En memoria del coronel Alfredo Valdez, servidor público ejemplar a quien se llevó la pandemia


La obra del político veracruzano es una memoria para México.
La personalidad del político veracruzano fue fundamentalmente plural.
La pluralidad de Jesús Reyes Heroles era tal que manifestó simpatía por los opositores de su ideología. En Reyes Heroles encontramos al político, al intelectual, y, sobre todo, al historiador. Es muy difícil que se dé una vinculación entre el político y el escritor como la que se dio en Reyes Heroles.

—OCTAVIO PAZ

Se ha escrito tanto sobre don Jesús que parecería imposible añadir algo valioso. Resulta muy fácil reproducir lugares comunes o citar una anécdota, por lo regular enteramente ficticia. No habría sido esto del agrado de Reyes Heroles. Su ruptura con las prácticas convencionales empezaba por no consentir la formación de un grupo de aduladores alrededor suyo. “No tenía grupo político” me decía uno de sus subsecretarios. Le irritaba cuando alguno de sus colaboradores se creía indispensable, de modo que no repetía gente, pues él exigía resultados concretos en áreas específicas. En cada una de sus altas responsabilidades, pocos fueron capaces de acompañarlo más de una vez. Unos cuantos, como el coronel Alfredo Valdez Rivas, su guardaespaldas, chofer y hombre de confianza, o don Ernesto Álvarez Nolasco, su simpático y eterno enlace con los medios de comunicación, quien suplía la falta de carisma de Reyes Heroles.

Hay personajes excepcionales en la historia de México que fijan criterio en la aspiración de construir una vida pública más digna. Uno de ellos es Jesús Reyes Heroles. Habré de referirme a 3 contribuciones suyas a nuestra cultura política. Primero, la encarnación de un tipo ideal del político según la cual, éste debería ser un hombre de sólida formación intelectual. Segundo, la irrevocable apuesta discursiva liberal, pero con sensibilidad social, en la construcción del México moderno. Finalmente, su disposición a perder o renunciar a los puestos más altos por decoro y congruencia.        

La formación intelectual

Jesús Reyes Heroles no era simplemente un abogado culto, ni un gran especialista restringido a un área técnica (tecnócrata les dicen), era un político por los cuatro costados y un intelectual de peso completo. Sus voluminosas obras completas evidencian lo anterior, a la vez que testimonian su inagotable pasión por la alta política. La irrupción de un estadista como don Jesús en la escena pública no fue fruto de la casualidad, sino de la lectura voraz de la historia. Dice en su discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Historia:

Por vocación o equivocación, arribé a la historia buscando explicaciones al mundo en que vivía. ¿Podía la revolución en que nací y me desarrollé ser producto de generación espontánea? Llegué al siglo XIX mexicano, comprobando la unicidad de la historia, de adelante hacia atrás o de atrás hacia adelante, en un perpetuo remontarse o aventurarse. El período, una vez iniciado su estudio, tuvo otro singular atractivo, estrechamente ligado con el tema central de estas palabras: tratar con hombres que hacían la historia y también la escribían.

Dueño de una curiosidad amplísima, en sus ensayos y discursos uno se topa con las más asombrosas referencias lo mismo a Mariano Otero que a Cicerón, Maquiavelo, al comunicado de una asamblea internacional, un personaje olvidado de la historia de México, un panfleto liberal del siglo XIX o los estatutos de algún partido político europeo. Desfilan por sus páginas José Ortega y Gasset, Montaigne, algún indigerible filósofo alemán, las finanzas públicas, las contribuciones tecnológicas japonesas, las revoluciones inglesa, francesa, rusa, china y evidentemente la mexicana. Hijo del nacionalismo revolucionario en lo político, en el plano intelectual su pensamiento evolucionó al universalismo cultural.

Reyes Heroles no era el típico político mexicano que cita autores que no conoce para impresionar al público. En su voz habla siempre el pedagogo, el profesor de Teoría del Estado. Lo fundamental es la contribución de don Jesús para crear un modelo aspiracional en la política de habla hispana. El estadista que goza de respeto por su actuar público y sus alcances culturales. Ése capaz de tener interlocución con círculos intelectuales mexicanos y españoles, como atestiguó en sus memorias Enrique Tierno Galván.

