A la memoria de
mi abuela paterna,
Ginette Straton,
que en los años de la ocupación alemana,
leía novelas en su trabajo:
(la oficina postal de Éguilles, Aix-en Provence)
y que adoraba leer a Albert Camus.

Juan Francisco Hernández

“Has escrito un libro grandísimo,
los niños podrán volver a crecer,
las quimeras respirarán…
nuestro tiempo ciertamente te necesita,
te envío toda mi afectuosa admiración”.

Carta de René Char a
Albert Camus.

Volvamos a esos días en los que todavía había héroes… “Enséñame un héroe y te escribiré una tragedia” (dijo, Francis Scott Fitzgerald).


El héroe

Imaginemos por un instante la vida de este niño, Albert Camus, nacido en 1913, en Argelia (colonia francesa por aquel entonces). Vive en una pobreza áspera, con su familia, en un barrio miserable de la ciudad de Argel. Edificios grises y apilados que arden bajo el sol del Mediterráneo. Hijo de un campesino y de una empleada doméstica (femme de menage). En 1914 estalla la I Guerra Mundial. Su padre va al frente y muere. Ese suceso marcará el resto de la vida de Albert Camus.

Catherine Sintès, la madre de Albert Camus.
Lucien Camus, el padre de Camus.

Es un niño especial. En la escuela, un estudiante destacado. Su profesor de primaria, Louis Germain, descubre su aguda inteligencia, su sensibilidad, su talento. Este profesor le mostrará el mundo de la literatura y lo seguirá alentando a estudiar. El joven Camus también juega al fútbol, en las calles, y su destreza lo lleva más lejos: el equipo juvenil Racing Universitaire d’Alger, donde tal vez tenga un futuro brillante. Es pobre, pero es guapo, culto y simpático. Lo sabe y pronto aprende a seducir a las chicas. Pasa mucho tiempo en la playa y en la ciudad con sus conquistas. En bachillerato, de la mano de su profesor de filosofía, Jean Grenier, estudia a los estoicos griegos. Lee a Nietzche, a Kafka, a Dostoievsky.

El sueño de convertirse en futbolista se trunca con la llegada de una terrible enfermedad: la tuberculosis. El joven Camus se derrumba en medio de un partido de fútbol. Tose sangre. En una radiografía el médico le muestra sus pulmones. Su pulmón derecho está muy dañado y, como todos los tuberculosos de aquella época, está condenado a muerte (A Camus “se le ha deparado un destino de héroe y el destino de los héroes nunca es feliz. Es trágico en todas las ocasiones”). En lugar de venirse abajo, igual que hiciera Sísifo (mito al que Camus haría referencia años después en su ensayo El Mito de Sísifo), Albert Camus coge su roca, se la echa sobre la espalda, y se dispone a subir la cuesta. Es enviado a un sanatorio. Lee a Kierkegaard. Hace conciencia de que en cualquier momento puede morir. Opuesta a la vida, la muerte para Camus significa sucumbir al absurdo. La muerte es la incapacidad humana para replantear la verdad subjetiva de la propia existencia. Igual que Kierkegaard, Camus piensa que el ser humano debe ir hacia esa verdad (su propia verdad), sin vacilar un instante.

Louis Germain, profesor de primaria de Camus
Jean Grenier, profesor de filosofía de Camus.

Se gradúa en filosofía y escribe una tesis sobre la relación que hay entre el pensamiento clásico y el cristiano, a partir de los textos de Plotino y San Agustín. Quiere ser profesor, pero la tuberculosis le impide acceder a una plaza. Se hace periodista y empieza a escribir para diarios locales. También escribe ensayos sobre la vida en Argelia. Una Argelia dividida: los que quieren, a sangre y fuego, una Argelia francesa, y los que quieren una Argelia en la que franceses y argelinos convivan en armonía. Camus pertenece al segundo bando.

