Fotografiar a gente atractiva haciendo cosas atractivas en lugares atractivos era su mantra.


Ana S. Chao

A raíz del surgimiento de las redes sociales, especialmente Instagram, la presión de presentar una vida perfecta se ha vuelto una obsesión. Ahora existen maneras de ostentar una gran vida, por ejemplo, con una sala y un librero de caoba ordenado por colores y una deliciosa cena en un lugar exclusivo. Sonará absurdo, pero hay una compañía, LifeFaker.com, que se anuncia como “el primer servicio en línea a nivel mundial para una vida falsa”. Esta empresa deja a los usuarios comprar paquetes de fotografías que pueden subir a sus redes sociales y presentarlas como propias. “La vida no es perfecta, tu perfil debería de serlo” es su slogan.

Pero antes de Instagram, existió Slim Aarons, fotógrafo norteamericano que se dedicó durante muchos años a mostrar lo que era el verdadero estilo de vida de la gente rica y poderosa, sin utilizar filtros en sus cámaras o ningún tipo de producción. Con el tiempo, Aarons se convirtió en un gurú de la moda y el diseño de interiores. Sus imágenes llegaron a representar una iconografía escapista y nostálgica de otra era.

George Allen Aarons no comenzó su carrera profesional retratando a gente bonita; la inició a los 18 años enlistándose para la Segunda Guerra Mundial como fotógrafo. En esa ocasión le ofrecieron una cámara Speed Graphic que requería de la inserción y remoción de cada placa, pero Aarons atinó a decir: “A quien se le ocurre usar esto para una guerra”. En su lugar, decidió usar una pequeña cámara Leica y con ella se arrastró pecho tierra durante tres años por Europa y el norte de África. En esa época las cámaras no significaban nada; ser fotógrafo era lo importante. Capturó la batalla del Monte Cassino en Italia y fue herido durante la invasión de Anzio por las tropas alemanas, recibiendo la medalla Corazón Púrpura, otorgada a aquellos soldados que son heridos o muertos en servicio a su país. Al hablar de esa presea, Aarons dijo a Vanity Fair en el 2003: “Se la regalé a una rubia que conocí después de la guerra. Me dijo que le gustaba el color”. Finalmente llegó a Roma justo para ver a esa ciudad ser liberada por los aliados y tomó una foto que se volvió famosa: un soldado carga a un bebé frente a una multitud que celebra. La foto se publicó en la portada de la revista Yank en julio de 1944.

Aarons se cansó de ver tanta maldad y destrucción durante la guerra: “Después de ver un campo de concentración no quieres volver a ver nada malo”. Esto significó un cambio radical en su carrera. Ahora capturaría imágenes de elegancia, riqueza y ocio para las revistas más exclusivas como Town and Country, Harper’s Bazaar y la desaparecida Holiday, sin olvidar la famosa LIFE, en la cual comenzó a trabajar después de la guerra.

Slim alcanzó su éxito profesional en los años 50. Una de sus fotos más famosas es la de los Reyes de Hollywood: Gary Cooper, Van Heflin, Clark Gable y Jimmy Stewart.

Los Reyes de Hollywood por Slim Aarons

Se cuenta que esta impresión la tomó mientras los cuatro actores reían al contar que Slim, por ser alto, larguirucho y sexy, le habían dado un papel en la película Up Front de 1951, pero había tenido que repetir muchas veces la misma escena por olvidar continuamente la única línea que le tocaba.

Con la economía de post guerra en un estado deplorable, a la gente le encantaba ver en las revistas cómo vivían príncipes y princesas, herederos, actores, actrices y jet setters. Aarons fue nombrado el fotógrafo de las élites a nivel global y fue continuamente invitado a presenciar la vida de estas personas para capturar su esplendor.

Princesa Grace de Monaco por Slim Aarons
Princesa Bianca  Hanau-Schaumburg en su chalet de  Gstaad
Edward Spencer Churchill, el décimo Duque de Marlborough, y su esposa Mary en los jardines del Palacio Blenheim

A Slim lo caracterizaba un estilo de fotografía “ambientalista”. Esta perspectiva tenía como objetivo documentar la vida de los sujetos en sus espacios personales. Nada de retratos posados, luz artificial o sets de estudio. Bajo este estilo, se permitía sugerir los mejores espacios dentro de un mismo lugar o el tipo de ropa a usar; pero debía mantener al mínimo la intervención en las tomas y en lo que la gente hacía.  Aarons era conocido por rehusarse a tomar fotos de gente en camiseta, pantalón de mezclilla o tenis.

En cuanto llegaba a la casa de sus anfitriones, Slim establecía en dónde se tomarían las fotos. Siempre buscaba que el lugar se viera mejor de lo que lo había encontrado. Esto significaba mover algún mueble o añadir flores y, de esta manera, proyectar una noción romántica de la vida. La siguiente decisión era la ropa que usarían y su apariencia. La mayoría de las veces los fotografiaba en la ropa que llevaban a su llegada; pero si decidía usar un salón más elegante dentro de la casa, pedía a la persona usar un tipo de ropa más apropiada para el lugar. No le gustaba cuando las mujeres se arreglaban de más o se peinaban en el salón para la sesión de fotos. Él quería capturar a las personas tal como se veían en su vida diaria. Alguna vez dijo: “Yo no hago fotografía de moda. Le tomo fotografías a la gente en su propia ropa, y eso se convierte en moda”.

