En perfecta sintonía con Reyes Heroles, al menos en este punto, Echeverría Álvarez decidió romper relaciones con el gobierno dictatorial en noviembre de 1974.[16] Más que de golpe o intempestiva, esta ruptura fue, en realidad, gradual, toda vez que México había retirado del territorio chileno al Embajador Martínez Corbalá y lo había reemplazado con Reinaldo Calderón, en calidad de Encargado de Negocios.
Su pensamiento estuvo dominado por dos ideas centrales: el impacto del liberalismo en México -más como filosofía política y social, que como teoría económica- y la razón del Estado, que enmarcan una tercera constante: la separación de la iglesia y el Estado. Qué mayor homenaje a Reyes Heroles que intentar aplicar su método de raciocinio para analizar la situación actual.
Como todos sus discursos, el último de Jesús Reyes Heroles, pronunciado en la Ciudad de Poza Rica el 18 de marzo, es fundamentalmente polémico y mordaz. El párrafo que más ha sido destacado por los comentaristas resume su tónica: “En lo que toca al sector privado, que reinvierta en vez de despilfarrar, pague impuestos satisfactoriamente, cumpla la legislación social y se olvide de los sindicatos blancos.
La caja de herramientas que traía cargando esta suerte de plomero de la política que fue don Reyes Heroles estaba hecha con llaves, piezas y pinzas fraguadas por Francisco Zarco, Benito Juárez y Sebastián Lerdo de Tejada, aceitadas por el pensamiento de José María Luis Mora, galvanizadas por la experiencia política contemporánea hispanoamericana y en particular española.