovación y fusión trajo aparejado una estética sin variar en esencia su poética sentimental, fortaleció la relación emocional del proceso creador y el público que recibe con aires renovados y sonoridad atemperada a nuevos tiempos las composiciones. Estas razones hacen del bolero algo único y diverso. Único en su base temática y diverso en la amplitud que posibilita la fusión con otros géneros musicales, de ahí su universalidad.
Es incuestionable que el bolero es un género musical de profundo arraigo popular, porque ha manifestado siempre una poética muy ligada al sentimiento, a las aspiraciones, a los sueños de hombres y mujeres defensores del amor. El bolero es esperanza en la transformación humana. También ha sido una vía de manifestar dolor ante acciones humanas reprochables como la traición y el engaño o por la pérdida de seres queridos. Sentir conmovida el alma ante una melodía, nos convoca a pensar. Es una invitación que nos hace el bolero a ser mejores seres humanos.