Haboob en árabe significa viento y se usa también para decir “tormenta de arena”. Dicho término fue acuñado en 1971 por un grupo de científicos en Arizona. Los haboobs ocurren cuando vientos a gran velocidad levantan una considerable cantidad de arena. Pueden ser pequeñas tormentas o tan grandes que cubran hasta un continente. Normalmente ocurren en verano y cada año unos 182 millones de toneladas salen del desierto de Sahara levantando partículas en la atmosfera por días y acarreando arena a los océanos. Pero aunque las tormentas tienen algunas consecuencias negativas, sus efectos también son positivos. En la naturaleza todo está conectado.  

La nube de polvo que salió del Sahara hace unos dias, podía ser vista en imágenes satelitales haciendo un recorrido de mas de 7,500 kilómetros hacia el continente americano, llegando tambien al Amazonas. Los científicos han estudiado este proceso y resulta que el polvo, por sus nutrientes, es benéfico para la jungla del Amazonas.

El desierto del Sahara, según los expertos, nació hace 2 a 7 millones de años. Era una región de sabanas, con praderas, bosques y lagos permanentes. Ese periodo se le conoce como el “Sahara verde” o “Sahara húmedo”. El movimiento de placas tectónicas que crearon el Mar Mediterráneo y Los Alpes, también provocaron la sequía del desierto, de acuerdo a las últimas simulaciones del clima en el mioceno tardío.

En cualquier lugar donde hay agua, surge un organismo 4 veces más delgado que un pelo, llamado diatomea. Existen en cantidades enormes, tanto así que se pueden ver desde el espacio por su color azul turquesa. Les llaman las perlas del oceano. Las diatomeas en los oceanos son las responsables de exhalar oxigeno en cantidades mayores que todos los bosques tropicales del mundo, generando el 20% del oxigeno de la tierra cada año. Donde antes hubo agua, siempre hay fósiles de diatomea, o tierra de diatomea y cada vez que se produce una tormenta de arena, como la del Sahara, 27 millones de toneladas de tierra de este tipo cae sobre la cuenca del Amazonas, volviéndose un fertilizante perfecto.

La jungla del Amazonas juega un papel muy importante para regular los ciclos del carbono y del oxígeno, pues produce casi el 6% del oxigeno del mundo y ayuda a absorber el dióxido de carbono de la atmosfera. Un solo árbol produce el oxígeno que consumen 2 personas. Si el Amazonas tiene 390 mil millones de árboles, significa que produce 20 veces más oxigeno del que necesitan todos los habitantes del planeta.

Pero cuando los arboles de la jungla son talados y los bosques quemados, ese carbono se dispersa en la atmosfera. Las investigaciones recientes apuntan a que el ecosistema del Amazonas podría estar emitiendo más dióxido de carbono del que absorbe, poniendo en riesgo su papel de coadyuvante en la absorción de dicho gas.

En el primer trimestre de 2020, según el Instituto Nacional de Investigación Espacial de Brasil (INPE), la deforestación aumentó más del 50% comparada con 2019, además de que fue un año de grandes incendios. A fines 2019, el INPE reportó alrededor de 80,000 incendios en la región, más de la mitad tan sólo en el Amazonas. Se estima que alrededor de 900 mil hectáreas fueron consumidas por el fuego. Además del impacto que esto tiene en el calentamiento global, el exceso de dióxido y monóxido de carbono que se emite a la atmósfera tiene un grave impacto sobre la biodiversidad de la región y es también una amenaza para las tribus indígenas que ahí habitan.

La tormenta que se aproxima, cargada de fósiles de diatomeas, será benéfica para el Amazonas.

Las tormentas de arena tienen otros beneficios. Las criaturas del mar tambien se nutren de otros minerales, como el hierro, que aporta el polvo del Sahara. Para las diatomeas del Amazonas, que son un tipo de alga unicelular presente en todos los océanos, se trata de un banquete. Así pues, cada respiro que damos se lo debemos a las diatomeas, quienes se alimentan de arena y para quienes la tormenta del Sahara es la tormenta perfecta.

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El 18 de junio el Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED) publicó en su página de internet que la arena que llegaría del Sahara no afectaría a la población. Sin embargo, mencionaron una serie de medidas a tomar si se llegara a presentar una cantidad de arena mayor a la prevista:

  • Las personas con enfermedades respiratorias crónicas (EPOC o asma), adultos mayores, mujeres embarazadas y niños deben usar protectores respiratorios tales como mascarillas o un pañuelo de tela húmedo para cubrir nariz y boca.
  • Si tiene sensación de cuerpos extraños en los ojos, lávese con abundante agua. Es preferible utilizar agua potable, hervida o clorada y lavarse las manos antes de iniciar el procedimiento.
  • Cubrir las fuentes de agua como pozos, recipientes o estanques de almacenamiento de agua para evitar contaminación.
  • Utilizar equipo de protección personal como gafas, cubre bocas o pañuelo de tela húmedo para cubrir nariz y boca.
  • Humedezca el piso de su casa antes de barrer para evitar el levantamiento del polvo que pudiera acumularse en el suelo.
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