Calaveras de María Dolores Bolívar

Dedicadas a hechos de la cultura que requieren atención y aprovechando estos tiempos sensibles en que los mexicanos celebramos la muerte.

La calavera de los museos cerrados

Cerradas están las puertas,
la taquilla está desierta,
los museos mexicanos
tienen la fosa ya abierta.

La Catrina llega armada
con su guadaña de acero,
pero se encuentra el recinto
con presupuesto en el cero.

Ya no hay turno vespertino,
ni fin de semana abierto,
con la “austeridad” de moda
dejaron al arte muerto.

Gasta el gobierno millones
en desfiles y fanfarria,
pero al museo lo matan
de miseria estatutaria.

—¿Qué pasa con la cultura?—
grita una doña apurada,
limpiando con su plumero
la vitrina encochambrada.

—¡Suba por ahí!— sugiere
a oscuras, con gran afán,
pues no alcanza para focos
ni los guardias que cuidarán.

Mientras tanto por las calles
el desfile es puro exceso,
mucha ofrenda improvisada
y pero al museo… ¡ni un peso!

La Flaca ríe con ganas
viendo el Palacio de Bellas:
“Mucho discurso en la tele,
y homenajes sin estrellas”.

¡Ya se murió la cultura!
Ya la llevan a enterrar,
Hacienda le dio el recorte
que nadie va a subsanar.

No le traigan más coronas,
ni discursos de papel,
¡devuélvanle fondos al INAH
para que pueda comer!


Calavera de la Catrina Descomunal

¿De dónde salió esta Parca
de medidas tan extremas?
¿Quién la trajo a mis dominios?
reniega mi flaca en penas.

Todo está hollywoodesco,
no reconozco, mi Xolo;
nos perdimos de repente
en inflado oligopolio.

¿Dónde quedó la fineza
de la pequeña escultura?
Hoy miden la tradición
por metros de bartura.

Prefieren un adefesio
de unicel y de cartón,
que espanta más que la muerte
al centro de la nación.

Que vuelvan pronto los aromas
del cempasúchil y el copal,
que todo tome su tamaño
lejos de este oropel monumental.

Regresa, tierno alfeñique,
miniaturas de mi altar,
¡que a esa calaca de plástico
-made in China-
no le vayan a cantar!


Calavera de la Secuela y el Ratón

¿De qué va el mundo, mi amigo,
si Hollywood remata el alma?
Frente al ultraje, qué digo,
la Parca desboca el karma.

No se vayan con la finta
del gigante comercial,
que nos trastroca la herencia
con su brillo artificial.

Una secuela ya llama
a gritos a esta histeria,
venden la muerte en el cine
mientras el migrante vive la miseria.

Ganan millones de dólares
plagian flor, llanto y copal,
convirtiendo el camposanto
en un vacuo festival.

No vengan con sus mensajes
que son pura falsedad,
discursos de mercadotecnia
que pudren la tradición de verdad.

Si Mousey sigue lucrando
con la ofrenda familiar,
¡esta noche los difuntos
sus pies le van a jalar!


Calavera de las Comiditas y los Chacales

Este año no hubo buñuelos,
ni dulcitos de alegría;
patentaron los fuereños
¡nuestra propia dinastía!

Venden tamales de chivo
y cervezas muy heladas,
con recetas de oficina
que resultan anticuadas.
París, Madrid, Estocolmo,
mi fiesta ya se birlaron,
pero para organizarla
a inexpertos contrataron.

Hacen desfiles de plástico
bajo el cielo del invierno,
¡y confunden la ofrenda
con las transas del infierno!

Bate bate el chocolate,
molendera de mi tierra;
ten cuidado con tu piedra
que los chacales dan guerra.

Ya merodean el metate
con contratos en la mano,
adueñándose del mole
del pueblo mesoamericano.

Dicen que van a “innovar”
la sazón de los abuelos,
y le meten ingredientes
que nos causan desconsuelos.

Vuelven “gourmet” la memoria,
cobran caro la apropiación,
mientras los pobres difuntos
pasan hambre en el panteón.

Aquí te dejo en la ofrenda
mis panes con sus huesitos;
que tu ánima no se pierda
entre rituales hechizos.

Nuestra herencia no es un juego,
ni marca de aparador,
¡a los muertos se les honra
con respeto y con sabor!

