“La cultura humanista dista ser mercancía de lujo;
es el arma única que nos va quedando”

RUBÉN BONIFAZ NUÑO.
EL COLEGIO NACIONAL.
(7 DE MAYO DE 1985).

El arte cobra nueva dimensión en la huasteca, en donde desde culturas originarias, milenios atrás, lo humano se funde con lo mítico y con la ciencia, una región donde las piedras hablan, como sus lienzos, su alfarería y orfebrería, su cerámica, sus bajo relieves y esculturas que como la piedra de “Rosetta” descubren la grandeza de una de las fronteras, de una de las civilizaciones madre del mundo.

Pectoral de oro encontrado en Tabuco

Arte prehispánico que contiene a diferencia de mucho del contemporáneo, una mayor profundidad en la comprensión del hombre y su cosmovisión, sin ser tan estudiada como otras regiones del país y del mundo, la huasteca integra una riqueza cultural que trasciende tiempos y espacios y que cuestiona la propia arqueología moderna  que degrada formas, pensamientos, percepción de la realidad, valores humanos, inclusive, que muestra el arte huasteco prehispánico como colecciones de otros mundos, como simples objetos de promoción turística, pero no el estudio, el fundamento social y el mensaje  grabado por los virtuosos artistas huastecos.

Una arqueología que ha servido a la depredación, al exterminio de los últimos vestigios de lo que fueron centros interconexión e intercambio cultural como Tabuco;  el puerto más antiguo de la historia en el Golfo de México (INAH), que se ha reducido y está a punto de ser avasallado por la racionalidad economicista dominante.

Las piedras huastecas hablan, lo hace el rostro de oro de pectoral encontrado en las excavaciones de Tabuco, centro urbano antecedente del Tuxpan actual, pero su grito milenario no se escucha por el ruido de una nueva gama de intereses que pretenden que esta ciudad entregue el último baluarte de su fundación, asestándole un hachazo a su memoria histórica.

Las piedras huastecas hablan y exhiben las grandes contradicciones de la sociedad contemporánea.

Las piezas de arte como las piezas arqueológicas así sean de piedra, barro, bronce u oro y de diferentes colores y formas, son mucho más que los materiales que las integran, representan comportamientos, valoraciones, formas de pensamiento, de ver, sentir y percibir su mundo y su contexto, más allá de lo estético representan sociológicamente hablando, una vida humana adjetivada, el pensamiento cristalizado convertido en un objeto material, estas objetivaciones o pensamientos  quedan grabadas en esas piedras, que aunque petrificadas, no permanecen inertes, sino que  se redimensionan como las letras de los libros, cobrando nueva vida aún miles de años después en las conciencias y en las conductas que viven las significaciones insertas en los mensajes y los símbolos de lo que se puede considerar superficialmente solo como un objeto material y  el que esté cargado de visiones y conceptos, que en la posmodernidad pueden llegar a exhibir la propia degradación civilizatoria.

El Adolescente Huasteco

El arte huasteco prehispánico no se debe apreciar en cuanto a lo bello o lo feo, a valores superficiales que observan las piedras arqueológicas solo como un objeto primitivo o artificial como ya lo hemos comentado, estas piezas integran en sí mismas códigos, mensajes, una comunicación que los artistas que la plasmaron buscan su entendimiento, son gritos en el tiempo que llaman a su comprensión y mejor valoración, enseñanzas, y ¿o también advertencias?

La huasteca “el paraíso” para los descubridores de Juan Diego y la Virgen de Guadalupe.

Para antropólogos como Jacques Galinier, esta región por caracteres étnicos fue considerada como “la tierra del amor” así lo suscribió en su obra “La mitad del mundo”, pero para otros investigadores el concepto se amplía, como para Patrick Johansson en el contexto cultural náhuatl prehispánico, es referida por los informantes de Sagahún como Xochitlalpan, Tonacantlalpan (la tierra de las flores, la tierra de nuestros sustentos). Los mismos frailes españoles percibieron a esta comarca como el “paraíso” para los mexicas y hasta en el propio texto Nican Mopohua, que da cuenta de las apariciones de la Virgen de Guadalupe a Juan Diego, se encontró la referencia a la huasteca como “la tierra del cielo”, el paraíso cristiano, el lugar de origen del maíz, el algodón, el pulque, los pescados y las flores, en los momentos en los que en el altiplano central se padecía una crisis alimentaria y la huasteca era casi el edén.  

