Rolando C. Ríos-Aguilar

Fernando Benítez en su libro Los indios de México, (Editorial Era, 1996) ha descrito el extraordinario legado de conocimiento natural y mágico que nos aportaron las culturas originarias de lo que hoy es nuestro país. El pensamiento mágico ha sido parte de nuestra historia mexicana. Por ello no resulta extraño encontrarse ahora lugares con este calificativo a lo largo y ancho de nuestra geografía nacional.

La magia no apela solo a lo sobrenatural, sino al conocimiento del medio, de la flora y la fauna que conviven con el ser humano.

Cuando el ser humano actúa como sociedad tiene la capacidad de interrelacionarse con su medio, subsumirse en su entorno desapareciendo cualquier barrera que lo separe de su esencia natural como parte de la evolución de la vida en este planeta compartida entre todas las especies, llega entonces a crear un espíritu mágico que trasciende lo material.

Resulta por ello relevante reconocer la importancia que tienen los llamados pueblos mágicos que existen en Veracruz (Coatepec, Orizaba, Papantla, Zozocolco, Xico y Coscomatepec). Pueblos mágicos que van más allá de la arquitectura de sus viviendas o la producción de artesanías o dulces típicos, o de la exuberancia de su paisaje, sino que simbolizan la fusión de naturaleza y sociedad en un espacio particular y privilegiado de la geografía nacional.

Al profundizar más allá de la acepción turística que tiene la denominación de pueblo mágico, observamos que el rescate de ello, en esencia recupera también la idea de la sostenibilidad, la cual se basa en reconocer la vinculación dialéctica sociedad-naturaleza.

Durante mucho tiempo, el pragmatismo influyó de manera decisiva en la forma de interpretación de los fenómenos sociales, con una clara visión economicista de la realidad.

Siguiendo esa visión, posiciones contrarias a la idea de la sostenibilidad alegan que ésta es una forma de estancamiento ante lo que realmente necesita la sociedad, esto es el desarrollo material creciente.

 Por el contrario, la sostenibilidad:

“No cuestiona la prioridad del uso de los recursos o valores de uso de los sistemas naturales, sólo establece la forma en la cual debe hacerse uso de tales recursos para que no se agoten, para mantener la capacidad de respuesta de un ecosistema ante perturbaciones humanas o naturales (resiliencia) y para preservar los procesos ecológicos esenciales de cada ecosistema con sus conexiones en red con otros ecosistemas (integralidad)” (Pérez, 2011:23).

Más aún, Enrique Leff hace mención de la importancia de las tradiciones populares como mecanismo para el uso sustentable del medio:

“La aplicación de los conocimientos tradicionales de las comunidades resulta en prácticas de manejo sustentable de recursos mediante ciertos estilos culturales de organización productiva.” (Leff,1986: 174).

Al tener el conocimiento de su medio natural, la comunidad emplea técnicas y ritmos de aprovechamiento que permiten la renovación de los recursos siguiendo el ciclo marcado por la propia naturaleza, alejándose de la explotación irracional marcada por la lógica del capital que solo ve su beneficio.

Nuevamente en palabras de Leff:

“La propuesta ambientalista abre oportunidades para el desarrollo de nuevos potenciales productivos, los cuales trascienden el campo de posibilidades que establecen las condiciones del mercado. Más allá de la pluralidad política circunscrita a una vía unidimensional de progreso, la perspectiva ambiental del desarrollo promueve otra racionalidad productiva, nuevas formas de vida social y una diversidad de proyectos culturales.” (Leff,1986:348).

El concepto de pueblo mágico no debe ser considerado como un hecho marginal, aislado y circunscrito a casos excepcionales en la lógica de crecimiento acelerado del país, sino por el contrario, cada ejemplo de pueblo mágico es una llamada a reconsiderar la viabilidad del paradigma económico, que ha hecho de México un país metropolitano en tan solo los más recientes 30 años.

No se desconoce la importancia de las ciudades y zonas metropolitanas como centralizadoras de recursos, conocimiento y trabajo, que en conjunto generan riqueza y posibilidades de crecimiento. Lo que se debe recapacitar es acerca del costo ambiental que origina tal modelo, en primera instancia por la enorme energía que se demanda para su operación, y en segunda instancia, por la creciente capacidad de resiliencia de los ecosistemas que requiere la entropía generada por el uso de tal energía.

Al respecto y como lo señala Leff:

“Solamente podemos alcanzar la sustentabilidad si respetamos las condiciones de la vida en este planeta vivo, construyendo una economía desde los principios de la vida y para la vida, es decir, desconstruyendo la economía mecanicista que heredamos, basada en el capital, el trabajo, la ciencia y la tecnología como “factores de la producción”, que en su búsqueda de un falso equilibrio económico y un crecimiento económico fuera de las leyes y condiciones de la naturaleza, genera un consumo entrópico e insustentable de naturaleza, degradando el ambiente y resquebrajando los ciclos ecológicos, para, en vez de ello, fundar una nueva economía basada en la productividad ecológica de los ecosistemas y las culturas.” (Serrano y Espinosa, 2009:58).

Veracruz y sus seis pueblos mágicos son entonces ejemplo de comunión sociedad-naturaleza; está en nosotros empujar a las autoridades y actores sociales a que privilegien este modelo alternativo que puede ser replicado por otras comunidades veracruzanas y del país, y encontremos así, el equilibrio entre las metrópolis que se gestan, con un entorno de mágica sostenibilidad.

REFERENCIAS:

Benítez, F (1996) Los indios de México. Editorial ERA. México.

Leff, E. (1986) Ecología y capital. Racionalidad ambiental, democracia participativa y desarrollo sustentable. Siglo XXI editores. México.

Leff, E. (2009) Cambio climático y sustentabilidad: naturaleza, ruralidad y turismo en la construcción de una sociedad sustentable. En Serrano, M. y Espinosa, M., Las vías del desarrollo sustentable en el medio rural. Centro Interdisciplinario de Investigaciones y Estudios sobre Medio Ambiente y Desarrollo. Instituto Politécnico Nacional. México

Pérez, E (2011) Medio ambiente, sociedad y políticas ambientales en el México contemporáneo. Una visión interdisciplinaria. Miguel Ángel Porrúa, Universidad Autónoma de Guerrero e Instituto Politécnico Nacional. México

Artículo anteriorMigración , indigenismo, globalización
Artículo siguienteCon alma de pirata
Doctor en Economía por la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México. Profesor- investigador de tiempo completo en la Facultad de Administración Fiscal y Financiera de la Universidad Autónoma de Coahuila. Miembro de la Academia Mexicana de Derecho Fiscal. Director de Análisis económico-ambiental en Ambiens Consultoría, empresa dedicada a la investigación ambiental para apoyar la toma de decisiones de actores gubernamentales y privados. Servidor público federal durante 30 años, especializado en investigación y política ambiental.