Salí este día de la hermosa Xalapa, partiendo de la ciudad por la “Calle de la Preciosa Sangre de Christo”, procedimos nuestro camino sobre la ancha y pavimentada calzada en litera (como se acostumbra en España e Italia), el transporte más común entre Xalapa y Vera Cruz. La persona se acomoda entre dos fuertes palos, asegurados con gruesas correas de cuero a las peculiares sillas de montar de un par de fuertes mulas; la de enfrente es conducida por un hombre que va montado en una tercera mula por un lado; y el animal que va detrás, además de tener su ronzal atado a la parte posterior de la litera, es azuzado con el látigo del conductor, que se halla también a cargo de dos o tres bestias sueltas, cambiándose los caballos de carga cada cuatro o cinco leguas.
El cuerpo del vehículo es suficientemente largo y ancho para que el viajero se acueste sobre un ligero colchón, o se siente bajo un techo que se halla sostenido por pequeños pilares, y se cierra al gusto por medio de unas ligeras cortinas.

El movimiento deja de ser desagradable si las mulas llevan un paso igual. Si una de ellas trota, el efecto es de lo más molesto para el viajero que acaba de entrar a la Tierra Caliente después de haber residido en las regiones más templadas y más elevadas. A las tres leguas […] nos detuvimos en un campo llano llamado “Encero”. Aquí desayunamos, y se unos unieron otras cinco literas que transportaban a una familia nativa a Vera Cruz, que viajaba con una pompa curiosa y monopolizaba la atención y provisiones de los pequeños mesones y tiendas del camino.
Dos leguas más allá está el Rancho de Coral Falso, donde hay un edificio que parece poste de señales, Aquí la pitaya u órgano empezó a mostrarse. La caña de azúcar se cultiva no lejos de la carretera, y al cedro no se le ve más; y cerca de Cerro Gordo abundan los ligeros bambúes con cabañas fabricadas con ellos.
La fuerte lluvia y una fresca brisa me mostraron las incomodidades de una litera: mi colchón se hallaba totalmente empapado y las mojadas cortinas me golpeaban continuamente la cara. A cuatro leguas y medio nos detuvimos y comimos en Plan del Río, con un hermoso puente. Sobre una elevada loma se halla una pequeña fortaleza que fue usada durante la revolución. […] Ascendimos desde la Calera hasta Puente del Rey. Al sur y a corta distancia, se dice que existen muchos ídolos mexicanos, depositados allí por los indios en su conversión al cristianismo. […] Puente del Rey es una estupenda obra realizada por los españoles.

8 de noviembre.- Pasamos sobre el bello puente a las cuatro a.m., hasta llegar a Paso de Ovejas, Como a milla y media a la derecha, sobre el lado noreste, aun pueden verse restos de una antigua ciudad mexicana de extensión considerable, y un conjunto de elevaciones piramidales de tierra y piedras hasta de 12 m. de altura. La carretera se vuelve extremadamente mala en el descenso de la Bajada de Toluma, cruzando un pequeño puente llamado Talón, Grandes parvadas de loros, chachalacas y varias clases de palomas revoloteaban constantemente frente a nosotros por el sombreado camino, donde gozamos de todas las bellezas de la Tierra Caliente.
En un pequeño espacio abierto desayunamos junto a un caserío llamado Manantial, y prosiguiendo nuestra agradable ruta llegamos a las cabañas de Santa Fe, Se dice que de aquí a Vera Cruz hay tres leguas, y de nuevo nos metimos entre la espesura a través de malos, lodosos e inundados caminos. A dos leguas ya escuchábamos el oleaje del mar. Y habiendo emergido de nuestra penumbra y rodeado una gran duna, descendimos a la playa, en la que se asienta un caserío llamado Bengara. Soplaba un fuerte norte, y una fuerte marejada rompía a lo largo de la línea de la costa, mientras el castillo de la isla de San Juan de Ulúa y un grupo de navíos bajo sus murallas, con la ciudad de Vera Cruz al término de la larga línea amarilla de arena, como a una distancia de cuatro millas, formaban un cuadro extremadamente bello.