Las piedras de la huasteca revelan mucho más, pero también reclaman una mayor comprensión y estudio de los sistemas de vida que la presentan, una de las causas más importantes de la desconexión entre arqueología y sociedad en la época actual ha sido precisamente la ausencia de comunicación, de una mejor interpretación del simbolismo y el significado que integran la obra artística prehispánica en la huasteca, lo que ha limitado la potencialidad cultural de la arqueología para reconstruir una serie de diálogos sistemáticamente rotos en el tiempo. “Una acción comunicativa orientada al entendimiento exige sin duda una comunicación en la que se transmitan sentidos; pero esa comunicación debe ser un importante mecanismo de socialización” (Habermas).  

Antiguos códices como el Xólotl muestran la influencia de la cultura huasteca en la conformación de las grandes civilizaciones como los toltecas y los propios aztecas. Xólotl, gran caudillo chichimeca asociado históricamente a la fundación de la gran Tenochtitlan, así como al centro ceremonial de Teotihuacán, estuvo casado con la reina huasteca Tomiyauh de Tamiahua, Xólotl pertenecía según investigadores como Noguera (1950) a la variante de los chichimecas “civilizados”.

Lámina II del Códice Xolotl En el cerro Tenayo, Tomiyauh atrás de su marido Xolotl, abajo dos de sus hijos.

Tomiyauh, cita Mariano Veytia fue una mujer muy poderosa y dotada, gobernante de muchas poblaciones del norte entre las que se destacaba Tamiahua y Tampico, quien se casó con Xólotl, quien con la Emperatriz Huasteca levantó un ejército con avecindados de estas poblaciones, que según los códices haría historia en la conformación de grupos de poder en las culturas del altiplano central, de la laguna de Tamiahua al lago de Texcoco y Tenochtitlan, correría la línea genealógica de estos personajes en el México antiguo.

Las piedras que hablan nos permiten revalorar más la trascendencia de la cultura huasteca como vanguardia mesoamericana, como lo afirma en su obra el historiador y antropólogo José Luis Melgarejo Vivanco, quien destaca según investigaciones arqueológicas fue uno de los primeros asentamientos de los mayas con una clara vinculación con los olmecas, con grandes influencias en culturas como la de los toltecas y los aztecas y la misma triple alianza.

La huasteca es considerada como la esquina noreste de Mesoamérica, una región donde florecieron algunas de las principales civilizaciones de la humanidad como lo afirman investigadores como Peter C.Kroefges y Niclas Shulze, cultura que trascendió por sus expresiones artísticas, pero también científicas.

Estudios realizados por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y por el Instituto Iberoamericano (Ibero-Amerikanisches Institut – Stiftung Preußischer Kulturbesitz) dan cuenta de rasgos arqueológicos distintivos como lo son su arquitectura con plataformas circulares o semicirculares; en la escultura antropomorfa, la alfarería se distingue con la característica de decoración simbólica, en pintura negra o roja sobre fondo blanco, además vasijas, efigies y figurillas de los periodos pre-clásico, clásico y pos-clásico (entre 1500 a.n.e. hasta 1521 d.n.e.), por estas características la huasteca ha sido considerada como culturalmente distinguible dentro del ámbito mesoamericano.

Los huastecos estudiaron la astronomía como lo muestra la Plataforma de Tomohi donde se observa el sol desapareciendo en el Cañón “Puente de Dios” formado en las faldas de la Sierra Madre Oriental.

Para otros investigadores arqueológicos como Kuehne-Heyder, Castrillón Bañes-Muñoz Mendoza, hay un calendario solar (360 días) y uno ritual (260 días) huastecos, fundamentándose en el vocabulario de Tapia Zenteno (1767), Lorenzo Ochoa y Gerardo Gutiérrez manejaron la hipótesis de combinación de calendario solar y ritual en la cosmografía huasteca, basándose en esculturas en piedra como “El Adolescente de Jalpan”, ” El Adolescente de Tamuín”, “La Apoteosis” y la “Lápida de Tepetzintla” así como en el “Monumento de Ahuateno”  y “El Anciano de Sombrerete”.

Lápida de Tepetzintla

Respecto al avance científico de los huastecos con su calendario, Guy Stresser- Pean lo consigna, “La huasteca basaba su religión en su candelario ritual y adivinatorio común a todos los pueblos mesoamericanos, resaltó el que en la región de Tuxpan se pusiera el mercado cada 20 días es la prueba de ello.

