CIUDAD DE MÉXICO. — A los 92 años de edad, falleció el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, indiscutible referente de la izquierda contemporánea y pieza clave para comprender el tránsito de México hacia la pluralidad política del siglo XXI. Su partida no solo despide a uno de los líderes más influyentes de la vida pública nacional, sino que cierra un capítulo fundamental en la construcción del México institucional.
Hijo del expresidente Lázaro Cárdenas del Río, Cuauhtémoc Cárdenas forjó un camino propio en el espectro político. Tras desempeñarse como senador y gobernador de Michoacán por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), su figura adquirió un peso histórico definitivo a finales de la década de 1980 al encabezar la Corriente Democrática. Aquel movimiento cuestionó de fondo las prácticas verticalistas y la tradición del “dedazo” en la selección presidencial, culminando en la ruptura histórica con el partido hegemónico.
La contienda de 1988 y la refundación de la izquierda
El hito que reconfiguró la geopolítica mexicana ocurrió en 1988. Al frente del Frente Democrático Nacional (FDN), Cárdenas protagonizó la contienda presidencial más ríspida del México moderno. Marcada por la recordada “caída del sistema” en el conteo oficial de votos, aquella jornada no solo consagró su liderazgo popular, sino que catalizó una exigencia colectiva de transparencia electoral.
Apenas un año después, en 1989, Cárdenas articularía las diversas fuerzas progresistas del país para fundar el Partido de la Revolución Democrática (PRD), fuerza política desde la cual impulsó la agenda de la izquierda social e institucional. En 1997 hizo historia al convertirse en el primer Jefe de Gobierno de la Ciudad de México electo por voto popular, abriendo las puertas a la alternancia en la capital del país.
“Cuauhtémoc Cárdenas fue un personaje extraordinario sin el que no se entendería la democracia mexicana.”
El legado de un estadista democrático
A lo largo de tres candidaturas presidenciales (1988, 1994 y 2000), el ingeniero Cárdenas apostó siempre por la vía institucional y pacífica como el único cauce legítimo para la transformación política del país. Su postura congruente y su defensa irrenunciable de la soberanía nacional, la justicia social y el diálogo democrático le valieron el respeto de aliados y adversarios de todos los horizontes ideológicos.
Diversas personalidades del ámbito político e institucional han expresado sus condolencias, reconociendo en él a un estadista que prefirió la construcción de instituciones democráticas antes que la confrontación estéril.
La partida de Cuauhtémoc Cárdenas deja un vacío insustituible, pero también un legado imperecedero: la certeza de que la democracia en México fue una conquista ciudadana construida con tenacidad, principios y convicción histórica.