El liberalismo mexicano precisaba contenido social sencillamente por la existencia de millones de pobres en el país. Aunque no le cuadre a los teóricos, Reyes Heroles es un liberal semejante al presidente Franklin Delano Roosevelt del Discurso de las Cuatro Libertades, al primer ministro liberal David Lloyd George, precursor del sistema británico de salud pública, o al primer ministro William Lyon Mackenzie King, creador del estado de bienestar canadiense.
Aunque Federico escribe desde la oquedad evidente por el tamaño público del padre, el ensayista mantiene ese tenor que lo caracteriza: no elogia ni denosta artero, sino cumple con un proceso dialógico que busca el entendimiento antes que la versión unilateral a través de la combinación entre teoría y praxis -como la línea paterna.
Reyes Heroles combatía la idea de Ortega y Gasset de que la política y el intelecto eran dos reinos separados. No puede haber política sin ideas, sostenía. También afirmaba, volviendo al ingenio de sus frases, que los libros no le hacían daño a la cabeza de los políticos, porque el problema no era de los libros, sino de la cabeza de algunos de ellos.
Reyes Heroles se sumergió en los anales de la historia utilizando como principales herramientas ideológicas: la ciencia Política, la Historia y el Derecho, con el propósito de recuperar principalmente el liberalismo del siglo decimonónico, de esta manera, afianzarlo y aplicarlo a la realidad mexicana de la segunda mitad del siglo XX.
En Jesús Reyes Heroles no desaparece esta visión polarizada, pero entendió y puso en práctica, antes que otros, que para comprender en profundidad la realidad mexicana y sus problemas no podía prescindirse de un pasado y de unas ideas que también forman parte de la historia mexicana. Para entender y observar este “otro” pasado, Reyes Heroles se vale de José María Gutiérrez de Estrada.
En perfecta sintonía con Reyes Heroles, al menos en este punto, Echeverría Álvarez decidió romper relaciones con el gobierno dictatorial en noviembre de 1974.[16] Más que de golpe o intempestiva, esta ruptura fue, en realidad, gradual, toda vez que México había retirado del territorio chileno al Embajador Martínez Corbalá y lo había reemplazado con Reinaldo Calderón, en calidad de Encargado de Negocios.
Por ello, reencontrarnos con Reyes Heroles y traerlo a colación en las discusiones públicas actuales no es un asunto trillado ni zalamero. Por el contrario, asumir que en la historia de México han existido generaciones de mujeres y hombres muy esforzados, capaces y comprometidos con los problemas de su tiempo, nos debe llenar no sólo de orgullo, sino que nos demuestra que otra realidad es posible.
Hombre formado en el derecho, la economía y la historia; estudioso de la teoría política de todos los tiempos, del liberalismo social mexicano y de la Revolución mexicana; político hecho en la empresa pública, la militancia y la administración, hoy quiero recordar al Reyes Heroles modernizador político, creador de instituciones, reformador del Estado mexicano, humanista en el más amplio, noble y generoso sentido de la palabra.
Toda su vida el hombre cuyo centenario se cumple este año se había preparado para esa faena. Nacido en Tuxpan, Veracruz el 3 de abril de 1921, entonces don Jesús sólo pudo estudiar allí la primaria. Pero sus padres, el español don Jesús y doña Juana, mexicana hija de español, se cambiaron sucesivamente a Tampico y Ciudad Victoria, en Tamaulipas, y a San Luis Potosí.
Su pensamiento estuvo dominado por dos ideas centrales: el impacto del liberalismo en México -más como filosofía política y social, que como teoría económica- y la razón del Estado, que enmarcan una tercera constante: la separación de la iglesia y el Estado. Qué mayor homenaje a Reyes Heroles que intentar aplicar su método de raciocinio para analizar la situación actual.
Reyes Heroles se revela desde el interior de ese monstruo sistémico, a través de la cultura como praxis de la libertad, promoviendo una reflexión-acción colectiva hacia el cambio social.
Regresando a los puntos centrales de nuestro interés, los orígenes del liberalismo mexicano, según Reyes Heroles, se encuentran en las concepciones e interpretaciones que renovaron los Jesuitas en la Nueva España. Sus enseñanzas crearon las ideas y posturas innovadoras en los razonamientos, particularmente en las élites criollas.
El tema de su discurso fue el de la relación entre la historia y la acción, entre la disyuntiva" entre conocer y hacer, entre la teoría y la práctica".
Es muy conocida su reconstrucción del liberalismo mexicano para fundamentar lo que él llamó sus orígenes sociales, que no sólo se distancian del liberalismo clásico, europeo y estadounidense, sino que fundamentan el proyecto social del país, consumado en la Revolución, la Constitución de 1917 y las instituciones que se formaron inmediatamente después de terminada la lucha armada.
Como todos sus discursos, el último de Jesús Reyes Heroles, pronunciado en la Ciudad de Poza Rica el 18 de marzo, es fundamentalmente polémico y mordaz. El párrafo que más ha sido destacado por los comentaristas resume su tónica: “En lo que toca al sector privado, que reinvierta en vez de despilfarrar, pague impuestos satisfactoriamente, cumpla la legislación social y se olvide de los sindicatos blancos.
La caja de herramientas que traía cargando esta suerte de plomero de la política que fue don Reyes Heroles estaba hecha con llaves, piezas y pinzas fraguadas por Francisco Zarco, Benito Juárez y Sebastián Lerdo de Tejada, aceitadas por el pensamiento de José María Luis Mora, galvanizadas por la experiencia política contemporánea hispanoamericana y en particular española.
Revista Praxis y Universidad Veracruzana celebrarán Culturalmente Centenario Natalicio de Jesús Reyes Heroles en Tuxpan
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