Así como la piedra de “Rosetta” permitió en su lenguaje grabado el descubrimiento de la cultura egipcia, de una de las cunas civilizatorias del mundo, las piedras talladas o esculpidas en la huasteca, además de ser un verdadero arte escultórico, demostraron la participación que la cultura huasteca  tuvo en la conformación de otras grandes civilizaciones que florecieron en el México prehispánico que trascendió entre otras cosas también por sus grandes avances científicos como en la astronomía, así lo  demuestra por ejemplo el “monolito 32 de Tamtoc” de 14 metros de ancho y cuatro de largo que es el calendario lunar más antiguo de Mesoamérica.

La mujer se empodera en la huasteca.

La iconografía prehispánica muestra como en el México antiguo como en las principales culturas  ancestrales del mundo por su carácter eminentemente patriarcal a las mujeres se les asociaba con la obscuridad, con el pecado, con la suciedad, una estratificación donde la mujer no contaba en la gobernanza de los pueblos, el hombre era generalmente el centro del poder, la mujer segregada a papeles secundarios en  la gran mayoría de civilizaciones antiguas y todavía presente esta discriminación o marginación política en muchos sectores de la sociedad contemporánea.

Pero la cultura huasteca fue la excepción a la regla como lo recoge Sara Ladrón de Guevara, ex directora del Museo de Arqueología de Xalapa y ex rectora de la Universidad Veracruzana quien detalló en su libro sobre iconografías prehispánicas en la costa del Golfo de México que los huastecos compartían por ejemplo con los aztecas, alguna parte del discurso religioso y mítico que representaba a las deidades con parafernalias similares, pero remarcó, que los huastecos sí reconocían el empoderamiento de la mujer en el ámbito del gobierno o de la religión “quizás por eso, sus conductas fueron criticadas por los aztecas, quienes los acusaron, entre otras cosas, de licenciosos sexuales y de relajados morales; y eso por ser, simplemente distintos”.   

El primero de enero de 2021 en la comunidad de Hidalgo, Amajac, municipio de Álamo Temapache en la cuenca del río Tuxpan, una noticia trascendió en segundos a nivel mundial; el descubrimiento de una escultura huasteca sobre una gran piedra, que según lo consignó María Eugenia Maldonado Vite, investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), correspondía al de una uzum tzalle (mujer gobernante), detalle que fue confirmado por el propio director general del INAH, Diego Prieto Hernández.

 Joven gobernante de Amajac

Pero además de esta joven gobernante huasteca que recién sorprendió al orbe, Ixtlilxóchitl y Mariano Veytia, respectivamente, dan cuenta de  Tomiyauh, gobernante o reina de Tamiahua y Tampico a quien se consideró como lo refieren los códices como una mujer muy poderosa y dotada, señora de muchas poblaciones de la costa norte en el Golfo de México.

Tamazunchale es una importante población huasteca, significa “lugar donde reside la gobernadora”, lo que muestra  la gran participación que tuvo la mujer en diferentes ámbitos en la gobernanza huasteca, en tiempos en los que otras culturas impedían a las mujeres hasta lavarse o bañarse cerca de los pozos de agua porque tenían la creencia de que si alguno de sus cabellos o el agua con jabón llegaba a esta fuente de agua se secaría (Félix Báez-Jorge).

Las esculturas huastecas aún en los formatos de estelas, fueron una forma no solo de legitimar el poder, pero también de proyección de su mensaje cultural que integran sistemas de vida, lo mismo que ideologías, misticismo, su visión del tiempo, el cosmos y su realidad, valores humanos como el empoderamiento de la mujer que a  5 mil años después, siguen siendo temas de avanzada en nuestra “civilización”, en los que todavía hay increíblemente resistencias.

Las piedras de la huasteca y nuevos paradigmas filosóficos.

Las piedras de la huasteca hablan y lo hacen para contribuir a la apertura de nuevos paradigmas, en la perspectiva hermenéutica, en la “teoría crítica” que exige una comprensión del sentido actual e histórico del ser humano y sus acontecimientos, que busque el entendimiento de su totalidad social.

Las esculturas huastecas se abren paso entre el ruido  de la posmodernidad para plantar su mensaje intemporal como la joven gobernante de la cuenca del río Tuxpan de Amajac que se ha posicionado del Museo Nacional de Antropología y está avisado que dominará la vista del paseo más emblemático de México; el del “Paseo de la Reforma”, el jardín que erigió Maximiliano para caminar con Carlota y que en este nuevo régimen junto al “Ángel de la Independencia” podría adquirir una esencia más nacionalista, de un país que se reconcilia con su pasado histórico desvirtuado y minimizado por colonialismos culturales.