Los retratos de Aarons eran más que imágenes de moda de gente rica. Por ejemplo, sus fotos tomadas en Acapulco proyectan un ambiente fabuloso de mínimo esfuerzo, con el que mucha gente sólo podía soñar. Hizo invisible la rigidez de la clase adinerada y la retrató como relajada y estilizada.

Acapulco por Slim Aarons
Acapulco por Slim Aarons
Acapulco por Slim Aarons

Las mujeres eran su mayor fuente de inspiración. Cuando LIFE lo invitó a tomar fotos en la guerra de Corea, dijo: “Solamente tomaré fotos en una playa si hay una rubia en ella”.  En muchos de sus trabajos las mujeres son el tema central y se inclinaba por aquellas que tenían un estilo grandioso y una gran confianza personal.

Dolores del Río por Slim Aarons
Marilyn Monroe por Slim Aarons

Aunque Aarons estaba muy involucrado en el mundo de la alta sociedad, no era parte de ella ni tenía aspiraciones de serlo. Para él, la fotografía era un trabajo. Su asistente, Laura Hawk, dijo al periódico The Guardian en 2016 “no tenía ningún deseo en absoluto de hacer amistades con esa gente y jamás esperó una invitación a un yate o un club privado”. Ellos le daban acceso a estas esferas intocables y él vivía de sus fotos, pero no era una relación que tomara a la ligera. Aarons era muy minucioso de sus imágenes. Al final de cada viaje, regresaba a su casa en la provincia de Bedford, New York, donde era feliz.

Las imágenes de Aarons tenían una composición maestra y un elegante diseño, siempre capturadas con saturación de colores que han sido muy influyentes. Figuras como Michael Kors o Lenny Kravitz lo han citado como inspiración. La compañía sueca de ropa Maje decidió usar algunas de sus imágenes de California en los años 70, con mujeres, atardeceres y albercas color azul turquesa, para el tema principal de su cápsula de moda del verano de 2020.

Maje

Su primer libro de imágenes, A Wonderful Time: an Intimate Portrait of the Good Life, salió a la venta en 1974. Fue el año del escándalo de Watergate que culminó en la renuncia de Nixon, la guerra fría, la crisis de petróleo, los altos índices de inflación y recesión, paros laborales, y el escándalo del Franklin National Bank, donde se vio involucrado hasta el Vaticano. No era un momento en que la gente estuviera pensando en gastarse 35 dólares (182 USD actuales) en un libro de fotografías muy alejadas de su realidad cotidiana. Llegó a ser muy criticado e incluso lo llamaron “repugnante”. Solo se vendieron 20 mil copias de este libro.

No fue sino hasta 1997 que Getty Images compró a Aarons su colección por una suma de dinero tan grande que no se tuvo que volver a preocupar por dinero en su vida. Sus imágenes comenzaron a circular; sus libros, que hasta ese momento sólo podían encontrarse en ventas de garage por dos dólares, pasaron a tener un valor superior a los 4 mil dólares, en el remoto caso de encontrar uno a la venta.

La mayoría de las fotos de Aarons fueron tomadas durante los años 60 y 70, cuando Estados Unidos estaba en una etapa muy complicada y la fantasía de sus imágenes hicieron ver más hermoso y perfecto al mundo de lo que realmente era. Esto es lo que hace su trabajo único.

Solo hasta el final de su vida se supo que Slim Aarons era judío. Fue algo sorpresivo hasta para su familia, pues él siempre se describió a sí mismo como huérfano. Había crecido pobre en el este de Manhattan y de niño su madre fue admitida en un hospital psiquiátrico. Aarons creció con diferentes parientes; no tuvo relación alguna con su padre, y su hermano se suicidó. En una cultura que se ufanaba de la exclusividad, el fotógrafo nunca habría sido admitido a ese mundo sabiendo de donde venia. Hay quienes piensan que escondió su pasado como parte de una estrategia.

Aarons no consideraba sus fotografías de fama y sociedad como las mejores. Para él, sus mejores piezas las hizo durante la Segunda Guerra Mundial. Una de ellas era la de la oficina de Hitler cubierta en grafiti; otra, la del cuerpo herido de un niño en batalla.

Cancillería de Hitler por Slim Aarons

El mundo en estos momentos se encuentra en una crisis parecida a la de 1974, con protestas por los derechos de las minorías, caos climático y pandemia. ¿Qué pensaría usted de las imágenes de Slim Aarons en este momento? ¿Las consideraría repulsivas, como sus críticos norteamericanos de los años 70, o las vería como una inspiración?

Quizás la verdadera opinión del propio Aarons sobre ese mundo de opulencia se adivina en una dedicatoria suya a uno de sus discípulos dejada en uno de sus libros:

Querido Jonathan:

Recuerda que todo esto es una mierda.

Siempre lo mejor, Slim.

Murió de un paro cardiaco en Montrose, Nueva York, en mayo del 2006. Tenía 89 años.

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