En 1935, los comunistas prometen la creación de sociedades más justas, libres de clases sociales. Se une al Partido Comunista. Escribe una obra de teatro en la que apoya a los republicanos de España y critica a la dictadura franquista. Se siente cercano a España, su madre tiene origen español, así que él es un poco ibérico también. No tarda en darse cuenta de que en Moscú no tiene ningún interés genuino por la pobre Argelia y, decepcionado, abandona en 1937 el Partido Comunista.

Tiene veinticuatro años cuando empieza a escribir los artículos que, en 1954, formarán el libro El verano. «Para comprender el mundo, a veces es necesario apartarse de él», escribió Camus, «Lo que se opone aquí es la magnífica anarquía humana y la permanencia de un mar siempre idéntico».

Empieza a colaborar en un diario nacional. En junio de 1939, viaja a Kabila durante algunas semanas, y denuncia la explotación colonial que Francia ejerce en su tierra. A diferencia de Marruecos y Túnez, Argelia tiene una población importante de pied noir o colonos franceses y, aunque éstos sólo constituyen el 10% de la población total, son dueños del 90% de las tierras. Muchos de los pied noir son descendientes de los refugiados franceses que huyeron de Alsacia y Lorena, luego de ser éstas anexionadas a Alemania, tras la guerra franco-prusiana de 1871. Lucien, el padre de Albert, era uno de esos pied noir alsacianos. Sin embargo, Lucien, a diferencia de muchos colonos, estaba empobrecido. En realidad, en los años de juventud de Camus, Argelia no es considerada una colonia, sino una parte de la Francia metropolitana. Eso le confiere una sofisticación particular, con relación a los territorios catalogados como colonias. En las publicaciones de aquellos años, Camus se pronuncia porque todos los ciudadanos del país, incluidos los árabes musulmanes argelinos, tengan derecho al voto. Denuncia la escasez de escuelas y de hospitales, se queja del hambre que impera a lo largo de todo el país y de la falta de un genuino interés de Francia y de los demás países occidentales en Argelia. En suma, Camus lucha en contra de la inequidad que existe entre los pueblos originarios y los colonizadores. Las ideas de la Revolución Francesa no llegan a los más pobres.

Ese mismo año, el estruendoso ruido provocado por las botas de las huestes de Hitler y de Mussolini revienta el pavimento. Japón ocupa a China. El Führer lanza su bestial ofensiva en contra de Polonia; la aplasta en sólo 63 días de asedio. Camus, desorientado, viaja a Francia, pero regresa a Argelia otra vez, en 1941. 

Hitler y El Duce.

A los veintisiete años, Camus se casa con Francine Fauré, profesora de música y matemáticas nacida en Orán, pero de origen francés.

Francine Fauré, Albert Camus y sus gemelos: Catherine y Jean.

Desde 1940, Francia ha sido ocupada por los nazis. En 1942, Albert Camus publica El Extranjero, la novela que cambiará su vida y que lo pondrá en la cúspide de los escritores de todos los tiempos. Ahora Albert vive en París. El personaje de la novela se llama Mersault. Es el prototipo de un hombre que está “loco de sinceridad”; un marginal, repugnante a los ojos de la mayoría, que no encaja en la sociedad, ya que, a diferencia de sus semejantes, que mienten todo el tiempo para guardar las apariencias, dice la verdad, aunque su verdad sea cruda y escandalosa. Mersault es llevado a juicio y sentenciado a la pena de muerte. No obstante, la paradoja de Mersault (extranjero en este mundo), reside en que es sentenciado, más que nada, por su indiferencia, no tanto por el asesinato que cometió. La novela es fuertemente elogiada por el reconocido novelista, aventurero y político André Malraux, y publicada por Gallimard. Se convertirá en una de las novelas más leídas y más aplaudidas de Francia y una de las más importantes del siglo XX. En la década de 1960 (después de la muerte de Camus), muchas generaciones de rockeros y de rebeldes libertarios, se identificarán con Mersault, el antihéroe de Camus, y con su autor.

