Ana S. Chao

La noche del 8 de octubre de 1871 era una como cualquier otra, cuando de pronto una vaca que se encontraba en el establo de la Sra. O’Leary pateó una lámpara de queroseno y comenzó un incendio. La sequía que se sufría en ese momento y los fuertes vientos fueron la combinación perfecta para un desastre de proporciones épicas.

La Ciudad de Chicago ardió por tres días, dejando como saldo 10 km cuadrados, o la tercera parte de la ciudad, reducida a cenizas. Hoteles, tiendas departamentales, periódicos y oficinas de gobierno quedaron destruidas; trescientas personas sin vida y cien mil sin un lugar dónde vivir. Este es el incendio mas famoso en la historia de Estados Unidos.

Chicago después del incendio

La tragedia causó una enorme conmoción. Dentro de las pérdidas mayores estuvieron un estimado de dos a tres millones de libros.

Varios arquitectos de renombre se desplazaron hasta Illinois para reconstruir la ciudad y un británico llamado A.H. Burgess propuso una donación de libros en inglés a través de un artículo en el Chicago Tribune: “Yo propongo que Inglaterra presente una biblioteca gratis a Chicago para que quede como una marca de apoyo en este momento y un recuerdo de una verdadera bondad fraternal para siempre…” ( 7 diciembre 1871) .

Un autor y parlamentario connacional de Burgess llamado Thomas Hughes apoyó el plan. Solicitó donaciones de grandes casas editoriales y muchos ciudadanos prominentes contribuyeron: el estadista John Stuart Mill, el poeta Alfred Tennyson y hasta la Reina Victoria mandaron libros a Chicago. La Reina envió una biografía de su difunto esposo, el Príncipe Alberto, firmada y con una dedicatoria.

La donación, que consistió en más de 8,000 libros mandados desde Gran Bretaña, causó que ciudadanos importantes de Chicago pidieran una reunión abierta para establecer la primera biblioteca pública gratuita, puesto que hasta entonces las bibliotecas eran entidades privadas que requerían del pago de una membresía.

En abril de 1872 el Ayuntamiento de la Ciudad aprobó el decreto, proclamando el establecimiento de una biblioteca pública en Chicago y el 1 de enero de 1873 ésta abrió sus puertas dentro de un enorme tanque de agua que había sobrevivido al incendio.

Exterior del tanque de agua que albergó la primera biblioteca pública de Chicago.

Vista interior de la biblioteca dentro del tanque de agua.

La Biblioteca Pública se mudó varias veces en los siguientes 24 años hasta que, en 1897, encontró su primer lugar permanente. Con un costo de 2 millones de dólares, la nueva sede fue diseñada prácticamente a prueba de fuego por A.H. Coolidge, socio de la firma Shepley, Rutan & Coolidge de Boston. Para su construcción, el Consejo de la Ciudad impuso durante 5 años un impuesto de 1% a todos los ciudadanos. Literalmente la nueva Biblioteca Pública pertenecía a la gente de Chicago y fue así como adquirió el nombre del Palacio del Pueblo.

El edificio abrió y desde el principio fue símbolo del renacimiento de la cultura y la sofisticación de la ciudad. Su estructura de cinco pisos fue diseñada para que pareciera de tres, con una serie de trucos visuales y de composición. Originalmente construido en forma de U, contaba con paredes de 91 cm de grosor hechas de piedra caliza sobre una base de granito. La terminación de este magnífico edificio marco un gran paso hacia la construcción de una de las más maravillosas bibliotecas. La estructura tiene capacidad para 2,000,000 de volúmenes y tiene estantes preparados para 300,000. La colección de libros más grande n la historia es la Bibliotheque Nationale de France, la cual tiene 2,000,000 de volúmenes.

En la entrada original predomina el mármol de Carrera, seleccionado por su acabado matte. También se puede ver concha nácar y piedras preciosas incrustadas en las orillas de las ventanas, en los arcos y en los pisos. El centro tiene una gran escalinata italiana tipo renacentista.

