(Del libro “Residencia en México, 1826”, George F. Lyon).
Hay tres iglesias en Xalapa, la de San Francisco, con su monasterio, fue una de las primeras erigidas después de la Conquista, como lo menciona una inscripción de don Luis de Alasco en 1556. Se encuentra ahora derrumbándose; hay una gran grieta en el techo y no se le ha hecho ningún esfuerzo para evitar que se extienda aún más. El edificio en sí es interesante, y resulta notable el antiguo tallado en algunos de los altares, particularmente en las figuras de la Virgen y de algún santo vestido por completo a la usanza española de tiempos de la Conquista. No quedan ya mas que tres frailes de los francisanos mendicantes pertenecientes al monasterio, y al parecer, su número no crecerá con rapidez, dado el estado de las cosas en este tiempo.
Tuve la fortuna de relacionarme con uno de estos padres (un hombre valioso e inteligente), que había viajado por la mayor parte de México; estaba muy compenetrado con las peculiaridades de sus habitantes, y bien versado en la historia de la revolución, particularmente en la de Iturbide, de quien fue por algunos años su capellán. El padre era autodidacta, bastante ilustrado, y sobre todo, autor de varios panfletos; me dio copia de los dos últimos, que trataban de asuntos muy diferentes. Uno era: Manifiesto sobre la inutilidad de los provinciales de las órdenes religiosas en esta América; el otro, Explicación campesina sobre la cría y manejo de los caballos. Contra los principios de esta Orden, el padre poseía una rica hacienda, y era muy cuidadoso en la selección de sus caballos, de los que vi algunos hermosos ejemplares. El nombre y título de mi amigo era El R.P.P. Fr. Juan Bustillo de Mier Cuautemoczin, Fraile de la Orden de San Francisco.

La Parroquia, que se alza a un costado de la plaza del mercado, puede considerarse como la iglesia principal; y la simplicidad de su ornamentación interior y de su arquitectura es muy notable. Está construida con naves de arcos bajos, y es también uno de los primeros edificios del país. Entré en ella un día de ayuno, cuando se hallaba muy llena de gente muy respetuosa; en la puerta se había instalado una especie de vendedor religioso, que vendía con mucho éxito pequeños y vistosos rosarios y crucifijos, y pequeños trozos de cera bendita.

San José es la tercera iglesia; hay otras dos capillas: una, la de El Calvario, y otra, la de Santiago. Además de esos establecimientos regulares, hay dos casas religiosas: “El Beaterio”, un colegio para señoritas, donde a las jóvenes les está permitido casarse, y “San Ygnacio”, que está ahora construyéndose como casa de penitencia para ambos sexos, en establecimientos separados. Su admisión y salida son voluntarias, pero se reciben sólo con una recomendación de los sacerdotes, quienes cobran una cuota por el permiso.
Recientemente se ha construido una escuela lancasteriana para 220 niños varones, y hay otras dos escuelas para varones bajo el plan del país, cada una con cupo para 100, bajo la protección del Ayuntamiento. No hay más que una escuela para niñas. Se espera que la educación avance rápidamente en el Estado, porque el Congreso ha ofrecido un salario de 2,500 dólares por un maestro en la escuela de Xalapa, y 3,000 dólares por uno en Vera Cruz; y se ha emitido una orden general, de que cada ciudad del Estado debe establecer una escuela lancasteriana, cuyo maestro lo pagará el Municipio. Hay también la idea de instituir un salón de lectura y biblioteca de subscripción en Xalapa, siguiendo el ejemplo de Orizaba, que es tal vez la única ciudad de la República donde existe tal establecimiento; las recreaciones de naturaleza literaria aún no se hallan en boga entre las familias de aquí. Su única distracción nocturna, con excepción de los juegos de azar y la música, es desfilar en grupos por las calles, o en el lugar menos interesante cercano a Xalapa, llamado “Los Verros”, un campo bajo y húmedo, sin un solo encanto qué percibir. (Continuará)
