UNO

Enero me halló desolado y a mi madre
postrada en una cama de hospital,
seguida por un viento, mezcla de dolor y veneno,
en un sueño prolongándose por muchas horas,
hasta hallar en nosotros angustia y más angustia. 

Enero es la desolación más grande hasta hoy en día:
abismo y negrura bajo mis pies.
Mi madre atrapada por la enfermedad múltiple.
Cerebro y corazón y pulmones golpeados.
Vista renuente a la luz ante la presencia
de sus hijos, en esta clínica sombría.
Sólo imágenes de un dormir interminable.
Manos sujetas por lazos invisibles.

Hoy invernar aquí es morir por una herida profunda.
Un filo en el abdomen, una ola de fuego en el pecho,
una bofetada en la mejilla en plena vigilia.
Sin poder sanar ante esta zozobra que se alarga.

DOS

Al entrar a casa, no veo el sofá donde antes descansaba,
ni la silla con la que recorría sus sitios predilectos,
ni el concentrador de oxígeno en el que bebía aire.
Sólo flores que han venido a dejarle los amigos,
y asientos de conocidos que encienden velas en su altar.

Este olor a tumba ofrece una sensación de vacío
en el claro del sitio donde antes percibía el mundo.
El ruido del ventilador, su retrato que me mira llorar:
el vestido azul nocturno con alas amarillas,
el rostro de cuando sonreía y opinaba,
quizá para darle orden al destino alrededor nuestro;
frente surcada por todo lo vivido,
ojos de mirada sensible, labios de palabra mustia,
gesto asomado en el matiz de la noche en ciernes.

La puerta y la ventana sutilmente abiertas.
Hace apenas unos días me pedía que acercara su silla
a la claridad de la calle. Desde ahí miraba siempre
cómo pasa la vida sin distraerse y nos lleva a todos
con ella en el vagón sin retorno.

TRES

Su vida ahora es un invento
de la pluma en mi mano,
esta mano que ella me dio
al igual que mi cuerpo,
al ofrecerme a la luz.
Su vida, su historia personal.
Sus actos, sus ideas,
las suyas y las de quienes más aprendió.

CUATRO

Un día me dijo:
“No me olvides”, es decir,
no dejen de nombrarme
tus labios junto a mi escucha;
quiero vivir en la bondad de la sombra;
fija signos decentes de mi existencia
en páginas dignas de tu cuaderno.

CINCO

No creo en supersticiones,
ni en cábalas,
ni en ocultismos,
pero yo siempre platico
con mis allegados
que ya se hallan en mejor lugar.

Sé que mi madre ya ha abandonado este escenario.
Lo sé tan bien que no la encuentro
en ningún sitio de la vida diaria.
Me resta hablar con el silencio
sobre lo que ella fue en sí misma
y en su cercanía con sus renuevos madurados.
Me resta hablar de lo que recuerdo
al escribir este poema.

SEIS

Todo es vida
˗la carne, la tierra, el metal˗
por la utopía poética.

Todo es muerte
˗la sangre, los huesos, la piel˗
por la ponzoña de la existencia.

El agua fluye y ahoga,
el fuego sopla y arrasa,
el aire juega y golpea,
la tierra soporta el pie,
lo mismo atrae y hunde
en su seno a los cuerpos.

Mi madre vivió a contracorriente.
Los pies en consonancia con el habla.
La rutina suspendida por el anhelo.
El trabajo sin tregua complaciente.
Devoción en donde hubo poca ternura.
En vela ante el dormir de los suyos.

Su entereza interrumpió la miseria.
Las alegrías en sus manos desearon
ser realidad: regocijo en el hambre.

Una familia, una vivienda, una alcoba.
Un refugio a partir de las ruinas
que halló en el origen de su persona.
Esa casa acechada por la oscuridad
finalmente ganó la luz en el reino de la imaginación.

Tlapehuala, Guerrero.
13 de enero de 2023.     

_____

*Fragmento del libro No me olvides, escrito en memoria de mi madre, la señora María Pérez Núñez, fallecida el 13 de enero de 2022.

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(Tlapehuala, Guerrero, México, 1964). Estudió artes plásticas en el Instituto Regional de Bellas Artes de Cuernavaca, y escritura creativa en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura. Ha obtenido algunos reconocimientos por su obra poética, narrativa y pictórica. Es autor de los libros Tiempo funeral (Juan Pablos Editor, 2015) y Bella estirpe, o Los ríos de la sed (Diablura Ediciones, 2017). Actualmente radica en la ciudad de Morelia, Michoacán de Ocampo.

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