En el cuarto que alguna vez funcionó como Museo de la Guerra Civil todavía se pueden leer, inscritos en hoja de oro sobre las puertas, los nombres de las batallas más significativas de esa lucha. Otro cuarto, donde los veteranos de guerra solían reunirse, se ha convertido en el teatro Claudia Cassidy, nombrado así por una de las críticas más importantes de Chicago.

En el vestíbulo dedicado al Gran Ejercito de la República se encuentra un domo victoriano de 12 metros de diámetro y 50,000 piezas de colores elaborado por George Healy y Louis Millet, éste último fue Director del Departamento de Diseño Decorativo del Art Institute de Chicago.

Aún más imponente que este domo es el que se encuentra en el vestíbulo del Salón Preston Bradley, el cual cuenta con 105 m2 de mosaicos coloridos y 30,000 paneles de vidrio en una superficie de 17 metros de diámetro. Diseñado en 1897 por el mosaiquista J.A. Holzer de Tiffany Glass, se presume que es el domo más grande del mundo en su tipo. Cuando la mayoría de la gente escucha Tiffany le viene a la mente la joyería, pero en el pasado esta compañía era más conocida por su vidrio decorativo. Hoy más de 800,000 personas visitan al año esta obra de arte.

En la base del domo se encuentra una cita del autor británico Joseph Addison en la cual se lee “Los libros son el legado que un gran genio deja a la humanidad, los cuales son entregados de generación en generación como regalos para la posteridad para aquellos que aún no han nacido”.

El edificio de la Biblioteca Pública de Chicago es un símbolo de solidaridad en pro del conocimiento y el desarrollo de la comunidad. La Biblioteca Pública de Chicago permaneció en esta sede hasta 1991, cuando se mudó al Harold Washington Library Center. Muchos de los libros donados para la primera biblioteca después del incendio se encuentran ahí y se pueden consultar de manera gratuita, abriendo el conocimiento a personas de cualquier condición social.

En 1996 Bill Gates anunció el regalo de $1 millón de dólares en software y entrenamiento para la bibliotecarios. Con esta donación fue posible conectar por internet a esta Biblioteca con otras 81 bibliotecas de Chicago.

En México la primera biblioteca pública fue la Biblioteca Palafoxiana en Puebla, donada a la ciudad en 1646 por el Obispo de Puebla, Juan Pablo de Palfox y Mendoza, amante de los libros.  Esta biblioteca, nombrada en el 2005 por la UNESCO Memoria del mundo, es considerada una de las primeras en el Continente Americano. Tiene mas de 45,000 libros y manuscritos.

Palafox alguna vez dijo:  “Aquel que logra ser exitoso sin los libros estará en una inconsolable oscuridad, en una montaña sin compañía, en un camino sin báculo, en la oscuridad sin un guía”.  Palafox donó 5,000 de sus libros y manuscritos al Colegio de San Juan, fundado por él mismo, con la condición de que estuvieran disponibles para el público en general. Escribió “Es muy útil y conveniente que haya en esta ciudad y reino una biblioteca pública, donde todos los tipos de personas puedan acercarse a estudiar como lo deseen”.

Las bibliotecas públicas son espacios vitales para la comunidad. En ellas la gente se puede sentir segura y superarse a través del conocimiento. Es interesante ver cómo a partir de una tragedia, en el caso de Chicago, un incendio fue motivo para darle a la ciudad una de las mejores bibliotecas del mundo.


En Tuxpan, hay dos bibliotecas que reciben libros en donación y tienen el programa “Mis Vacaciones” para fomentar la lectura en los niños.

Biblioteca Ángel Saqui lunes a viernes de 9 a 20 hrs y sábados 9 a 13 hrs. Tel. 783-83-46180.

Biblioteca Santiago de la Peña (Artesanos 16) lunes a viernes de 9 a 20 hrs. Tel. 783-83-78754

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