Las exportaciones marítimas

El arreglo y la seguridad del comercio de España con sus colonias en América fue objeto de cuidadoso estudio y legislación por la corona española. Desde 1495 fijaron los Reyes Católicos Fernando e Isabel el puerto de Cádiz, en España, como el único autorizado para la salida de los navíos españoles, y en 1503 decretaron la creación de la Casa de Contratación de Sevilla, donde se expedían las licencias para la salida de los navíos para el cargamento y el examen de los pasajeros que salían para las Indias.

   Al inicio de la Conquista, todos los puertos estaban habilitados para el comercio español, y los buques llegaban por el río del Espíritu Santo (hoy Coatzacoalcos), Pánuco, Campeche, y principalmente por el río de Medellín o San Juan de Ulúa, en Veracruz. En ese tiempo sólo se importaba lo que los españoles necesitaban para sus conquistas y para las necesidades de su vida civilizada a la europea: harina de trigo, aceite, vino, ropas, caballos y armas. Y se exportaba oro, plata, perlas, y los chalchihuites, que entonces se tomaron por esmeraldas. Poco después se inició la importación en gran escala del azogue para el beneficio de las minas de plata. Luego se autorizaron únicamente dos puertos: el de Veracruz para las naves provenientes de España, y el de Acapulco para las que venían de Filipinas o partían para El Callao, en Perú.

   Se importaba de Venezuela el contenido de las bodegas de cuatro buques de 500 toneladas anualmente con cacao, cueros y tabaco. Este tabaco, llamado de Barinas, y que “quasi todo lo consumía entonces la Nueva España”, se importaba en cantidades de 4,000 petacas.

   De la provincia de Yucatán o de Campeche se sacaban10,000 arrobas de grana o cochinilla, 2,000 de Tabasco, y 10,000 cueros de ambos sitios; y de la laguna de Términos y Xicalango, 4,000 quintales de palo de tinte. Se comenzó a exportar azúcar desde la Nueva España, que sobrepasó a la producción de Cuba, así como cueros de res, miel y cera. El tabaco que consumía España le llegaba desde la Guayana, y el cacao desde Maracaibo y Caracas, aunque en Tabasco y algunas costas mexicanas se producía también.

   Desde España nos llegaban vajillas, ladrillos, tejas, jarcias, papel, baterías de cocina de hierro, azulejos, vinagre, aceitunas, frutas secas, bayetas (lonas), cáñamo y lino, aceite, aguardiente, vino, jabón, vidrio, pólvora, alambre, plomo, acero, hierro, semilla de trigo y de cebada, y varios animales como caballos, burros, vacas, corderos y cabras, cerdos y gallinas.

   Del Oriente, a través de las Filipinas, nos llegaban terciopelos, sedas, lanas y linos en lienzos y en madejas, telas de algodón, camas, pabellones, colchas, cobertores, almizcle, ámbar, oro, perlas, loza y porcelana, escritorios y otros muebles de madera, artefactos de marfil y hueso, diamantes, rubíes y otras piedras preciosas, mangos, nueces, dátiles, piñones, manzanas, naranjas, azafrán y almendras, etc. A Manila llegaban desde Las Molucas las especias de clavo, canela y nuez moscada, que nos eran reexpedidas. Estas mercancías del Oriente se reembarcaban para España por Veracruz, y otras se comerciaban desde Acapulco hacia el Perú, recibiendo de esta colonia española oro y plata en gran cantidad. Se enviaban también al Perú las manufacturas que con la seda china se fabricaban en la Nueva España, como terciopelos, damascos, mantos, tocas, pasamuros, tafetanes y otros objetos de lujo.

   Se prohibía importar desde España piezas labradas de plata y oro, monedas, y esclavos blancos y negros (aunque después se permitió en tremenda escala). La entrada de moros, judíos, gitanos y mulatos recién convertidos a la fe cristiana, los libros de romance “que trataban de materias profanas y fabulosas e historias fingidas”, y aún libros de rezos sin permiso del monasterio de San Lorenzo el Real, las armas ofensivas y defensivas, y los pistoletes y arcabuces menores de marca. Y, por supuesto, se prohibía la entrada a todo extranjero, y absolutamente todo comercio de éstos con las colonias españolas.

   Las prohibiciones eran bajo penas muy graves, pero se podía obtener licencia expresa del rey para pasarlas.

   México dio a conocer a España y Europa el maíz, un cierto tipo de papa (la grande vino del Perú), el cacao, el cacahuate, el guajolote, el pipián, el chilacayote, etc., el algodón de fibra larga, la grana o cochinilla, varios palos de tinte, el copal, el camote, el chile, el aguacate, el chicozapote, las tunas, la pitahaya, un tipo de piña y mil frutas más, así como muchas hierbas medicinales, como la raíz de la jalapa, que enriquecieron la dieta europea y mejoraron su salud.

   Florecía el comercio en el siglo XVI por la comunicación con las Filipinas y los puertos de Guatemala y del Perú, pero los comerciantes monopolizadores de la Casa de Contratación de Sevilla hicieron que el rey prohibiese el comercio entre México y el Perú, y redujese el permiso de traer telas de Filipinas a la Nueva España y la prohibición del comercio entre las colonias españolas. Los virreyes hicieron notar lo equivocado de esta disposición, que tuvo desventajas adicionales para España. Además, para impedir la competencia en la industria vinícola española, se mandaron arrancar las cepas de uva, se prohibió la plantación del lino, los olivos, las moreras para la cría del gusano de seda, que ya florecía en Chiapas y Oaxaca. Para favorecer a la industria de la seda grande, se trató de impedir el comercio con Filipinas y Perú. Sólo los conventos conservaron sus olivos.

   Comparemos estos datos en pleno siglo XXI, con la globalización y los privilegios. ¿Nos hallaremos en mejores circunstancias?

María Luisa Herrera Casasús
María Luisa Herrera Casasús
Licenciada en historia de arte. Historiadora y escritora de los libros “Entorno mágico de la Huasteca”, “Raíces africanas en la población de Tamaulipas”, “Intento de colonización en la Sierra de Malinchen del actual territorio de Tamaulipas por don Benito Antonio de Castañeda, alcalde mayor de Pánuco y Tampico”, “Presencia y esclavitud del negro en la Huasteca” y “La colonización del noreste: Indios y encomenderos del siglo XVII”. Cronista de Tampico Alto. Colaboradora del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Autónoma de Tamaulipas. Desde 1980 es investigadora de la historia de la Huasteca durante la Colonia. En mayo de 2019 recibió la medalla Capitán Alonso de León en la ciudad de Monterrey, Nuevo León.
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