Como a ocho kilómetros al occidente de Xalapa, Veracruz, se encuentra la bella ciudad de Coatepec (“en el cerro de la serpiente”). El antiguo camino que ahí llevaba luce todavía hermosas fincas campestres de los xalapenses, rodeadas de tupidas arboledas y verdes campiñas, destacando las plantaciones de cafetos. Su tinte oscuro y brillante predomina sobre las otras tonalidades del color verde. El cafeto, planta importada de Arabia, encontró en el siglo XIX en nuestro país una tierra fértil y acogedora.
Coatepec se halla enclavada en las estribaciones de la sierra del Cofre de Perote, en el valle del río Metlacalapan. Su clima es cálido y húmedo, con poca oscilación anual, por lo que sus plantaciones de cafetos y naranjales producen la materia prima para su industria que beneficia y envasa, y elabora además vinos y licores. El aromático café recién tostado (simple o con azúcar), invita también a la adquisición de confituras del jamoncillo de pipián, cremas y licores de frutas.
Cuenta, además, con varios invernaderos, siendo los más grandes los de La Purísima y La Providencia, que albergan millares de plantas y flores nacionales o exóticas, gran variedad de orquídeas y jaulas de pájaros de vistosos colores, propios de la región. Sus casas tienen patios con jardines interiores al estilo de España o Italia, con las junturas de las losetas del piso pintadas de azul, rojo o verde.

Cautiva desde allí la vista del Pico de Orizaba o Citlaltépetl (“cerro de la estrella”), el volcán más alto de México, con 5,747 metros de altura y nieves perpetuas, engarzado, casi se diría, en el azul cobalto del cielo veracruzano.
Después de unas dos horas de viaje, entre valles y montañas fertilísimas, se halla a la vista de Fortín de las Flores, cerca de la margen izquierda del río Metlac. Fortín deriva su nombre de una pequeña fortaleza construida en el sitio por los españoles, para proteger las conductas de plata que viajaban a Veracruz, y que ya no existe. Se convirtió después en un sitio turístico famoso por su buen clima, sus paisajes, y la variedad y abundancia de plantas y flores tropicales, que le ha dado su nombre. Tuvo un hotel famoso por su alberca siempre cubierta de perfumadas gardenias. Es muy favorecido por su clima benigno y su belleza, y para adquirir plantas y flores de sus viveros.

La heroica ciudad de Córdoba se halla a sólo quince minutos por una autopista. Se halla situada a la margen derecha del río San Antonio en una zona agrícola con abundante producción de plantas de ornato y frutas tropicales, así como su producción de café y caña de azúcar. Su historia nos relata que el virrey Diego Fernández de Córdoba, marqués de Guadalcázar, ordenó la fundación de la villa de Córdoba de los Caballeros con 30 caballeros españoles y sus vecinos de la villa de Huatusco, que vivían hostigados continuamente por los negros esclavos evadidos de los ingenios de azúcar, o “cimarrones” en las lomas de Huilango (“lugar de las palomas”) a fin de contenerlos, en el año de 1618. Sobra el decir que en esta ciudad de Córdoba se realizó la independencia de México por la firma de los Tratados de Córdoba que pusieron fin a las guerras de nuestra Independencia, entre el virrey español don Juan O’Donojú y don Agustín de Iturbide, en 1821, y cuando, después de asistir a misa, propuso Iturbide: “Desatemos el nudo sin romperlo”, firmando el tratado en las antiguas Casas Consistoriales. Desgraciadamente, debido a la desacralización del malogrado héroe Iturbide, su construcción está casi en ruinas. Así oscila la historia, desafortunadamente.
