Carmen Julia Holguín Chaparro nació en Hidalgo del Parral, Chihuahua, México. Es Doctora en Literatura Hispanoamericana por la Universidad de Nuevo México, donde también imparte clases de literatura, cultura hispanoamericana y escritura creativa en el Departamento de Español y Portugués. Escribe cuento y poesía, ha publicado los títulos: A tu prójimo amarás (Poesía, 2008) El que tenga oídos… (Poesía, 2014), , …Y a pesar de las cicatrices (Poesía, plaquete, 2017) y Escucha (Poesía, 2020), entre otros. Además, ha trabajado como editora independiente. Su libro de cuentos más reciente es La Oviedo rifa, publicado por Arboreto ediciones en 2026 – con una edición anterior como plaquette en 2015 por Onomatopeya productions.
El título del volumen, aunque pueda parecer poco claro a primera vista, nos sitúa de lleno en el terreno y tono en los que se desarrollará la obra. Pronto sabemos que “La Oviedo” es una colonia subdesarrollada y fuera de la “civilización”, situada en los márgenes de la ciudad de Chihuahua. Además, el título incluye también el verbo “rifa”, mismo que en el lenguaje popular de los barrios en México tiene un significado muy preciso. Según el Diccionario del Español de México, “rifar” en una de sus acepciones significa: “Tener valor algo o alguien frente a los demás”; mientras que para el Diccionario de Americanismos, “rifar” o “rifarse”, en México significa: “Sobresalir, destacar en algo”, así como también: “Dominar, imperar, mandar”. De tal forma, a pesar de las dificultades que ahí se viven, La Oviedo rifa debe entenderse como una expresión de orgullo y de sentido de pertenencia a una comunidad, así como una muestra de arraigo y un sentimiento profundo de identidad. Además, es también el título del cuento con el que abre esta colección.
La estructura del libro se cimenta bajo la forma de círculos concéntricos que van desde lo que sucede en la colonia citadina y marginal, hasta lo que respecta al núcleo familiar más cercano de la narradora, como en una especie de toma cinematográfica que fuera desde la panorámica y llegara hasta el close-up. La segunda y tercera partes del libro se adentran en la narración de anécdotas y circunstancias íntimas que tienen un encanto mayor al resultar más cercanas para quien las cuenta.
La Oviedo cobra vida en las páginas de la primera parte y se puede decir también que se convierte en un personaje colectivo, que es el principal del libro. El barrio constituye un microcosmos social en el que las relaciones entre sus habitantes articulan una red de vínculos, conflictos y experiencias compartidas. Encontramos una galería de personajes variopintos que deambulan sin futuro, perdidos entre sus calles y que nos son presentados por la narradora de la siguiente manera: “La Oviedo es madre que pare cholos, pandilleros, marihuanos; semillas vanas para las que no habrá final feliz”. (p.13) Recuerdo entre ellos a “El Tiznadito”, protagonista del cuento del mismo nombre. Uno más de los loquitos de la colonia, un adicto que no pide dinero; ser anónimo, perdido entre las calles, sin familia, sin nadie a quien le importe.

La Oviedo representa también un espacio de horrores en el que germinan frutos podridos, donde actos atroces y violentos, como robos, violaciones y asesinatos, son moneda corriente, mientras sus habitantes poco a poco se acostumbran a ellos. Sin embargo, no todo resulta desilusionante en este barrio, un rayo de esperanza resplandece en historias como la del hermano de la narradora, el Chiquilín del cuento “¿Te acuerdas?”, quien logra salir del mundo de las adicciones.
En el universo comprendido entre las calles que los pobladores de La Oviedo conocen, habitan algunos seres que, escondidos en algún rincón, parecen extraños, pero que han estado ahí por siempre y simbolizan la otredad, una presencia que al ser tan antigua, no puede ser asimilada por los ojos del civilizado, tal como sucede en el cuento “Los tarahumaras de la Oviedo”. Esta forma de ver a los indígenas, sobre todo a los niños, me recordó de alguna manera la lectura del libro Cartucho de Nellie Campobello y me hizo pensar que, entre ambas narraciones existe un hilo invisible, que une el pasado y el presente, a través de las escenas de la vida en Chihuahua.
Podemos decir también que La Oviedo tiene un cuerpo y que su fisonomía cambia ante la llegada del desarrollo a este barrio marginal, sus pobladores pueden atravesar por primera vez sus avenidas en camión, como en el cuento “Otra cara”. Sin embargo, este aparente progreso no logra sacarlos de la marginación.