El Extranjero, edición de Gallimard.
André Malraux y Albert Camus, 1959. 

En 1943, Camus empieza a colaborar en Combat, una publicación al servicio de la resistencia francesa. Es el nuevo jefe de redacción. Esto supone un alto riesgo a su vida. Su trabajo está enfocado en denunciar la barbarie del régimen nazi. En una de sus publicaciones, narra con detalle la espantosa ejecución de 86 prisioneros. También publica Cartas a un amigo alemán, un texto que representa un llamado a la reconciliación, donde le explica a un amigo alemán imaginario, que ellos perderán la guerra porque están cargados de odio. En estos textos afirma que la violencia es siempre inaceptable, aunque no siempre inevitable.

En 1945, Camus se anticipa a la amenaza nuclear, poco antes de que los americanos lancen la bomba atómica sobre la ciudad de Hiroshima, que pondrá fin al mayor conflicto bélico de la historia.

En la Francia de la postguerra, Camus frecuenta los cafés de los intelectuales en Saint-Germain-des-prés. Es la época de la bohemia y del jazz. Las nuevas ideas revolucionarias empiezan a germinar. Los artistas y los intelectuales se dan cita en el Café De Flore. Camus se reúne en el Barrio Latino con otros artistas e intelectuales, entre ellos, Jean-Paul Sartre, padre del existencialismo y con su mujer, Simone de Beauvoir. Son muy buenos amigos. Se admiran. Elogian sus obras. Son los Rock Stars de los años cincuenta. Dos de los filósofos y pensadores más importantes de la época y de todos los tiempos. Empero, además de ser pensadores de izquierda, no tienen mucho en común. Camus es un provinciano que pasó una gran parte de su vida lleno de privaciones, mientras que Sartre es un burgués que tuvo acceso a la mejor educación de la época. Mientras que Camus se enfrentó a los alemanes a través de Combat, Sartre, en cambio, aunque no era colaboracionista, llegó a publicar algún artículo en un diario de colaboracionistas y montó una obra de teatro en la época de la ocupación. Tras la liberación de Francia, Sartre pide la pena capital para los colaboracionistas, pero Camus se opone a esta medida. Esa fue su primer diferencia. La gota que derramó el vaso de agua, sin embargo, llegó en 1951, cuando Albert Camus publicó un artículo titulado: El hombre rebelde, en el que criticaba al estalinismo. El hombre rebelde era el hombre al que aspira Camus: un ciudadano libre, dueño de su propia conciencia, que esté por encima de fanatismos y de ideologías fascistas y comunistas. Desde Temps Modernes, revista que dirige Sartre, éste último lanza un duro ataque contra el artículo de Camus. Albert Camus publica una réplica. Sartre se refiere a Camus como a un «traidor de la clase obrera» y Camus le recrimina, públicamente, estar lejos de haber sido un héroe durante la ocupación alemana. En su novela Les mandarines, Simone de Beauvoir ridiculiza a Camus. Habrá que esperar mucho tiempo para que la crítica de la razón a Camus, cuando se hagan públicos los terrores que se vivieron en los campos del Gulag soviéticos y cuando los peligros del totalitarismo se hagan evidentes. Tras la muerte de Camus, Sartre mostrará su admiración por la calidad literaria de la obra de Camus y se referirá a él como a «su último mejor amigo».

El autor de este artículo. Café De Flore, París, 2015.