Si los “gringos” y “europeos”
siguen robando la mesa,
la Parca vendrá furiosa
a morderles la cabeza.

No habrá patente que valga,
ni dinero, ni contrato,
¡cuando la Muerte los lleve
a cenar al anonimato!


Calavera Presagiosa

En mi bola de obsidiana
ya miré el futuro oscuro:
la Catrina, soberana,
¡se topó con un espuro!

Un chulo de propaganda
se disfrazó de la Muerte,
con su máscara de banda
fue a lucrar con nuestra suerte.

Por favor, te pido, Flaca,
ponle freno a esta intemperie,
que el turista flojo ataca
con el fraude de su selfie.

Que no vengan con espantos
de plástico y de oficina,
mientras atajan los modos
de la herencia más genuina.

Huele a humo de copal,
huelen bien las alegrías,
pero el circo comercial
nos vende puras mentiras.

Ya montaron un tzompantli
de unicel y de pasarela,
explotando hasta a la gran Frida
para cobrar la secuela.

A mis huehues dedico esto,
versos de rima asonante:
¡al intruso le amonesto
que no sea tan ignorante!

Que prospere por el mundo
nuestra ofrenda en libertad,
sin abusos de un segundo,
¡con memoria y dignidad!


¡Calavera del aplauso a los de Janitzio!

Un aplauso pa’ Janitzio,
que corrió con gran presteza
a turistas revoltosos
que no tienen delicadeza.

Con el humo copalero
los mandaron a volar,
pues no conocen el miedo
ni saben cómo rezar.

No pidan explicación,
¡bola de groseros parias!,
esos que mean en los parques
y hacen escenas nefastas.

Resígnense a ver de lejos,
¡cállense para que limpien!,
que si rompen el silencio
los difuntos los embisten.

En el centro de la urbe
James Bond anda merodeando,
con catrinas disfrazadas
mi ritual andan cambiando.

Por culpa de ese gringuito
y un gobierno con delirio,
cambiaron el tierno rezo
por desfiles de martirio.

Zacatecas, de repente,
nos tapizó las plazuelas,
con flores de utilería
que parecen de telenovelas.

¿Qué piensan estos maloras?
su mal gusto da pavor,
¡al altar no lo rescata
su falso y corriente olor!
Que aprendan de los purépechas
a defender la memoria,
¡a la herencia no la compran
con billetes ni con gloria!

Si el turista busca circo,
que se vaya a otra región,
¡que en Janitzio los difuntos
exigen su devoción!

Nota: Esto es ficción. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
No irse con la finta se da por sentado. Si requieren de consejo más allá de lo habitual,
La Catrtina Garbancera será su mejor recurso
.

María Dolores Bolívar
María Dolores Bolívar
María Dolores Bolívar es escritora, periodista y académica, licenciada en Ciencias Políticas por San Diego State University, con maestría y doctorado en Literatura y Estudios Culturales por University of California San Diego, UCSD, con especialidad en Literatura Mexicana y Teoría de la Crítica. Originaria de Hermosillo, Sonora, creció en la Ciudad de México. Fundó un taller de creación literaria y los Jueves Literarios en Ensenada, Baja California. Como periodista cultural independiente trabajó en Zacatecas, donde se desempeñó como editora y reportera del periódico Imagen, La Llovizna y Mi Pueblo, y fundó la columna crítica «La Ruda», que originó la publicación electrónica Olas Civiles. También escribió para los suplementos en español del diario San Diego Union, Enlace y Hoy. Su trabajo académico ha sidopublicado por Texto Crítico, Nuevo Texto Crítico, Casa de las Américas, Olas Civiles, Peregrinos y sus letras, Opera Mundi, Mundana y Culturadoor. Es autora de los libros Río, para después el mar y Mudanzas, empacar lo que no esté roto y contribuyó al volumen Testigos de Ausencias, cuentos y relatos de escritores de la diáspora mexicana de José Mario Martín Flores y José Salvador Ruiz. Otras publicaciones incluyen Calaveras en rima, elegías mexicanas desde el exilio, Zacatecas polvo y luz, Ciudad que se me escapa, De espaldas al mar, Éxodos de ida y vuelta y La palabra (H)era, ganador del primer lugar en poesía del Chicano Latino Literary Prize en 1990. Actualmente es profesora en el Departamento de español y portugués de San Diego State University.

MÁS DEL AUTOR