Un liberal con sensibilidad social

Algunos estudiosos del liberalismo afirman que la obra historiográfica de Reyes Heroles, El liberalismo mexicano, ya está superada. Otros ven con recelo las desviaciones de don Jesús respecto de la ortodoxia internacional. La variante mexicana del liberalismo que Reyes Heroles postula conceptualmente, el liberalismo social, tiene mala prensa.

Jesús Reyes Heroles no era un liberal de gabinete o un autor desconectado de la calle, sino un político de tiempo completo, forzado a enfrentar la realidad mexicana. Él no pensaba en la pureza teórica de un Isaiah Berlin o un Raymond Aron, sino en las necesidades de un programa de contenido liberal para responder a los enormes rezagos de México. En un discurso de 1972, decía:

Sin fronteras infranqueables para las ideas y prácticas provenientes del exterior, pues no existen y en ninguna parte las hay, aprovecharemos de fuera, cribando, seleccionando lo que nos pueda ser útil no calcando, esto es, no haciendo copias exactas de lo externo, sino adaptando, mediante el proceso de asimilación, que incorpora y desecha.

El liberalismo mexicano precisaba contenido social sencillamente por la existencia de millones de pobres en el país. Aunque no le cuadre a los teóricos, Reyes Heroles es un liberal semejante al presidente Franklin Delano Roosevelt del Discurso de las Cuatro Libertades, al primer ministro liberal David Lloyd George, precursor del sistema británico de salud pública, o al primer ministro William Lyon Mackenzie King, creador del estado de bienestar canadiense.

Reyes Heroles no solía identificarse con referentes anglosajones. Le hubiera gustado que lo emparentaran con su admirado Manuel Azaña, pero Azaña, grande como fue, perdió una guerra. En cambio, Reyes Heroles fue un político triunfador, constructor exitoso de instituciones a la manera de los arriba citados, preocupado por los sistemas de salud pública, como demuestra su brillante paso por el Instituto Mexicano del Seguro Social, del que casi nadie habla. Al respecto, es conveniente leer la conferencia que Jesús Reyes Heroles sustentó sobre el pensamiento político y económico del partido laborista británico en 1950 para la revista Cuadernos Americanos de Jesús Silva-Herzog.

En diciembre de 2020, Timothy Garton Ash publicó en la revista Prospect, un larguísimo ensayo sobre el futuro del liberalismo. ¿Qué propone para la supervivencia del ideario liberal en un mundo poblado por populistas y el totalitarismo chino? Dotar de contenido social al liberalismo. Un intelectual británico recién descubre lo que Reyes Heroles ya postulaba como imperiosa necesidad desde hace 7 décadas…

Los políticos mexicanos cambian de partido con tal frecuencia, que despojan de seriedad la vida pública. Desde el principio hasta el final de su carrera, Jesús Reyes Heroles militó en el PRI, cuando esto aún significaba algo. Así definió la historia de su partido en un discurso:

Nacimos para institucionalizar las fuerzas revolucionarias mexicanas. Nacimos para que México entrara de lleno en la vida institucional y superara el caudillismo. Nacimos, incluso, para institucionalizar fuerzas contrarias al ideal revolucionario y lo hemos logrado. Nacimos para que, dentro de la estabilidad y la paz orgánica, continuáramos mediante la vía institucional y la vía legal, transformándonos, modificando nuestras instituciones con instituciones y al través de instituciones cambiando nuestras leyes con las leyes y por la vía legal.

En varias ocasiones Reyes Heroles tuvo diferencias graves con la mismísima Presidencia de la República. Hubieran podido recibirlo en otros partidos, pero Reyes Heroles no buscaba fama. En la época del autoritarismo hiperpresidencialista, cuando casi nadie se atrevía a contradecir al titular del ejecutivo, don Jesús no guardó silencio ante lo que consideró erróneo.