Estocolmo, 10 de diciembre de 1957. Afuera del recinto, antorchas iluminan la noche. Acicaladas con trajes de etiqueta, no dejan de entrar cientos de personas. Adentro, la asamblea, los invitados, un mundo de gente, incluyendo, por supuesto, a la familia real sueca. Albert Camus está acompañado de su mujer, Francine. Los dos sonríen. Él tiene 44 años (es el galardonado más joven de la historia, después del escritor inglés, Rudyard Kipling), aunque parece algo mayor: tiene pronunciadas entradas en la cabeza, se le han formado bultos debajo de los ojos, se le marca el seño fruncido y se le han formado algunas arrugas. Lleva puesto un smoking de color negro, la camisa y el moño de la corbata son blancos. Dentro de ese traje de etiqueta yace un hombre que detesta lo mundano. Entre otras cosas, le cuesta trabajo dar entrevistas.

Antes de que la Academia le entregue el Premio Nobel de Literatura, Camus piensa en su madre, Catherine, la mujer analfabeta que nunca abandonó Argelia. Él es leal a sus origen y su origen es su madre.

El autor de Archipiélago Gulag, Aleksandr Solzhenitsyn (Premio Nobel de literatura, 1970), uno de los más férreos denunciantes de la represión política de la URSS, afirmará años después, que el discurso que pronunció Camus, al recibir el Premio Nobel de Literatura, ha sido el más hermoso de todos los discursos en la historia del galardón. Días más tarde, después de la ceremonia, Camus escribe una carta de agradecimiento a su maestro de primaria, Louis Germain.

La tragedia

Albert Camus es enérgico y disciplinado. En casa, exige a sus gemelos (Catherine y Jean), que ya tienen 14 años), hablar correctamente el francés y tener modales en la mesa. Pero también es afectuoso con ellos y, en todo momento, les enseña a respetar a los demás, y a ejercer su libertad, pero con responsabilidad. Ninguno de los dos está muy consciente de que su padre es un hombre célebre en Francia y en todo el mundo. Aunque es una leyenda, él nunca les habla de eso. Aunque algunas veces se ve triste, hace todo por relajarse, por pasarla bien. Es un filósofo que cree en la felicidad. Muchos lo creen arrogante y banal, pero en el fondo es un hombre profundamente sencillo. “Un provinciano” como se referirá a él, el filósofo rumano E.M. Cioran, recordando el único día que se vieron y cruzaron algunas palabras.

Albert Camus ama a su esposa, Francine. Ella ha estado con él en las buenas y en las malas. Pero tiene una fuerte debilidad por las mujeres. A pesar de todo, el seductor Camus, ha preferido que Francine sepa de la relación que tiene con su amante. A ella también la adora. Se llama María Casares; una actriz española. Están juntos desde 1944. Se conocieron durante los ensayos de El malentendido.

Albert Camus y María Casares

El 3 de enero de 1960:

Albert Camus está en Lourmarin acompañado de sus hijos, Catherine y Jean, de su esposa, Francine, de su amigo y editor, Michel Gallimard, de la mujer de Michel, Janine y de su hija, Anna.

—Detrás de esa montaña está el mar y, detrás, Argelia —le dice Camus a su hija, Catherine. 

Este mismo día, Camus, en el diario, lee una noticia en la que se asegura que la muerte del ciclista Fausto Coppi (que ha muerto hace dos días), ha ocurrido debido a un accidente vehicular (la noticia resulta ser falsa, pues ha muerto de una enfermedad).

—No conozco nada más idiota que morir en un accidente de auto —dice Camus a su familia y amigos.

Su esposa y sus hijas regresan a París en tren. Camus tiene un ticket para regresar con ellas. Sin embargo, de último momento, prefiere regresar con Michel y la familia de éste. Acuerdan que Francine y sus hijos regresen en tren.

El 4 de enero (un día después) :

Albert Camus y Michel Gallimard desayunan en el Hôtel de Paris et de la Poste, de Sens. Camus viaja en el asiento del copiloto del Facel Vega FV3B, de Michel Gallimard. Gallimard conduce. Acelera a 180 kilómetros por hora. Recorren la carretera de Borgoña. En el asiento trasero, viajan la esposa y la hija de su amigo (Janine y Anna). Circulan sobre una larga recta y no se vislumbra ningún obstáculo a lo largo del camino.

