Andrés Aguilar y Portilla
Ricardo Corzo Ramírez

REMEMBRANZAS Y PERSONAJES HISTÓRICOS: JARA HOY

En fechas recientes y tomando como base las etapas y figuras sobresalientes de la historia nacional; la cultura cívica promovida en la sociedad mexicana intenta retomar y revisar el pasado y sus principales procesos históricos. Trata de fomentar y revalorar cotidianamente el nacionalismo patriótico. En los discursos políticos se resaltan los valores democráticos dentro del  federalismo, y día con día se retrotraen aquellos momentos y las figuras coyunturales que nos legaron comportamientos austeros y desinteresados, tanto de su vida personal, como en la esfera pública. Aquellos que dieron muestras fehacientes de oposición a las formas autoritarias de gobierno, a las prácticas de corrupción e impunidad que afectaron seriamente la vida pacífica de la nación.

Desde esta lente, la Reforma actual o Cuarta Transformación aspira como objetivo fundamental, ubicarse dentro de las luchas o procesos trascendentes de este país, aquellos que se dieron desde la Independencia, la Reforma y la Revolución. Épocas cardinales, dentro de las cuales Miguel Hidalgo y Costilla, José María Morelos y Pavón, Benito Juárez, Francisco I. Madero y Lázaro Cárdenas del Río, son referentes obligados; para lograr las reformas político-económicas, culturales y sociales actuales. Requerimientos  excelsos y útiles para la reconstrucción de la esfera pública.

No menos importantes, han sido las disposiciones y ciertos patrocinios que revelan este revisionismo de personajes singulares y momentos históricos. Por citar ejemplos, el año 2019 fue dedicado para conmemorar el Centenario de la muerte del caudillo del Sur, Emiliano Zapata, y el 2020, se le ha hecho del dominio público como el Año de Leona Vicario. Asimismo, se ha divulgado que el nuevo aeropuerto de la ciudad de México, llevará el nombre del coronel revolucionario Felipe Ángeles.

En este escenario, se ha solicitado al Rey de España para que diplomáticamente ofrezca disculpas, ante los hechos y excesos indeseables que provocaron los ibéricos; al llegar a las costas del Golfo de México, y emprender la Conquista de Tenochtitlan. Actitud, que sin lugar a dudas provocó controversias académicas y diplomáticas, y sobre todo, ahondó las diferencias en la percepción que se tiene de los alcances y límites de la historia. La idea central era contravenir el supuesto olvido de los procesos históricos, que se  promovieron, ciertamente, en los gobiernos que se decían neoliberales.

Otras acciones y disposiciones públicas, han tratado de resarcir los agravios y ofensas cometidas por el Estado, grupos paramilitares y el crímen organizado en tiempos recientes. De tal forma, aparecen como hechos significativos los reconocimientos que se hicieron a la memoria de Valentín Campa, al papel de Rosario Ibarra de Piedra, al concederle la medalla Belisario Domínguez. De la misma manera, las promesas de esclarecer y, de velar las responsabilidades de la Guerra Sucia de 1968 y la represión de San Salvador Atenco en 2006; los asesinatos y la desaparición de 43 normalistas de Ayotzinapan y el enfrentamiento armado en Nochixtlan, Oaxaca en 2016. No obstante, el establecimiento de Comisiones Especiales, con autoridad moral y juicios inclinados a la justicia procedimental; hasta la fecha no ha sido posible la recuperación de la memoria histórica, que salde estos pendientes indignantes dentro del Estado de Derecho del México actual.

En este matiz, es que aprovechamos este amplio contexto de revisión histórica, que legitima en su caso a un gobierno populista de izquierda. Bajo la finalidad de llamar la atención de otro personaje, que si bien ha sido reconocido como luchador, político y gestor en la etapa revolucionaria y pos-revolucionaria. A nuestro juicio, y de acuerdo con el acercamiento a su obra de vida, merece una vez más ser recordado. Esto, con el objetivo de contribuir también a ofrecer ejemplos de otros que comulgaron con los valores democráticos y planteamientos sociales renovadores, en los momentos y circunstancias, que les tocaron actuar y convivir. Tal es el caso del general Heriberto Jara Corona. De quien aquí presentamos una aproximación.