Renunciar en beneficio de la república

En el sexenio de Luis Echeverría, Reyes Heroles fue presidente del PRI y falló en su tentativa de promover democracia interna en el partido. El presidente Luis Echeverría quería ejercer el dedazo para seleccionar a los candidatos y perpetuarse en el poder mediante una reelección prohibida por la constitución. Pero primero necesitaba colocar gobernadores leales a su persona, que no a un proyecto. Don Jesús se le atravesó continuamente.  

En 1974, en Veracruz, la tierra de Reyes Heroles, el gobernador Rafael Murillo Vidal, con el visto bueno del presidente Echeverría, impulsó a su secretario de gobierno, Manuel Carbonell de la Hoz, para tomar por asalto el comité ejecutivo estatal del PRI. Ahí puso a circular su nombre como candidato a gobernador. No se consultó a don Jesús, quien preparó su contragolpe en los medios de comunicación. Convocó a Ángel Trinidad Ferreira, célebre periodista del Excélsior, en esa época el diario de referencia nacional. Reyes Heroles fingió que el periodista lo acosaba al salir de un restaurante. Le preguntaron a don Jesús “¿Qué opina el presidente del PRI sobre la candidatura de Carbonell de la Hoz a la gubernatura de Veracruz?” La respuesta se convirtió en el titular de primera plana en la edición vespertina del Excélsior “Yo como veracruzano, no he votado por él.” El escándalo fue tal por el supuesto desacato a la disciplina partidista, que Reyes Heroles tumbó la candidatura de quien probablemente hubiera simpatizado con la reelección de Echeverría. A la postre, el candidato y posterior gobernador de Veracruz fue Rafael Hernández Ochoa.

Las aspiraciones reeleccionistas de Echeverría eran cada vez más claras. Don Jesús se le puso enfrente a sabiendas de que podía costarle caro. Desde sus primeros discursos, marcó distancia “Somos el partido en el gobierno, pero no somos el gobierno. Debemos ser la vanguardia del gran pueblo mexicano. Los hombres en el gobierno no pueden hacer todo…”.

Cuando las aspiraciones de Echeverría a reelegirse empezaron a circular en los medios de comunicación, Reyes Heroles aprovechó un aniversario de la Constitución de 1917 para pronunciarse:

Aprendimos a no reformar para un hombre, por históricamente conveniente que parezca, a saber, que reformas hechas para personas niegan principios, quebrantan instituciones y nos apartan de nuestro sendero… aquellos aturdidos que pretenden la reelección lesionan a la Revolución, niegan nuestras instituciones y ofenden al revolucionario Luis Echeverría.

Descalabradas las intenciones reeleccionistas de Echeverría, la tensión continuó. El remate llegó con la propuesta de don Jesús de una plataforma de gobierno para el candidato del PRI a la Presidencia de la República en 1976. Reyes Heroles dio notoriedad a esa idea con la fórmula “primero el programa, después el candidato”, en un esfuerzo por involucrar a la militancia en la designación de la candidatura, en lugar de que fuera otro dedazo. Harto de sus interferencias, Echeverría removió a Reyes Heroles de la dirigencia. Don Jesús estaba consciente de los costos que le supondría su entereza, pero no temió perder la dirigencia y contribuyó a desbaratar la tentativa reeleccionista de Echeverría. Una vez destituido, muchos pensaron que Reyes Heroles era un cadáver político. Menos de dos años después, había regresado a la política por todo lo alto.

***

Desde el movimiento estudiantil de 1968 y posteriormente con la irrupción de las guerrillas rurales y urbanas, la cerrazón de la política mexicana evidenciaba las grietas del autoritarismo, a la vez que los peligros para la estabilidad. ¡José López Portillo ganó la elección presidencial de 1976 porque no enfrentó ningún competidor! La situación lindaba, en el mejor de los casos, con el realismo mágico, y en el peor, con el ridículo. En respuesta a lo anterior, López Portillo invitó a su gabinete a “Chucho”, como él llamaba a Reyes Heroles (amigos desde la juventud) para diseñar una gran reforma política. “Su prestigio me prestigia” presumía López Portillo. En un famoso discurso de Chilpancingo, el primero de abril de 1977, el Secretario de Gobernación, Jesús Reyes Heroles anunciaba

