Pocas formas de arte transmiten su mensaje de modo tan directo como la imagen. Los videos, la animación y las fotos en redes sociales, que asaltan al ojo a gran velocidad, parecieran haber rebasado a la pintura como forma de expresión. Pero la imagen creada a mano con óleo, lápiz, acrílico o acuarela, seduce, conmueve y contagia emociones más profundas que cualquier medio digital. El rol de los artistas visuales es hacer visibles sus mundos interiores; es mostrarse ante la mirada ajena dejando que su inconsciente hable de manera automática, abriendo grietas en el concreto de nuestro falso sentido de identidad.

El artista nos inspira a compartir nuestros sueños; a no cerrarnos en los confines de un mundo limitado de leyes y definiciones. Si en cada ciudad hubiera al menos un artista verdaderamente libre, revelaría para nosotros un mundo onírico de posibilidades y el camino hacia nuestra propia transformación. Prestemos atención, pues, a las rara avis que ya existen entre nosotros, y que refuerzan con su canto nuestra capacidad de soñar. 

En Tuxpan Veracruz en 1952 nació una de estas aves llamada Margarita Chacón Bache que, de forma discreta y humilde, descubrió la libertad de su pincel para dejarse arrastrar por las geometrías del inconsciente y llenar su propia vida de colores para poner al desnudo otras posibilidades de existencia.

Dicha aventura, iniciada ya a una edad madura —pues la primera vocación de Margarita fue la enseñanza del inglés— la ha llevado a lugares como Jaipur Kala Chaupal, en la India; a Suncheon, Corea del Sur; a la isla de Okinawa, Japón; y a las islas Mauricio. Pero, sobre todo, al corazón de muchas personas que han podido distinguir en su arte —para citar al curador y pintor Juan Luis Rita— la mística, la fiesta, el carácter, el sentir y la presencia de un México cargado de valores.

A los dos años, Margarita y su familia dejaron Tuxpan para vivir en Tampico, luego Veracruz y, desde los seis años, la Ciudad de México, donde la futura pintora creció. Tuxpan se convirtió, así pues, en un paraíso vacacional para ella desde su juventud. Mama Mema (Guillermina Escabecho), su abuela materna, era consentidora y le gustaba agasajar a sus nietos. Hija de un inmigrante griego, vivía en una casa de madera abajo del puente, frente al río, repleta de árboles de mango y de guayaba, cerca del restaurante “El Colegio del Amor”. Tenía una rotonda en el centro, repleta de rosas, y un gran tanque de agua con canaletes que bajaban desde el techo, donde se recolectaba agua de lluvia.

Fiesta en Mérida, mixta/tela, 100 x 180 cm., 2018

Margarita recuerda cómo Mamá Mema hacía buñuelos. Los cortaba en forma de triángulo y los colgaba de unos hilitos en el patio para que se secaran. “Son pañalitos del Niño Dios”, decía, siempre llena de dichos, leyendas y recuerdos. Tenía además una voz de soprano y les enseñó a sus nietos a cantar “La Rama”, tradición navideña propia de Veracruz, en la que los niños van de casa en casa con una rama de árbol iluminada con velas y acompañados de guitarras, jaranas y panderos. En la parte de atrás había una casa abandonada, donde Margarita se metía a jugar, dejando volar su imaginación entre herramientas viejas, alforjas de caballo, bilimbiques y otros tesoros empolvados.

Por el lado paterno, su historia nos remite a Alemania. El abuelo José Miguel Chacón y Rábago Lerma era un diplomático mexicano en el Consulado en Hamburgo cuando conoció a su esposa, Margarita Voss Beenk. En 1938 la pareja vivía en Praga cuando tuvieron que regresar a la Ciudad de México por causa de la Segunda Guerra Mundial. Él y su esposa alemana llegaron a casa de la bisabuela, donde las dificultades no tardaron en surgir. La bisabuela era una mujer porfiriana con un fuerte apego a su hijo; y ella una mujer educada en la República de Weimar, que había ido a la universidad, usaba pantalones y manejaba varios idiomas. Al cabo del tiempo, la alemana optó por divorciarse y comprar un rancho en Tuxpan Veracruz, a donde se fue a vivir con su único hijo, Federico Chacón y Rábago Voss. Posiblemente supo de esta ciudad, Veracruz por algún cliente de su tienda de regalos en el Hotel del Prado, en la Alameda Central, que alojaba el mural de Diego Rivera ahora convertido en museo. O bien pudo ser en el Deutsche Bank, donde trabajaba como intérprete y traductora. Federico hijo decidió sacrificar su carrera de Medicina para acompañar a su madre en esta aventura tuxpeña.

La abuela Oma y su hijo llegaban en esquife al muelle de Tuxpan a vender plátanos, naranja y otras frutas de su rancho, río arriba. Seguramente muchos todavía recuerdan a esa excéntrica germana vestida de huipil, bolsa de cuero repujado, calendario azteca y cabello despeinado, que fue también administradora del hotel de playa Los Cocoteros. Gracias a su iniciativa, muchos alemanes comenzaron a llegar a Tuxpan atraídos por sus boletines dirigidos a la comunidad de expatriados. Los recibían en alemán, les cocinaban su comida favorita y les organizaban actividades de pesca. En esa época el joven Federico conoció a la mamá de Margarita, María Elena Bache.