Un neumático estalla.

Enseguida, el automóvil colisiona contra un árbol y se parte en tres pedazos (el accidente se registra a las 13:55).

Albert Camus muere en el momento. Tiene 47 años.

Janina y Anna sobreviven. Michel Gallimard muere algunos días más tarde, en el hospital.

Dentro del automóvil descubren su último manuscrito, titulado: El primer hombre, dedicado a su madre (en la dedicatoria dice algo así: «A mi madre, quién nunca lo podrá leer, porque es analfabeta»), un libro extraordinario que habla de los orígenes de Camus. 

Albert Camus y Michel Gallimard, horas antes de su muerte.

El 4 y el 5 de enero velaron el cadáver de Albert Camus en Villeblevin. Está enterrado en Lourmarin, el sitio en el que el escritor sentía como una segunda patria. Francine está enterrada junto a él. Sobre su tumba física los visitantes dejan piedras, mensajes y flores. Pero la verdadera tumba de Camus no es esa, es el universo.

Quisiera que Albert Camus pudiera escuchar mis palabras de admiración, aunque éstas no significaran mucho. Desearía que, cada vez que leemos a un escritor fallecido, lo despertásemos de su muerte y lo invitásemos a sentarse junto a nosotros.

Ojalá que supieras, Albert Camus, que nuestro tiempo ciertamente te necesita.

Combat anuncia la muerte de Camus.
Imagen del trágico accidente donde perdieron la vida A. Camus y M. Gallimard.
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Nació en la ciudad de México en 1971. Es tuxpeño por adopción. Sobrino-nieto de Enrique Rodríguez-Cano, durante su adolescencia, vivió en el puerto de Tuxpan, donde estudió parte de la secundaria y de la preparatoria, y donde también trabajó en los ranchos ganaderos, “Los Rodríguez” y “Los Higos”. Más adelante, estudió la licenciatura en administración, una maestría en administración pública y ciencias políticas y cursó, parcialmente, el doctorado en letras modernas. Tiene cursos y diplomados en economía, finanzas bursátiles, creación literaria y guion cinematográfico. Ha dividido su carrera profesional entre el sector bursátil, la literatura, la fotografía documental, la fotografía de retratos y la fotografía urbana, y la docencia. Entre 2005 y 2006 colaboró como promotor cultural en el gobierno municipal de Tuxpan. Ha publicado cinco novelas cortas y un libro de cuentos (con los pseudónimos Juan Saravia y Juan Rodríguez-Cano). Ha publicado más de treinta relatos cortos en diversas revistas especializadas y más de un centenar de artículos. Ha ganado diversos premios literarios, entre ellos, el «XIV Premio de Narrativa Tirant lo Blanc, 2014», del Orfeó Català de Mèxic. Su novela «Diario de un loco enfermo de cordura», publicada por Ediciones Felou, en 2003, recibió una crítica muy favorable por parte de la doctora Susana Arroyo-Furphy, de la Universidad de Queensland, Australia, y su novela «El tiempo suspendido» fue elogiada por la actriz mexicana, Diana Bracho. Su novela anterior y la novela «La sinfonía interior», publicada por Ediciones Scribere, en Alicante, fueron traducidas al francés y publicadas en Paris, Francia. Ha sido colaborador del diario Ruíz-Healy Times (México), El Diario de Galicia (España), Revista Praxis (Tuxpan, México), Diario Siglo XXI (Valencia, España), Revista Primera Página (México), El coloquio de los perros (Cartagena, España), Revista Nagari (España), Revue Traversees (Luxemburgo-Bélgica), y otros medios. Desde hace 11 años vive en Bélgica, donde es profesor de español (titular de la maestría, por parte del Departamento de Idiomas), orientado a estudiantes de ciencias políticas, ciencias de gestión y ciencias humanas, en la Universidad Católica de Lovaina.

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