El nombre de Orizaba proviene del náhuatl Ahuilazapan (“río de alegría” o “de las aguas alegres”, como se nombraba la población indígena que allí existía. En 1475 el lugar fue ocupado por las tropas expedicionarias del rey Axayácatl, sexto rey mexica.
Hernán Cortés pasó por ese sitio en 1520, y al año siguiente Gonzalo de Sandoval conquistó la región. En 1525, Cortés permitió que se estableciera allí un mesón para el paso de los viajeros en su ruta México-Veracruz. El primer virrey de la Nueva España, don Antonio de Mendoza, fundó cerca de allí en Ostotipan, hoy Nogales, uno de los primeros ingenios azucareros del país.
Cuenta con un clima templado y algo lluvioso por la proximidad del Pico de Orizaba. Algunos de sus habitantes bautizaron a la población como “la ¨pluviosilla”; pero por su cultura, también fue llamada en su tiempo “la Atenas veracruzana”, título que hoy ostenta Xalapa. Sus puras y límpidas aguas han favorecido la construcción de varios balnearios cercanos a la ciudad. También es notable un lago en el cráter de un antiguo volcán. En algunos pueblos indígenas cercanos llega a tal punto la pureza del agua, que, por falta de las necesarias sales minerales, se llegaba a la hipertrofia de la glándula tiroides, luciendo antiguamente los indios unas gargantas gigantescas y deformes, que llamaban “bocio”.
Llama la atención el que fuera su Palacio Municipal, un palacio de hierro, situado frente a la parroquia. Es una construcción única en su género en México, porque fue levantado con columnas de hierro y placas del mismo material, traído traídas de Inglaterra en el siglo XIX, y armado en la localidad. El ex-presidente de la República, Lic. Miguel Alemán, ordenó su remozamiento por 1950. Su estilo arquitectónico, corredores y galerías, tejados y remates, lo hacen lucir como una incrustación exótica, pero muy hermosa, dentro de la ciudad colonial.
Según una Guía Turística, además de la parroquia, edificio monumental, son dignas de visitarse las iglesias de San José de Gracia, antigua iglesia y convento franciscano; el convento como tal no existe ya, y en su edificio se albergan hoy multitud de viviendas. Pero desde el puente sobre el río que cruza la ciudad, se puede apreciar en toda su magnitud la imponente construcción, que aun conserva sus muros y contrafuertes. La enorme iglesia está ornamentada con antiguos cuadros y retratos de la Orden Franciscana. Se admira también el Calvario, templo construido por el famoso arquitecto don Manuel Tolsá; la iglesia del Carmen; la Concordia, de hermosa fachada barroca, y el templo de San Juan de Dios. Bajo las naves de esta última iglesia, se dice, yacen los restos de Catalina de Erazo o Erauzo, (la “monja alférez”), que terminó como arriero su extraña y azarosa vida de duelos “a capa y espada”, y que murió al llevar una conducta de México a Veracruz a su paso por Orizaba. Sin embargo, la iglesia, que se halla modernizada y redecorada, no muestra ninguna placa que indique la verdad de esta leyenda.
Orizaba tiene un fuerte sabor provinciano y de costumbres españolas, aunque gran parte de sus habitantes, sobre todo los comerciantes principales, son de origen libanés. Los grandes mercados ofrecen un sinnúmero de frutas y verduras de la región, y el famoso “pan de burro”, llamado así porque las tortas de pan eran acarreadas por burros desde las poblaciones circunvecinas. Pero en las panaderías de los españoles se consiguen los bolillos, las teleras, los antiguos pambazos y tornillos, el exquisito pan de dulce y otros antojos.
Después de haber visitado sitios tan hermosos de mi tierra veracruzana, no cabe lugar a dudas del dicho popular: “sólo Veracruz es bello”.