De acuerdo con su biografía y algunos otros documentos que dan luces y sombras acerca de sus obras materiales, políticas y militares; podemos extraer que fue un personaje con una vida pública y privada al servicio social, para cambiar al mundo y sus circunstancias. Caracterizadas estas últimas por las injusticias, las iniquidades y la falta de una convivencia democrática. Así como también, su formación original dentro de las doctrinas liberales, anarcosindicalistas, socialista y comunistas. Las que finalmente, fusionó en los ámbitos del nacionalismo y patriotismo. Ideología y prácticas de gran utilidad en los distintos momentos de su vida militar y política durante la revolución armada, la ocupación norteamericana, su participación como gobernante e intervención esencial en el Constituyente de 1917.

Sin dejar de lado, su papel de gobernante estatal y su participación en el Departamento de Guerra y Marina, dentro del Partido politico dominante, así como sus participaciones diplomáticas e ideológicas inclinadas a favor del socialismo y la paz. Sobre todo, durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría. Fueron experiencias que dejaron, o mejor dicho, heredaron a la posteridad lecciones de congruencia y vocación social y pacifista.

IDEAS Y ACCIONES DE UN POLÍTICO REVOLUCIONARIO

Una vez que abordamos la obra politico-militar del general Heriberto Jara Corona, sobre todo, los pasajes que describen su paso por las Huastecas y particularmente en su estancia por el puerto de Tuxpan, Veracruz. Ésta nos permiten vislumbrar la singularidad de este personaje de nuestra historia y sus reflexiones tanto plasmadas como las heredadas acerca de la paz en el mundo. Ha obtenido diversos reconocimientos de parte de los estudiosos de la historia, los cronistas, y en general, por buena parte de los integrantes de la esfera política. Con base en ello, su nombre ha quedado engarzado en la relación de los personajes revolucionarios, en aquellos íconos patrióticos. Los que por sus ideologías, acciones y hechos; surgieron desde la inconformidad, provocada por la dictadura, hasta los años posteriores a la lucha y reconstrucción revolucionaria.

Su cercanía e identificación con los magonistas, así como su convivencia con maestros y obreros, fueron básicos para comprender la exigencia de la organización politico-militar, requerida para realizar los cambios hacia la democracia.Y de igual modo, se percató de la necesidad de los valores politico-ideológicos a considerarse; para realizar avances económicos, materiales y culturales en la entidad veracruzana. Vale la pena hacer hincapié en aquellos vínculos cercanos con los trabajadores de los enclaves industriales, tanto de Río Blanco y Santa Rosa, en Orizaba; así como algunos otros petroleros ubicados en las Huastecas. Aprendizajes que compartió con Hilario C. Salas, Camerino Z. Mendoza, Cándido Aguilar, Gabriel Gavira y, paralelamente, con Adalberto Tejeda y Lázaro Cárdenas del Río, quienes también vivieron en carne propia las presiones y agravios causados por las empresas petroleras en los ámbitos rural e indígena.

De este modo, podemos afirmar que entre los años de 1910 y 1914, Heriberto Jara logró consolidar una vision histórica en su trayectoria tanto militar como política; ésto, al adecuar las ideologías en boga, tales como el liberalismo decimonónico frente a la dictadura, el anarconsindicalismo y el nacionalismo emergente, a las circunstancias del momento. Ante las amenazas de los imperialismos, y en particular, del norteamericano. Así también comprendió plenamente la posibilidad que significaba la etapa revolucionaria, para formular nuevas políticas públicas, a favor de las reivindicaciones de los derechos a la salud, al trabajo, el horario laboral, o la  propiedad de la tierra. Y, fue en este sentido, que apoyó el establecimiento de nuevas instituciones culturales, de educación, entre otras; que fueron prioridad en sus políticas de gobierno, muy a pesar de las restricciones presupuestarias. Sus afanes constructivistas se enfrentaron a las controversias de facciones políticas, derivadas del poscarrancismo y el grupo de Sonora.

Gracias a sus acciones y aportaciones trascendentales en la esfera de la milicia, Francisco I. Madero  le otorgó el grado de Coronel. Posteriormente, fue electo diputado a la XXVI Legislatura, logrando extender sus redes políticas; las que le servirían más tarde para participar en el contexto nacional, a raíz del desenlace del maderismo y el surgimiento del Constitucionalismo. Entre éstos últimos figuraban diversos tipos de caudillos, y algunos hombres para los que gobernar ya no era algo nuevo. Carranza había sido Senador y gobernador; Palavicini, Macias, Cabrera y Rojas, fueron integrantes del Congreso durante el régimen maderista.

De este modo, algunos aspiraban al restablecimiento del orden democrático, en tanto que otros, con la revolución, se interesaron no sólo por finiquitar las afrentas sociales y económicas del pasado; sino, más que nada, por establecer un nuevo regimen politico, de conformidad a las tendencias politico-sociales y organizativas en boga. De esta manera, se explica, cómo durante la revolución continuaron enfrentándose diversas tendencias, posturas y facciones. Mismas que utilizaron la fuerza de las armas, y con ello, presionaron para construir un marco jurídico constitucional, que contemplara las diversas visiones reivindicativas de los grupos sociales en pugna.   

ENTRE LA ESTRIDENCIA DE BALAS Y CAÑONES; LA SOBERANÍA NACIONAL Y REIVINDICACIONES SOCIALES 

Ante el golpe militar de Victoriano Huerta al gobierno establecido de Francisco I. Madero, Jara se adhirió a los constitucionalitas, quienes se carcaterizaban por objetivos claros; la recuperación del poder politico legal y el fortalecimiento y reconstrucción de los procesos democráticos. El haber apoyado a Madero traía serías repercusiones, pues, debía emprender nuevos derroteros en el proceso revolucionario. Por ello, junto con algunos otros diputados maderistas tuvieron que huir hacia el extranjero, y de este modo, llegar a Cuba y de ahi partir hacia Nueva Orleans. Para posteriormente, integrarse a las fuerzas que se reunían en el norte del país con el primer Jefe Constitucionalista, Venustiano Carranza.

Carlos Domínguez Milián señala que por esta época, Jara junto con Cándido Aguilar conformaron la Primera División de Oriente del Ejército Constitucionalista, compuesta por los generales Gabriel Gavira, Agustín Millán y Antonio Portas. La que inició sus primeros trabajos de pacificación y liberación de otras plazas en la Huasteca veracruzana; para más tarde, poder llegar al puerto de Tuxpan. Donde pernoctaron para realizar otra de las grandes hazañas; la recuperación del puerto de Veracruz. Durante su estancia en Tuxpan, el general Pablo González, encargado de la huasteca tamaulipeca, notificó a Cándido Aguilar, que el Primer Jefe Constitucionalista lo había nombrado “Gobernador y Comandante Militar del Estado de Veracruz”. Y con ello, este puerto se convertía en capital del estado en 1914, proceso en el cual Jara pasó a ocupar la Secretaría General de Gobierno.

Las condiciones socioeconómicas y geopolíticas del norte de la entidad veracruzana, así como el papel determinante que jugó Tuxpan como puerto y enclave para la revolución; hicieron de esta ciudad un escenario trascendente, en la trayectoria nacionalista, y en defensa del patrimonio del subsuelo nacional. Ya que tanto Jara, como Aguilar y Tejeda, por citar algunos, como se ha dicho, constataron las condiciones de incomunicación, servidumbre y latifundismo del campo; así como también el papel que jugaban los enclaves petroleros y  las empresas extranjeras, tanto en la explotación del hidrocarburo, como en su injerencia en la vida socio-economica y política del país.

Entre otros hechos políticos, que seguramente fueron de utilidad a Jara, podemos mencionar que fue designado como gobernador, del Distrito Federal en septiembre de 1914 por parte de Carranza; y como tal, enfrentar y negociar las demandas laborales de la Compañía de Luz y Fuerza. Lecciones que pusieron a prueba su capacidad de mediador, entre los trabajadores y dicha empresa.  

Sus vivencias políticas y militares desarrolladas en el maderismo y posteriormente en el carrancismo, fueron enseñanzas que dieron pie a otras oportunidades; y sobre todo, consiguieron la absoluta confianza del primer Jefe Constitucionalista. Por citar ejemplo, debemos recordar que, cuando el gobierno carrancista, y como consecuencia de la desocupación pactada entre este régimen y los Estados Unidos, Jara debió trasladarse a las cercanías del puerto de Veracruz, más puntualmente al poblado de Tejería, en noviembre de 1914; para ser uno de los principales responsables de garantizar militarmente, la retirada de los Marines del territorio nacional. Hecho que fortaleció la confianza ofrecida por Carranza a Heriberto Jara; por su capacidad politico-militar y sobre todo, por su patriotismo. A este respecto, Carlos Vela afirma que Carranza le advirtió:     

[…] van tres veces que el gobierno norteamericano nos ha ofrecido la plaza de Veracruz y no lo cumple, he decidido que usted tome el mando de las tropas que tomarán esa plaza…ponga su reloj con el mío, si el día 23 a las 12 del día no han abandonado la plaza mencionada, usted y su gente ábra fuego contra ellos […]

Dos años más tarde, debido a su férrea y sabia participación, tendría también oportunidad de aportar sus ideas, y algo más, ser plasmadas en algunos artículos de la nueva Constitución. Al ser elegido por el Distrito de Córdoba, diputado al Congreso Constituyente de 1917:

 El Dictamen del día 13 de octubre de 1916 hicieron pública la noticia de que Jara Corona había aceptado su candidatura a la diputación del constituyente. Y atendiendo a sus principios democráticos debía renunciar, como Secretario del gobierno veracruzano. El 17 de octubre de 1916 dejó su cargo para dedicarse a la campaña electoral, como candidato, sustituyéndolo en el poder el teniente coronel Miguel Aguilar.

Así como Madero, Carranza sustentaba sus ideas en el liberalismo, y más puntualmente, compartían la ideología basada en la democracia representativa y una República Federal. Para ellos, se trataba mediante la revolución, de rescatar la esencia de la Constitución de 1857, terminar con los Jefes Políticos y, fortalecer al Municipio Libre. Si bien la participación de las masas de campesinos y obreros, era necesaria para cambiar el orden politico, para ellos, éstos no dejaron de ser subalternos. Es en este sentido, que se explican las dificultades de maderistas y carrancista frente a los intereses de las huestes de Fancisco Villa y de Emiliano Zapata. De una u otra manera, los mediadores fueron los caudillos intelectuales y líderes que emergieron de los diferentes estratos de las sociedades urbana y rural. Dentro de ellas, Jara realizó un papel trascendente. Robert E. Quirk apuntala la idea y acciones sobresalientes de buena parte de sus intervenciones, como ideólogo en el Constituyente:

Los hombres que inspiraban confianza al pueblo no eran Palavicini y Rojas, sino Mújica y Jara, como los liberales sentían terror por el dominio centralista de la Capital, debilitaron conscientemente la autoridad del régimen central, sellando así su nueva política, la revolución social de los radicales, tan temida por los liberales, se produjo gracias a la insensata tolerancia y al disimulo de los mismos liberales, que esperaban que el Congreso de Querétaro fuera instrumento suyo, la iniciación de una República Liberal, y este cambio vino a ser un portavoz de la Revolución Social de los Radicales.[1]    

 Específicamente, Jara, Francisco J. Mújica y Pastor Rouaix, intervinieron en Querétaro en el diseño y contenidos de los artículos 3o, 27o y, sobre todo el 123o de la Constitución de 1917. Por su actualidad, destacamos la trascendencia del artículo 27, ya que éste revela, a pesar de las reformas, que se le han impuesto, la defensa de la riqueza del subsuelo nacional. Como también lo señala el historiador González Ramírez.

Efectivamente, la revisión total de la legislación al respecto, llegó con la Constitución de 1917, en el artículo 27 que estipula: “Corresponde a la nación el dominio directo de todos los recursos naturales de la plataforma continental y los zócalos submarinos de las islas; de todos los minerales y substancias que en vetas, mantos, masas o yacimientos, constituyan depósitos cuya naturaleza sea distinta a los componentes de los terrenos, tales como…el petróleo y todos los carburos de hidrógeno sólidos, líquidos y gaseosos; y el espacio situado sobre el terreno nacional, en la extensión y términos que fije el derecho internacional”.[2] 

Por primera vez en el mundo, una Carta Magna garantizaba los derechos sociales, la intervención del Estado en beneficio de la educación pública, la regulación del capital-trabajo, restablecía el Municipio libre y la reivindicación de la tenencia de la tierra.  Estos avances normativos, se lograron gracias también a la destacada participación de diputados como los arriba mencionados, junto con: Esteban Baca Calderón, Juan de Dios Bojórquez y Rafael Martínez de Escobar, entre otros.

LA COHERENCIA DE UN  POLÍTICO-MILITAR FRENTE A LAS BIFURCACIONES Y ADVERSIDADES REVOLUCIONARIAS

El haberse convertido en un revolucionario destacado y por su experiencia en la vida pública, Jara fue un personaje fundamental en los reacomodos del carrancismo y, posteriormente, dentro de las diversas facciones que continuaron confrontándose en el proceso pos-revolucionario. Así es que, tanto fue gobernador de Tabasco, como también fue enviado extraordinario y Ministro Plenipotenciario en Cuba, de 1918 a 1920. Después de su desempeño de ministro, regresó a México y continuó dentro de la política llegando a desempeñarse como senador de la República durante cuatro años. Desde la tribuna continuó con la defensa de los obreros, y cuando se trató de favorecer a un cierto grupo, en detrimento de los intereses de la población o de la nación; obtuvieron su voto negativo. Un ejemplo de ello fue cuando intentaron conseguir su apoyo para la firma de Los Tratados de Bucareli; éste discrepó, pues ese “acuerdo” significaba, aceptar la no retroactividad del artículo 27, y en consecuencia, las empresas norteamericanas, no debían pagar el retroactivo de sus deudas.

Los antagonismos se incrementaron durante el gobierno federal de Plutarco Elías Calles, siendo Jara gobernador constitucional de Veracruz.  Como coinciden J. Hermida Ruiz y Ricardo Corzo, el régimen jarista padeció las restricciones  maquinadas por las compañías extranjeras asentadas en la entidad, debido a los desacuerdos con las organizaciones laborales afines al callismo, y sus  diferencias acerca del reeleccionismo en la sucesión presidencial. Fueron estos contrapuntos, los que finalmente llevaron a que su gobierno experimentara una bapuleante inestabilidad, lo que condujo finalmente, en 1927 a una crisis de ingobernabilidad. Sólo así podemos explicarnos las numerosas y variadas protestas por sueldos caídos de los diversos ámbitos estatales, y en particular, del magisterio. Y de alguna menera justificar a Heriberto Jara como gobernante visionario, que dejó para la posteridad el movimiento cultural Estridentista en Xalapa, y el Coloso de aquella época, el Estadio Xalapeño.

RETORNO E INSERCIÓN DE VIEJOS REVOLUCIONARIOS-NACIONALISTAS. JARA Y EL CARDENISMO

La caída de Jara, obviamente, dejó un mal sabor de boca para algunos revolucionarios. Este en particular, optó por separarse de la vida política, y se fue a radicar a un pueblo cercano a Perote Veracruz, junto con algunos correligionarios, en particular, con el diputado Daniel I. Roldán. A escasos meses de permanecer en la hacienda de Cuauhtotolapam, Jara externó “… aquí se está en la gloria”. Nombre que posteriormente lleva ese poblado La Gloria.

Sin embargo, posteriormente, Jara se mudó a Tehuacán, Puebla, en donde se dedicó en parte, al cultivo y comercio de la papa.[3] Y también para restablecer sus contactos politicos y dialogar con ciertos personajes afines en su manera de contemplar la realidad nacional y sus circunstancias en aquellos tiempos. Entre las visitas destacadas que recibió Jara, fueron las que hizo el general Lázaro Cárdenas, quien ya preparaba los cambios que requería el país, en el momento de asumir su poder presidencial.

Los escenarios para la reconstrucción revolucionaria de México, enmedio de una etapa coyuntural de entreguerras, requería de una recapitulación acerca de los objetivos sociales y politicos que dieron motivo a la revolución de 1910, a las promesas incumplidas, a pesar de estar estipuladas en la Carta Magna realizada  pocos años antes y los retrocesos en la clase politico-militar que implicaba la lucha de facciones y la hegemonía del Máximato. 

Las posibilidades de la guerra y la paz mundiales, eran sin lugar a dudas, la mayor preocupación y, en particular, la presión de Estados Unidos sobre México, para que éste participara en la defensa hemisférica del Continente Americano; circunstancias dentro de las cuales, los gobiernos de este territorio debían reorganizar y fortalecer la Armada Mexicana. Por tanto, estos serían tiempos muy importantes y, sobre todo, favorecían con mucho la intervención de Heriberto Jara en la Armada del país y, en las decisiones que se tomarían con respecto a la nacionalización petrolera. Una vez más, la experiencia y patriotismo fueron la principal garantía, para cumplir con las encomiendas que recibió este general en su reiincorporación a la vida pública del país. Fue así que Jara se desempeñó como inspector general del Ejército hacia el año de1935, por invitación expresa del general Lázaro Cárdenas del Río.

Una vez involucrado en el gobierno cardenista, tuvo otras oportunidades que lo impulsaron a continuar dentro los regímenes posteriores. En particular, en los preparativos y organización partidista para la sucesión presidencial, que llevaría al poder al general Manuel Ávila Camacho. Al triunfo de éste, el general Jara fue encargado para dirigir y restructurar el Departamento de Guerra y Marina y convertirla en Secretaría, mediante el Decreto 70, hacia 1940. Armada que posteriormente jugó un papel determinante en el momento en que México le declaró la Guerra a los paises del Eje.

Gracias, en parte, a la contribución de Jara en la reorganización de la Armada, es que se logró desarrollar ciertas capacidades físicas y materiales, para participar en la Segunda Guerra Mundial. Particularmente, a raíz del hundimiento del buque Potrero del Llano, cuando se dispuso que en todas las unidades y dependencias de la Armada se activara la instrucción militar. Todo el personal, incluyendo los civiles recibieron la misma instrucción de los infantes de marina, a finales de 1942 el servicio militar en la Armada salió un contingente de 2, 200 conscriptos. Hasta la fecha la Infantería de Marina se ha encargado de formar los conscriptos que realizan su servicio militar en el ámbito naval. En 1943 se iniciaron los cursos para los oficiales de infantería en las escuelas navales del Pacífico y del Golfo de México. Así, el  2 de diciembre se publicaba en el Diario Oficial el Reglamento del curso de instrucción de jefes y oficiales de la infantería naval.

Ante aquella realidad, la guerra se presentaba como algo necesario, y de alguna manera resultaba conveniente para México, en términos económicos y de movilidad social, a juicio de los pacifistas, la paz era más que urgente y prioritaria, como motor de la convivencia entre las naciones y el mundo, el cual se debatía entre los facismos, el nazismo, socialismo y la democracia.    

UN OBJETIVO FINAL DE HERIBERTO JARA CORONA: LA DEFENSA DE LA PAZ MUNDIAL 

Hacia 1938 la VIII Conferencia Internacional Panamericana reunida en Perú aprobó la declaración de Lima, que reafirmó la solidaridad de los Estados americanos y su intención de defenderse contra cualquier intervención exterior. Un año más tarde y ante un panorama harto complejo, los países republicanos optaron por quedarse al margen de todo conflicto bélico. En ese momento, México se inclinó por una política de pacificación, la cual se reflejaba en la aceptacion de miles de exiliados españoles que huían del gobierno franquista. No obstante, el regimen avila-camachista tomaba serias medidas para la defensa del país; y el Congreso de los Estados Unidos Mexicanos, como se dijo, por decreto número 70 reformaba el Departamento de Marina, mismo que  pasó a ser Secretaría de Marina, siendo su primer Ministro Heriberto Jara Corona.[4] 

Ante las secuelas provocadas por diez años de la Gran Guerra, en el año de 1949 como respuesta de los pueblos a los hombres y, otros movimientos sociales con la causa pacifista; organizaron el Primer Congreso Mundial de la Paz en Francia. Evento en donde estuvieron presentes el pintor español Pablo Picasso, el cantante norteamericano Paul Robeson, el poeta chileno Pablo Neruda, entre otras personalidades del mundo artístico e intelectual, ahí surgió la propuesta de crear el Consejo Mundial de la Paz (CMP). Un año más tarde, esta idea se materializó en la ciudad de Varsovia, Polonia, en donde se creó el CMP bajo la presidencia del científico francés Frederic Joliot Curie, premio Nobel de Química en 1935. Su primera campaña se basó en un proceso de recolección de firmas alrededor del mundo, en apoyo a la solicitud de erradicación de las armas nucleares en el planeta. El CMP tiene como objetivo central la lucha contra la carrera armamentista en cada uno de los cinco continentes.

Dentro de esta importante organización mundial, Heriberto Jara fue nombrado Vicepresidente de este Consejo de la Paz. En las palestras políticas de Estocolmo, París, Moscú y Berlín entre muchas otras ciudades se escuchó el pensamiento y convicciones por la paz, dirigidas por Heriberto Jara Corona, en donde también le fue otorgado el premio Stalin, hoy denominado Lenin por la paz.Sólo el tiempo y el cansancio podían frenar su activismo para promover y lograr la paz mundial. Encomienda que no desatendió a pesar del desgaste físico, que le implicaba ser uno de los últimos longevos de la revolución de 1910.   

Ya postrado en cama en 1959, fue informado de que el Senado de la República Mexicana, le había otorgado la medalla Belisario Domínguez. Presea creada por el Senado de la República Mexicana, en memoria del Ilustre médico chiapaneco que se opuso a la usurpación huertista, y que sirve para enaltecer a hombres y mujeres mexicanos, aquellos que se han distinguido por su entrega a las causas nacionales en todos los campos de la vida pública y social. Entre ellos, una pléyade de grandes mexicanos son los que han recibido tal distinción, sin embargo, aqui anotamos solamente algunos: Jaime Torres Bodet, Jesús Silva Herzog, Rufino Tamayo, Andrés Serra Rojas, Gonzalo Aguirre Beltrán, Andrés Henestrosa Morales, Jaime Sabines Morales, Leopoldo Zea Aguilar y Luis González y González y Rosario Ibarra de Piedra.

Bajo el objetivo explícito de reconocer lo poco o mucho de aquelas acciones positivas para con la nación mexicana; el día 7 de octubre de 1959, los diputados Andrés Henestrosa, Guillermo Ibarra Ibarra y Mauricio Magdaleno, durante la sesión solemne, en la entrega de la medalla, expresaron:

[…] esté donde esté, es siempre el Heriberto Jara, el de la alta y veterana pasión de México, el hombre al que nada ni nadie pudo reducir ni deformar cuando el destino lo puso a prueba como soldado de la Revolución, como operario de la Carta Constitucional de 1917, como Magistrado y, antes que nada y por encima de todo, como inquebrantable luchador de la causa de su pueblo. Hijo de su suelo y del particular latido de su pueblo, su temple responde porque lo forjó en la fragua de Madero y Carranza, a una legitimidad mexicana que es la más entrañable prenda de su universalidad.[5]

Tratando de concluir, resaltamos con sus propias palabras lo que anotó el general Jara en su atobiografía:  Quizá si hubiera nacido nuevamente en el siglo XIX sería liberal como mi abuelo Ramón Corona…pero generalmente he actuado de acuerdo con lo que me dicen mis sentidos, mi intuición. -Continuaba Heriberto Jara- yo creo que viéndolo de este modo, para poder considerar mis acciones dentro una filosofía;me considero un Humanista social, o cómo era denominado por los editores de Orientación, el jefe del régimen socialista democrático.

Como punto final, y esperando ser considerada esta vivencia como una huella indeleble a la posteridad. A sus 89 años dejaba de existir en el Puerto de Veracruz, sus cenizas navegan en las aguas, aquellas que tantas veces fueron testigo de su trasiego, de ese ir y venir por este terruño, el Golfo de México.   


1Quirk. E. Robert. Liberales y radicales en la revolución mexicana, en Revista Historia de México No9. COLMEX                    1952-1953, p. 525.   

[2] Ocaña, Manzur, 1973, p. 103.

[3]  “Orientación”, órgano del Gran Partido Oriental Veracruzano, septiembre 15 de 1927, p.28.

Proporcionado por la señora Olga Nina Roldán Arguello, hija del Diputado peroteño Daniel I. Roldán, amigo íntimo de Heriberto Jara Corona, durante su trayectoria revolucionaria y gubernamental por el estado de Veracruz.

[4] Carranza y Castillo, 1985, p.234.

[5] Discurso pronunciado en el Senado de la República Mexicana,  por Mauricio Magdaleno, 7 de octubre de 1959.

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Maestro en Ciencias Políticas (Universidad de París VIII, 1976), y doctor en Historia (Univerisdad de Paríz VIII, 1980), tiene además estudios posdoctorales en la Universidad Libre de Berlin, (1986). Es investigador desde 1973 en el Instituto de Investigaciones Histórico Sociales y Docente en diversos programas de licenciatura posgrado en las Facultades del Área Académica de Humanidades y profesor invitado en otras instituciones nacional y extranjeras. Secretario Académico de la Universidad Veracruzana hasta agosto del año 2009 y anteriomente, Director General del área Académica de Humanidades; Director del Instituto de Investigaciones Humanísticas; Jefe del Centro de Estudios Históricos y Director Interino de la Facultad de Socilogía del Universidad Veracruzana. Autor y coautor de libros y ensayos sobre Historia Regional y Política, educativa y cultural de Veracruz.

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