Endurecernos y caer en la rigidez es exponernos al fácil rompimiento del orden… el gobierno de México sabrá introducir reformas políticas que faciliten la unidad democrática del pueblo, abarcando la pluralidad de ideas e intereses que lo configuran. Mayorías y minorías constituyen el todo nacional, y el respeto entre ellas, su convivencia pacífica dentro de la ley es base firme del desarrollo, del imperio de las libertades…

Y añadía:

La libertad de pensamiento obviamente da lugar a distintos modos de pensar; todos con derecho a la existencia y a su manifestación o expresión. Rechazamos actitudes que, a título de un modo de pensar, condenan otros e invocan el derecho a la intolerancia. Cuando no se tolera, se incita a no ser tolerado y se abona el campo de la fratricida intolerancia absoluta, de todos contra todos. La intolerancia sería el camino seguro para volver al México bronco y violento.

Después de una serie de diálogos con absolutamente todas las fuerzas políticas, y de escuchar atentamente conferencias magistrales de los mayores especialistas en cuestiones electorales, con un ojo puesto en la transición democrática española y mediante contactos, a veces subrepticios, con varios de sus protagonistas, Reyes Heroles retiró candados al sistema político mexicano. Un novedoso esquema de representación proporcional abrió las puertas del poder legislativo a las distintas tendencias ideológicas. Particularmente beneficiada resultó la izquierda, que hasta entonces había conocido un carácter prácticamente clandestino.

No pasó mucho tiempo antes de que la bonanza petrolera y la concentración de poder enloquecieran a López Portillo, como sucede con quienes acumulan poder absoluto. El síndrome de hubris no perdona. López Portillo hacía gala de nepotismo y patrimonialismo. Infringiendo las disposiciones más elementales del estado laico, López Portillo trajo al Papa Juan Pablo II a México y le pidió que celebrara una misa en Los Pinos para su mamá. Cuando se le hizo notar que eso suponía una falta administrativa, el presidente, furioso, contestó que iba a “pagar de su bolsillo” la multa. Además, Margarita, hermana del presidente, nombrada directora general de Radio, Televisión y Cinematografía, una entidad dependiente de la Secretaría de Gobernación, quería darle órdenes a Reyes Heroles. Don Jesús le manifestó su incomodidad por estos temas al presidente en varios acuerdos privados, pero no fue tomado en cuenta. Además, Reyes Heroles empezaba a fastidiarse del derroche populista de los recursos públicos. Desde 1977 manifestaba

No se ofrece un bienestar ficticio que se anticipa en el goce de una riqueza inexistente, con la quimera de que es posible consumir sin producir e invertir; no se trata de un populismo dadivoso, fundado en ilusiones y engendrador de amargas decepciones; populismo generador y generalizador de pérdidas nacionales, que esteriliza producciones y destruye toda auténtica capacidad de justicia social; populismo que es, en esencia, contrarrevolucionario. Se propone un plan para librar batallas simultáneas en muchos frentes y así lograr un mínimo vital para las grandes mayorías.

A la postre, López Portillo, harto ya de la franqueza de Reyes Heroles, lo despidió. Otra vez, Don Jesús estaba consciente de las implicaciones de sus actos, pero se mantuvo firme. Por encima de la amistad estaban los principios republicanos. Muchos volvieron a darlo por muerto y López Portillo exigió a la prensa oficialista que ensuciara la imagen de Reyes Heroles por atreverse a desafiarlo.

***

El sexenio de López Portillo concluyó en medio de una inusitada catástrofe económica, como resultado del desastroso manejo de las finanzas públicas. Se cumplió el triste pronóstico de Reyes Heroles sobre el populismo. El nuevo presidente de México, Miguel de la Madrid Hurtado, había sido alumno de Reyes Heroles. Lo llamaba “maestro” y lo designó como su Secretario de Educación Pública. Desde ahí, don Jesús, como en todas las instituciones por donde pasó, dejó una obra perdurable. Creó el Sistema Nacional de Investigadores, entre otras razones, para evitar la fuga de cerebros de México al exterior. “Que el estado premie el mérito, pero que no sea el estado quien decida el mérito” era la propuesta de don Jesús. Lo sorprendió la muerte en 1985, en ejercicio del cargo. 