El hilo conductor que une las partes del libro es la voz narrativa, su punto de vista es el que predomina entre las narraciones y les da unidad; los diferentes cuentos recuerdan diversos momentos de su pasado, tomando como punto de partida su llegada a vivir a La Oviedo, cuando tenía 19 años. En este sentido, conviene notar que, dentro del realismo presente en estos textos, lo que los vuelve únicos y originales es la manera en que están contados, eso es lo que los hace absolutamente personales y cercanos. Se trata de un libro profundamente auto-ficcional en el que la escritora muestra sin tapujos algunos pasajes de su vida. La experiencia en primera persona de la autora se transmite de manera directa al lector, quien se introduce en las narraciones como si fuera él mismo quien estuviera viviendo estas experiencias, que le son narradas de manera sencilla y precisa, sin artilugios.
La Oviedo rifa es un libro escrito a nivel de calle y que así debe leerse. En sus páginas puede olerse el polvo, sentir la pobreza; la cuentista estruja la mente y las emociones del lector con escenas cruentas, que, por desgracia, en La Oviedo son terriblemente cotidianas. La violencia rosa constantemente a su familia y ella misma se acostumbra a vivir rodeada de peligros, lo que la hace sentirse afortunada al no ser alcanzada por ellos, como sucede en el cuento “Una navidad”.
La narradora también siente prejuicios respecto a quienes la rodean. Sin embargo, reconoce que se trata de personas que pueden resultar valiosas a final de cuentas. En ese sentido, hay un crecimiento visible en la voz y en la mente de quien cuenta las historias, lo que nos permite ver el lado humano de las personas del barrio a través de ella, aunque algunos sean drogadictos o se dediquen a robar. No hay una estigmatización de la pobreza ni un regodeo en la miseria en estos cuentos, las historias y los personajes están abordados en su justa dimensión, dentro de un registro realista que no evade momentos que puedan resultar entrañables a través de la nostalgia y la recuperación de un pasado vivido entre esas calles, tal como leemos en “Por el principio”, cuento que abre la segunda parte del libro: “Yo regreso a la colonia cada vez que puedo para estar con mis hermanos, mis sobrinos; con mis recuerdos, mis nostalgias y todos esos personajes que pueblan las calles de la Oviedo, los senderos de mi imaginación, las páginas de mis letras…” (p.55)
También encontramos en la segunda parte algunos momentos cotidianos e íntimos, que pertenecen más a la órbita familiar de la autora, como aquel en el que las hermanas se comen las “Sopitas de tortilla” que dan título a uno de los cuentos y que son el platillo favorito de su papá, delante de sus ojos impávidos, sin que este sea capaz de disputarles el plato de comida a sus hijas. No he tenido el gusto de probar las sopitas de tortilla, al modo que en Chihuahua las preparan, pero la anécdota muestra de manera inmejorable el modo en que las comidas caseras unen a las familias en nuestro país y se convierten en parte de su bagaje emocional y sentimental .
En la tercera y última parte, titulada “Otros cuentos”, la voz narrativa se remonta hasta el pasado de su abuela y nos presenta una historia sobrecogedora que pudo haberse verificado en cualquier estado del país y se parece a la de tantas mujeres que son tratadas como mercancía y cuya vida y destino no son decididos por ellas, esa: “…verdad cruel que no sólo tenía que ver con aquel hombre veinte años mayor que ella, quien un día la había comprado para hacerla suya a la fuerza, obligándola a aceptar su semilla, sin elección para soportar el fruto”. (p.74)

La última parte del libro está compuesta por una miscelánea de textos que abren las puertas para que otros registros, como el poético o el relato de misterio, entren en el volumen. En esta parte la acción de los cuentos se traslada al presente y podemos ver cómo la escritora ha salido de las calles de La Oviedo y logra cumplir el sueño americano al convertirse en profesora universitaria en Estados Unidos. A pesar de esto, el sueño no está del todo completo y cada año tiene que asistir al consulado a someterse a la angustia de no saber si podrá continuar con su labor en aquel país, como podemos ver en el cuento “Un eco permanente”. Entre las anécdotas que nos presenta esta tercera parte, hay una que puede resultarnos especialmente simpática a quienes vivimos en la Ciudad de México, es la narrada en el cuento “ Un hotel particular”, cuando en un viaje médico desde Chihuahua, la familia de la narradora se hospeda en un hotel de paso y este establecimiento sorprende a sus ojos, no acostumbrados a este tipo de hospedajes.
Los cuentos que componen La Oviedo Rifa, por medio de una voz honesta y directa, entregan al lector una experiencia amena e intensa y le abren una ventana, a través de la cual, puede asomarse a la profunda realidad humana que existe en un lugar como La Oviedo, que sin duda se convierte en un espejo vivo de un sinfín de espacios similares en el resto de México.
Holguín, Chaparro, Carmen Julia, La Oviedo rifa y otros cuentos, Ediciones Arboreto, Chihuahua, 2026, 115 pp.