Pero los tesoros arqueológicos de la huasteca resaltan su iconografía en el Museo de Arte de Nueva York y más allá de ultramar en el British Museum de Londres, así como en otras importantes galerías europeas y de Estados Unidos que se han apropiado de su patrimonio cultural, esculturas que para Jacques Derrida, son cinceladas sobre  piedra que exigen la búsqueda de los signos, de las huellas, de las ideas de nuestros antepasados prehispánicos.

Tabuco, nuevo centro de resistencia cultural de la huasteca.

En Xalapa la capital del estado de Veracruz, la última sala en el Museo de Antropología en un kilómetro de recorrido, es coronada con lo más representativo de esta región, principalmente del norte de la entidad, donde la cultura se funde con la tradición para conformar del río Tuxpan al Pánuco  una identidad milenaria, una raza que resistió a los imperialismos español, francés y norteamericano, de donde surgió siglos antes figuras míticas como Quetzalcóatl, comparable con los principales héroes de la mitología griega, Dios de la estrella de la mañana, del cielo, de la vida y de la educación de las  principales culturas prehispánicas, al mismo tiempo y de donde están los orígenes de Acamapichtli, primer rey azteca.

Sin embargo, sitios emblemáticos de la cultura huasteca como Tabuco están a punto de su extinción total, intereses económicos  sin ninguna conciencia histórica ni cultural avanzan en su proyecto de avasallamiento y destrucción del antecedente prehispánico en Tuxpan ante la indiferencia de la propia sociedad tuxpeña.

Ya el reconocido antropólogo Roberto Williams García desde 1997 llamó a salvar Tabuco ante su acotamiento por un  desarrollo industrial portuario mal direccionado, el propio Instituto de Antropología de la Universidad Veracruzana en su informe titulado “Rescate Arqueológico de Tabuco” de 37 páginas y 18 fotografías mostró la importancia de este primer asentamiento urbano, centro ceremonial y comercial de los huastecos quienes en este lugar levantaron pirámides y oratorios y desde donde se comerciaba la sal que era transportada por embarcaciones desde Campeche para surtir a toda la región como lo consignó Williams.

Lápida de la Calzada, Tuxpan, Veracruz. Tomada de Graulich y Ochoa, 2003: 102.

La escultura “La Lapida de la Calzada”, encontrada en las inmediaciones de Tabuco,  muestra  con su iconografía para  el destacado arqueólogo tuxpeño Lorenzo Ochoa (UNAM), la participación de este sitio prehispánico en la defensa de la huasteca en las guerras de conquista de los aztecas, con los signos Uno muerte y el de guerra atl-tlachinolli, tal y como aparece en el teocalli de la llamada “Guerra Sagrada” de los mexicas.

Tabuco es en nuestros días centro de resistencia de la cultura huasteca ante la depredación de los intereses  que no ven más allá de su rentabilidad económica que le quieren dar fin a la historia de un pueblo que ha sido epicentro de grandes proyectos por la transformación de México, de Latinoamérica y el mundo.  

Las piedras de la huasteca hablan, reclaman, afirman nuevos paradigmas filosóficos, derechos humanos y como la propia cultura convoca a la praxis a ir de la contemplación a la acción.


Bibliografía.

  • La Huasteca Veracruzana. Época Prehispánica y Novohispana. Joaquín Meade.
  • Historia de Veracruz. José Luis Melgarejo Vivanco.
  • Tamiahua, una historia huasteca. José Luis Melgarejo Vivanco.
  • Sociología. Luis Recasens Siches.
  • De Tabuco a Tochpan, el impacto de la expansión imperial de la Triple Alianza en la región de Tuxpan, Veracruz. María Eugenia Maldonado Vite. Revista Praxis Cultura y Medio Ambiente.
  • La escultura de Hidalgo Amajac, una joven gobernante, no una diosa. María Eugenia Maldonado Vite. Revista Praxis Cultura y Medio Ambiente.
  • Vida, muerte y creencias de la Huasteca posclásica. Claude Stresser-Péan y Sara Ladrón de Guevara.
  • Sonrisas de piedra. Sara Ladrón de Guevara.
  • Los oficios de las diosas. Felix Báez-Jorge.
  • Salven a Tabuco, antecedente de Tuxpan. Roberto Williams García. Revista Praxis primera época, mayo de 1997.
  • Sigue el reto de Tabuco. Roberto Williams García. Revista Praxis primera época, agosto de 1997.
  • La imagen del huasteco en el espejo de la cultura náhuatl prehispánica. Patrick Johansson K.
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