Una herencia insuficientemente valorada

En una carta fechada el 3 de octubre de 1835, Alexis de Tocqueville escribe a John Stuart Mill sobre “la distinción capital entre delegación y representación.” Añade, “se trata, para los amigos de la democracia, menos de hallar los medios de hacer gobernar al pueblo que de hacer elegir al pueblo los más capaces de gobernar, y de darle sobre ellos un imperio suficientemente grande para que puedan dirigir el conjunto de su conducta y no el detalle de los actos ni los medios de ejecución. Tal es el problema… de su solución depende la suerte futura de las naciones modernas.”

Reflexiones similares marcaron la vida de Jesús Reyes Heroles. Un hombre como él difícilmente hubiera podido tener éxito en la arena electoral contemporánea. Detestaba convivir con periodistas (excepción hecha de Julio Scherer y otros pocos), no era fotogénico, mucho menos guapo, y su trato podía resultar áspero. No exhibía su vida privada en revistas del corazón, tampoco hubiera sabido manejar la frivolidad de las redes sociales para presumir su mascota o el postre del día, como hacen hoy los “políticos” jóvenes. Sus discursos son piezas de alta calidad intelectual, pero difícilmente amenas para el gran público.

Jesús Reyes Heroles no buscó ser popular ni agradar, sino servir. Pocos han contribuido tan positivamente como él al bienestar de México. Hasta donde recuerdo, nunca oí hablar de él en mis cursos de historia durante la enseñanza primaria. Sospecho que las nuevas generaciones tampoco. La enseñanza histórica mexicana suele privilegiar a los destructores por encima de los constructores. Tengo para mí que esto incide negativamente sobre la formación cívica de nuestros ciudadanos. No hay muchas calles ni estatuas conmemorativas de Jesús Reyes Heroles, pero sus aportaciones a la vida pública son reconocidas por tirios y troyanos.

Desde mi punto de vista, la sola firmeza de sus convicciones republicanas, defendida continuamente a lo largo de los años, serviría para fortificar la educación cívica. “Para que no medre la política de la fuerza, hagamos que impere la fuerza de la política” decía frecuentemente. Gustave Flaubert escribió, refiriéndose a Víctor Hugo que, ante ciertos personajes, uno no tiene nada qué hacer, fuera de quitarse el sombrero y abrirles paso. Jesús Reyes Heroles fue uno de ésos.

Referencias

-Ávila Solís Raudel, Militancia y reflexión: Justo Sierra y Jesús Reyes Heroles, tesis de licenciatura, México, El Colegio de México, 2010, pp. 152.

-Reyes Heroles Jesús, Discursos Políticos “Avancemos con la sonda en la mano” febrero de 1972-febrero de 1975, México, PRI, 1975, pp. 600.

-Reyes Heroles Jesús, Discursos Políticos, 1972-1975, México, Ediciones de la Secretaría de Capacitación Política del PRI, 1990, pp. 680.

-Reyes Heroles Jesús, El liberalismo mexicano, tomo 1, Los orígenes, México, Fondo de Cultura Económica, 1982, pp.464.

-Reyes Heroles Jesús, El liberalismo mexicano, tomo 2, La sociedad fluctuante, México, Fondo de Cultura Económica, 1982, pp.506.

-Reyes Heroles Jesús, El liberalismo mexicano, tomo 3, La integración de las ideas, México, Fondo de Cultura Económica, 1982, pp.730.

-Reyes Heroles Jesús, Los caminos de la historia, introducción, selección y notas de Eugenia Meyer, México, UNAM, 2002, pp. 420.

-Reyes Heroles Jesús, Obras completas, Historia, tomo IV, México, FCE, pp. 789.

-Reyes Heroles Jesús, Obras completas, Historia, tomo VIII, México, FCE, pp. 760.

Print Friendly, PDF & Email

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí