Andrés Aguilar  y  Portilla

Ricardo Corzo Ramírez

Justamente, hoy que nos encontramos en medio de un panorama social, político y económico confuso, con antagonismos partidistas y demás turbulencias e incertidumbres en la vida nacional e internacional; nos enfrentamos a un escenario, por demás exigente de análisis y respuestas. Por lo cual, mirar ciertos acontecimientos del pasado y reconocer las actitudes de prohombres, nos ayudan a reflexionar en las continuidades y rupturas de la historia nacional. Es en este sentido que, en el marco de la conmemoración de los 200 años de la independencia nacional, y a una centuria del natalicio de Jesús Reyes Heroles, tuxpeño notable en la esfera política del siglo XX; se abordará en el presente texto al liberalismo aproximadamente en sus orígenes e impacto desde las Reformas Borbónicas en las postrimerías del siglo XVIII hasta la Constitución de 1824. Toda vez que este veracruzano, fue quien escudriñó en su obra El Liberalismo Mexicano los entrecruces, la urdimbre de las ideas y las acciones que dieron sentido al pensamiento liberal. El cual contribuyó definitivamente a crear el sentimiento de pertenencia nacional, donde se antepusieron la libertad, autonomía, igualdad y la soberanía como valores del patriotismo criollo y lo que será la sociedad mestiza. Elementos y acciones fundamentales para lograr los procesos de independencia y el surgimiento del Estado independiente.   

DIVERSAS REFERENCIAS QUE ARGUMENTAN LOS PRIMEROS IMPACTOS DEL LIBERALISMO EN MÉXICO

Una característica de quien fuera a la vez jurista, politólogo, historiador, ideólogo e intelectual, fue la combinación de su formación académica con su ejercicio político; para él fue necesario considerar en su praxis el bagaje histórico, los antecedentes que permitieran la continuidad de los procesos democráticos de la sociedad, así como la creación de instituciones y organismos que dieran cuenta de la pluralidad y diversidad que conforman la realidad nacional. La vigencia de su obra -a nuestro juicio- radica en cómo comprendió las oposiciones, las divergencias entre los diversos sujetos que participaron en la construcción del proyecto de nación: criollos, peninsulares e insurgentes; profesionistas, liberales y funcionarios civiles y militares, bajo y alto clero, indígenas y castas. Todos ellos, que a final de cuentas pudieron ser tildados de conservadores y liberales ante la coyuntura que presentó la ocupación de José Bonaparte en España, que como sabemos precipitó que las Cortes de Cádiz reconocieran que la soberanía reside en las naciones y, en consecuencia, abre las posibilidades para que todos los hombres, de lo que era España y sus virreinatos, fueran libres e iguales.

Gaspar Melchor de Jovellanos

Es necesario recordar que solamente estamos tocando una parte de la obra intelectual de Reyes Heroles, ya que ésta abarca momentos posteriores de suma importancia, como serían la generación liberal que logró la separación de la iglesia del Estado, vencer a los monarquistas por parte de los republicanos  y, en sí, la  consolidación de la constitución de 1857; de igual manera, comprendió los diversos idearios políticos que buscaron restablecer el liberalismo juarista olvidado por la dictadura porfirista, así como las nuevas demandas sociales promovidas por los socialistas y anarcosindicalistas en las postrimerías del siglo XX. Por tanto, la Constitución que nos rige permitió la apertura de nuevos espacios públicos y privados para convivencia ciudadana; fortaleció al Estado para que interviniera como mediador en las relaciones sociales y le adjudicó la función de ser el principal promotor del desarrollo nacional. En este sentido, Jesús Reyes Heroles quien nació el 3 de abril de 1921 en la ciudad y puerto de Tuxpan, Veracruz. Su trayectoria existencial y profesional abarcó un periodo que contempla desde la reconstrucción revolucionaria hasta las décadas en que se hizo manifiesto la desestructuración del sistema político mexicano, mediante el agotamiento del monopartidismo, los excesos del presidencialismo y la necesidad de abrir nuevos espacios para la participación de la colectividad en la vida pública. Exigencias que fueron manifiestas desde finales de los años cincuenta hasta las reformas político-sociales y económicas de fines de siglo XX.

Regresando a los puntos centrales de nuestro interés, los orígenes del liberalismo mexicano, según Reyes Heroles, se encuentran en las concepciones e interpretaciones que renovaron los Jesuitas en la Nueva España. Sus enseñanzas crearon las ideas y posturas innovadoras en los razonamientos, particularmente en las élites criollas. Sus obras contribuyeron a sustentar nuevas formas de enfrentar los problemas de la vida y sobre todo, fueron fundamentales para responder posteriormente a los conflictos políticos de la sociedad decimonónica. Conocimientos que sirvieron para comprender de otra manera las relaciones sociales y, el papel de las élites tanto criollas como peninsulares, exaltando la originalidad regional y los usos y costumbres heredados en los tiempos pretéritos, lo cual, como se ha dicho, creó un sentido de pertenencia y, fomentó los reclamos de identidad.

Otro referente, sin lugar a dudas, fueron las Reformas Borbónicas, mismas que iniciaron el proceso de las relaciones comerciales, y con ello abrir espacios para la reorganización de la vida administrativa y política: cobrando un papel hegemónico las intendencias, los cabildos o ayuntamientos en aras de la defensa de los territorios, se fomentaron milicias propias, mediante el reclutamiento y las levas. Todo ello ante un nuevo expansionismo de países metropolitanos, que pusieron en entredicho a final de cuentas, los monopolios y la hegemonía española.

Con esta consciencia de cambios, no está de más decir, que se tuvo muy en cuenta, las contradicciones que vivía la Nueva España, las que según constató el barón Alejandro Von Humboldt, eran abismales las desigualdades. De una u otra manera las Cortes de Cádiz y los procesos de independencia en Hispanoamérica se entrelazan, para ese momento, según nuestro autor ya eran notorias las diferencias entre quienes buscaban salvaguardar el orden establecido. Y quienes intentaban desde los ayuntamientos particularmente, avanzar en la autodeterminación, en la autonomía, e incluso concebir la independencia política. Sin dejar de reconocer la importancia que tuvieron los autores, que en general se les ubica dentro de la Ilustración: como Rousseau, Diderot, D´Alambert, Blanco Withe Floridablanca, Montesquieu, entre muchos otros. Reyes Heroles rastreó la impronta que tuvieron estos entre los primeros insurgentes, tanto eclesiásticos como Miguel Hidalgo y José María Morelos y Pavón formados en el Colegio de San Nicolás en Valladolid (hoy Morelia) así como los militares y civiles Allende, Aldama, Josefa Ortiz de Domínguez y Leona Vicario. Sin dejar de reconocer que ya los representantes de la Nueva España en las Cortes de Cádiz de 1810-1812 no dejaron de comprender lo que significaban las libertades, cuando se establece que la soberanía reside en la nación.

Montesquieu

Dicho de otro modo, el liberalismo como ideología encontró un espacio en estas tierras que empezaron a convulsionar y de plano, entraron a un proceso de lucha insurgente. Así pues, a la letra Reyes Heroles dice que el liberalismo sigue de la razón y se traduce en actividad. Hay una idea liberal en acto; una inmersión de la idea liberal en la realidad, y de ello proviene el liberalismo como experiencia cargada de sentido histórico. Por lo que podemos afirmar que la experiencia liberal mexicana, se compone por las aportaciones del pensamiento liberal general en Europa, asumido por la revolución norteamericana, pero, sobre todo, por la reconversión de ideas y valores que provocaron los Jesuitas en los insurgentes, fundadores del nuevo Estado-nación independiente. Como bien señalaba Blanco White, se trataba de conocer las leyes inglesas relativas a la seguridad personal no para imitarlas servilmente, sino para abrevar su espíritu, respetando estado y costumbres.

A mayor detalle, nos explica que las avenencias fueron a menos, muy a pesar de que había poco conocimiento sobre las ideas liberales entre el grueso de la población. No obstante, habían otros, que sabían demasiado, por citar un ejemplo, Fray Servando Teresa de Mier quien abrevaba de Blanco White, Jovellanos y Martín Moreno; Puffendorf e Heinecci, Almci y Joaquín Marín y Mendoza. Con estas bases liberales y el conocimiento de otras leyes jurídicas antiguas del régimen español, Fray Servando exigió la real independencia de la Nueva España. Y si bien el liberalismo español, en realidad no conducía a ella, Fray Servando, entre sus argumentos trajo a colación algunas enseñanzas de los Jesuitas y la antigua legislación española. Una posición sobremanera radical, en la cual demostró y se mostró como todo un verdadero liberal americano.

En cuanto al tema de las formas de gobierno, reiteramos que uno de los conceptos cruciales a debate para esa época, y sobre todo, a la luz de la Constitución de Cádiz en su artículo 3º señala que: La soberanía reside esencialmente en la nación, y por lo mismo, pertenece a ésta exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales. La mayoría de los ahí reunidos optaron por una República Federada. Y en los alegatos acerca de la soberanía concluyeron: Queda una e indivisible, independiente y absolutamente soberana en todo sentido, porque bajo ningún respecto político reconoce superioridad bajo la tierra. Ya se hablaba de un estado soberano, y aunque algunas pugnaban por la soberanía de los estados, finalmente se inclinaron por que la soberanía debía recaer totalmente sobre la federación; siendo los demás estados solamente libres e independientes, ya que la soberanía es indivisible. Soluciones y nuevos razonamientos que habían abrevado de la Filosofía Política Moderna, pero también de los clásicos europeos, como bien aceptaban y externaban José María Luciano Becerra y Jiménez y Francisco García. El primero no sólo fue sacerdote católico, sino que participó en Las Cortes Españolas, y al consumarse la independencia de México, intervino en la elaboración de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos de 1824, manteniendo una postura centralista frente a los que defendían el federalismo. Estos tuvieron un papel importante, que permitió entender como el liberalismo se asoció a las formas federalistas, logró continuidad, sobre todo, en la República cuando se formuló un catálogo de Garantías Individuales, que buscaba el equilibrio constitucional, con el Supremo Poder Conservador, empleando el viejo Derecho de Petición de los Ciudadanos, en su condición de individuos y no como parte de corporaciones religiosas o militares.

Jean-Jacques Rousseau

En consecuencia, una relectura de la obra de Reyes Heroles y un acercamiento a su práctica política, -creemos- nos permitirá comprender las oposiciones persistentes entre los diferentes grupos y órganos político-económico; que en el marco de las instituciones liberales se inclinan por hacer coherentes las políticas públicas y privadas, la voluntad e interés general, frente a los intereses y voluntades particulares, de grupo y corporativas. Dicho de otra manera, el legado de Reyes Heroles, en su praxis política afirma que todas las acciones y políticas transformadoras, deben sustentarse en la historia controvertible de los entornos y circunstancias que se anhelan transformar, ya que el ciudadano tiene derechos y responsabilidades. Siempre y cuando, conozca la historia y comprenda las causas de las inconformidades sociales, políticas y económicas de la época. Con ello, lo primero fue garantizar que el nuevo Estado, considerara los medios naturales básicos, para la convivencia social. Que contará con la seguridad necesaria para la reproducción de las relaciones sociales y cuidará de la libertad de pensamiento y acción; elementos necesarios para la convivencia con la oposición. Nuestro recordado tuxpeño probó también y nos heredó lecciones, donde nos muestra que es razonable, necesario y muy posible la convivencia de los estados, preferentemente de los estados federales dentro del concierto de las diversas formas de gobierno internacional. 

LIBERALISMO Y FEDERALISMO

Vale la pena recordar que la relación del liberalismo y el federalismo, que aún hoy día es motivo de reconsideraciones, tiene antecedentes en esta obra de El liberalismo mexicano. Así se trae a colación a Ignacio de la Llave, quien apoyó al federalismo, ya que según él es un sistema recomendable […] en el sentir de los sabios, y según la recta razón. El federalismo divide a los pueblos, no como enemigos, sino para repartir la Administración, haciéndola mejor. Y de igual modo, nos incita a realizar un balance, un equilibrio entre los estados federados. Y anteriormente, quien ya hemos citado, Teresa de Mier también fue partidario del federalismo, pero éste advirtió, que, en sus inicios, ésta forma de organización de la vida política debe ser promovida a través de la educación cívica, creando una idea de unidad en la libertad, hasta lograr una convivencia armónica.

