La más relevante obra de Fidel Castro es la Revolución Cubana, con cuyo triunfo, logró una gran influencia en América Latina y el fin de la hegemonía del imperialismo Yankee en nuestro continente. En memorable discurso del 8 de marzo de 1959, el Comandante en Jefe aseveró: “No es una caricatura de revolución” porque es “una revolución de los humildes, con los humildes y para los humildes”; en consecuencia, en Cuba el pueblo decide, ha conquistado derechos laborales, educación de calidad, ha logrado grandes avances en el arte, la salud, el acceso gratuito a los derechos de los niños, los jóvenes y los adultos. Gracias a la revolución, el pueblo es el principal protagonista de la transformación social.
Cuba ha llevado salud a muchos pueblos del mundo a través de la “Operación Milagro”, aliviando de cataratas a millones de ciudadanos de diferentes países. Implementó en muchas naciones el Programa de Alfabetización “Yo sí puedo”, incluso en lengua creole, para enseñar a leer y escribir a los hermanos haitianos y creó el Contingente Internacional “Henry Reeve”, compuesto por brigadas médicas para brindar ayuda humanitaria de emergencia en casos de desastres naturales y pandemias como consta en varios continentes.
La solidaridad que Cuba practica con los pueblos oprimidos del mundo contrasta con la política de saqueos, agresiones, amenazas, chantajes, mentiras, invasiones y bombardeos del gobierno de Estados Unidos que, durante 67 años, ha llevado a cabo múltiples agresiones terroristas contra Cuba: la invasión a Playa Girón, la siembra de epidemias como el dengue hemorrágico, atentados a centros turísticos, la inaudita voladura del avión de la compañía Cubana de Aviación que transportaba a los jóvenes integrantes del equipo de esgrima que había obtenido medallas en las competencias celebradas en Venezuela.
La frustración y la rabia del imperio por haber perdido un bastión y la oportunidad de convertir a Cuba en “Las Vegas del Caribe”, provocaron que Lester D. Mallory, Vicesecretario de Estado de Kennedy, el 6 de abril de 1960, en un memorándum secreto, sentenciara: “La mayoría de los cubanos apoya a Castro… El único modo previsible de restarle apoyo interno es mediante el desencanto y la insatisfacción… reducir sus recursos financieros y los salarios reales, provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno”.
Esas son las malévolas intenciones del bloqueo económico decretado por Kennedy desde el 3 de febrero de 1964, hace 64 años, reforzado y ampliado con la Ley Torricelli y la Ley Helms-Burton, que ha causado mucho daño al pueblo cubano; tan sólo en el año de 2023 a 2024 provocó pérdidas por 5 mil millones de dólares, y de 2024 a 2025 por 7 mil millones de dólares, ocasionando perjuicios en la salud, la educación, el arte, el deporte y en todos los niveles de la sociedad, convirtiéndose en el primer obstáculo para el desarrollo de la isla; máxime cuando ha adquirido un carácter extraterritorial.
Por tales razones, rechazamos enérgicamente que, en sus delirios supremacistas, y presa de sus angustiosos esfuerzos por recuperar la hegemonía mundial, el Presidente Trump haya expedido la drástica Orden Ejecutiva, -basada en la falacia de que Cuba es una amenaza para Estados Unidos-, que pretende, a través del chantaje y la coerción, presionar a otros países con el cobro de aranceles para que se sumen al despiadado bloqueo, suspendiendo la venta de petróleo, a fin de profundizar su crisis energética y aumentar su sufrimiento, con la esperanza de que se derrumbe el socialismo en Cuba; tal medida, unilateral y extraterritorial, es una grave violación del Derecho Internacional, una seria amenaza a la libertad de comercio, a la libre navegación, a la autodeterminación y un criminal intento por aislar, asfixiar y subordinar a un pueblo que ha decidido construir su destino con soberanía e independencia.
Reprobamos las concepciones retrógadas y supremacistas contenidas en la “Doctrina Monroe” -América para los americanos- y del “Destino Manifiesto” que supone que Estados Unidos tiene el mandato divino para imponer la libertad y la democracia en América Latina de manera inexorable. Concepciones que terminaron arrebatándonos más de la mitad de nuestro territorio en 1847 y por colonizar a Cuba y a Puerto Rico en 1898.
Por esas razones urge la unidad de Nuestra América; como decía Martí: “para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento y la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”.
Unámonos todos lo pueblos y países en ayuda solidaria a Cuba y derrumbemos el brutal bloqueo que desde hace 67 años resiste con decoro y dignidad el heroico pueblo de Martí y de Fidel.
¡Viva la unidad latinoamericana y caribeña!
¡Abajo el bloqueo!
¡Viva Cuba Socialista!