Lorenzo de Zavala apreció que los federalistas no podían tener idea sobre una forma de gobierno de la que no se habían ocupado los libros políticos federales y españoles que circulaban en México. O acaso habían pocos conocedores de este sistema de gobierno, ya que en realidad, quienes habían trabajado más a profundidad sobre ello, habían sido los estadounidenses. No obstante, veía la conveniencia de implantarla en el contexto mexicano, ya que éste lograría el imperio de los principios liberales y de libertad.

Como anécdotas citamos que en febrero de 1825 el Colegio de San Ildefonso para recibir al primer presidente Guadalupe Victoria convocó a un Certamen en donde uno de cuyos temas era la apología del régimen federal, bajo la cual acababa de constituirse la nación mexicana. Posteriormente, y dentro de la cultura política que fue creando el liberalismo, el autor del Himno Nacional Mexicano, Francisco González Bocanegra hizo alusión al federalismo y asienta que Es pues evidente, en expresión del grande Montesquieu que la República Federal es capaz de resistir a la fuerza exterior conservando su extensión, sin que se corrompa su interior. También hizo hincapié en que sólo el régimen federal puede superar los obstáculos que ofrece una nación extensa al gobierno democrático y liberal.

De esta manera, se puede apreciar cómo el liberalismo se fue convirtiendo en un bagaje propio de muchos mexicanos para lograr una mejor administración del poder político y alcanzar las metas de paz, reconciliación y progreso.

 APRECIO AL LEGADO INTELECTUAL Y VIGENCIA DE REYES HEROLES  

En este breve ensayo, se invita a que las generaciones presentes encuentren respuestas en el pensamiento y obra de Reyes Heroles, al conocer cómo el liberalismo en sus diversas modalidades persiste, y se ha transformado. Prueba de ello, es la cohabitación que tienen actualmente el liberalismo socialdemócrata y populista, e incluso en un liberalismo social, o el liberalismo de mercado, en entornos socialistas. Posiblemente por ello Reyes Heroles admiró a Mariano Otero, cuando externa que: […] fue más que un jurista, sociólogo y economista; un profundo filósofo político y un avezado intérprete de las realidades mexicanas, de las causas que las producían y de los caminos de los que el país disponía para transformarse…lectura de una obra fundamental para la comprensión de México. (Reyes Heroles, 1985, p. 153).

Mariano Otero

De igual manera, los que suscribimos este ensayo reconocemos a Reyes Heroles como un pensador liberal del siglo XX y un hombre de acciones comprometidas con el devenir de las sociedades democráticas, independientes y soberanas. Sobre todo, desde su desempeñó en los diversos cargos y representaciones populares. Ya como diputado al Congreso de la Unión por el Distrito II de Veracruz, como Director General de Petróleos Mexicanos, Presidente del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Director General del Instituto Mexicano del Seguro Social, Secretario de Gobernación y por último como Magnifico Secretario de Educación Pública de México, último cargo que ejerció poco antes de morir el 19 de marzo de 1985.

Xalapa, Veracruz a 18 de marzo del 2021  

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Maestro en Ciencias Políticas (Universidad de París VIII, 1976), y doctor en Historia (Univerisdad de Paríz VIII, 1980), tiene además estudios posdoctorales en la Universidad Libre de Berlin, (1986). Es investigador desde 1973 en el Instituto de Investigaciones Histórico Sociales y Docente en diversos programas de licenciatura posgrado en las Facultades del Área Académica de Humanidades y profesor invitado en otras instituciones nacional y extranjeras. Secretario Académico de la Universidad Veracruzana hasta agosto del año 2009 y anteriomente, Director General del área Académica de Humanidades; Director del Instituto de Investigaciones Humanísticas; Jefe del Centro de Estudios Históricos y Director Interino de la Facultad de Socilogía del Universidad Veracruzana. Autor y coautor de libros y ensayos sobre Historia Regional y Política, educativa y cultural de Veracruz.

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