Entre los recuerdos de la pintora están la playa, el río, los ranchos, los paseos en lancha, las idas a esquiar con sus primos y amigos. Recuerda los taquitos de El Caperuzo, los mariscos de La Palma, los esteros de Juana Moza y Tampamachoco. Uno de sus proyectos pendientes es hacer foto y pintura de esteros para crear conciencia sobre la importancia de seguir protegiendo esos ecosistemas.

Estero de Juana Moza, Tuxpan, Ver 2019 (Archivo de Praxis)
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Los Secretos del Río, óleo/tela, 100 x 150 cm., 2018

Pero Margarita no estudió artes plásticas. A los 38 años cursó estudios de Historia del Arte, que debió interrumpir para ser traductora en los programas y talleres del afamado pintor y presentador de televisión Bob Ross. De ahí aprendió el amor por la contingencia y el azar. “No cometemos errores —decía el estadounidense— sólo felices accidentes”. De ahí que los trazos de la artista tuxpeña sean tan libres. Luego estudió acuarela con Alfredo Guati Rojo, el iniciador del Museo de la Acuarela; con Manuel Arrieta y en los talleres de otros maestros.

En 1974 conoció a Ricardo Martínez de Hoyos. Tuvo la fortuna de ser compañera de trabajo y amiga de su hija, Zarina. Cuando vio el manejo del color y las luces con fondos negros de este pintor maravilloso, pidió a su amiga le consiguiera una cita con su papá. Había visitado su exposición en el Museo de Arte Moderno y había quedado impresionada. Cuando Margarita acudió a la cita, le pidió a Ricardo Martínez que le vendiera alguna obra y él le mostró unos óleos que le había encargado Mario Pani. Al conocer su precio, la joven supo que le sería imposible; pero el artista hizo una excepción. Sacó un cuaderno Scribe con bocetos, le dijo que escogiera uno, lo firmó, y se lo vendió a un precio muy razonable. Al año siguiente, regresó por otro. Estas dos piezas están en el libro Ricardo Martínez a 100 años de su nacimiento (Fundación Ricardo Martínez, 2018).

“Su paleta tiene una personalidad propia y además, el distintivo del arte mexicano, fluido, natural y osado. Cargado de los elementos estéticos necesarios para la trascendencia”. —Juan Luis Rita

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Ricardo Martínez Sin Título, óleo y lápiz sobre papel, 24.4 x 31.9 cm
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Ricardo Martínez Sin Título, óleo y lápiz sobre papel, 24.5 x 31.9 cm

Además de ser pintora, Margarita da talleres en el Centro Libanés y en su propia casa. En 2005 cursó un diplomado en terapia de arte y hoy emplea algunas de estas dinámicas para ayudar a sus alumnos a sacar lo que llevan dentro. “Atrévete, cree en ti, escucha tu intuición”, les dice y les recomienda leer El Camino del Artista de Julia Cameron. Pero en sus talleres enseña sobre todo técnica: forma, composición y teoría del color.

El arte de Margarita Chacón es una expresión de intimidad; lo hace para sí misma, no para agradar. La pintura es una profesión solitaria, dice. Empezó pintado paisaje, pasó por flores, bodegones, retrato y animales, probando diferentes técnicas; pero no se sintió satisfecha hasta que no se enfocó en sacar lo que parecía surgir de adentro, dejando fluir el pincel sobre el lienzo como si estuviera danzando. Poco a poco, de esta manera, fue encontrando no un estilo, sino a sí misma. Lo colorido de sus obras es una marca tuxpeña, dice ella. Su niñez en Tuxpan era de fiesta y días soleados. El sol siempre anaranjado de los atardeceres, los verdes intensos y el azul verdoso del mar, son siempre marcas de su tierra natal.

Margarita ha realizado 17 exposiciones individuales y más de 90 exposiciones colectivas en museos y galerías de México, EUA, Francia, Inglaterra, Finlandia, España, Cuba, Turquía, Islas Mauricio, Bulgaria, Japón, Corea, China, India, Malasia, Chile y Argentina, país donde obtuvo mención de honor en las Bienales de Arte Contemporáneo de 2012 y 2018. Asimismo, recibió el Pergamino de Oro “Andrés Henestrosa” entregado por el Grupo Editorial MRCI Producciones y la Asociación Nacional de Locutores de México.

En 2018 fue seleccionada para participar en la Exposición Internacional de Arte Contemporáneo de Shanghái​ y para exponer de forma individual en la Residencia de México en Riad, Arabia Saudita, invitada por el Embajador Alfredo Miranda. En años anteriores participó también en el Festival de las Artes Jaipur Kala Chaupal en la India (2017); en el Eco-Enviromental Art Festival de Suncheon, Corea del Sur (2017); y en el Festival Franco-Japonés del Museo Prefectural de Okinawa, Japón (2014). Ha sido también representante internacional de ARTAC, Asociación Mexicana de Artistas Plásticos, además de ser miembro de la Asociación Internacional de Artistas, ONG asociada a la UNESCO.

“Su obra plástica se caracteriza por darle vida a las formas arrancadas al sonido, al aroma, al tiempo, a la memoria y al presente, traducidas en formas caprichosas por medio del pincel y la luz”. —Grupo Editorial MRCI Producciones / Asociación Nacional de Locutores de México.

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Voyage to Paradise, instalación / Palomas de origami, 2017 (Suncheon, Corea).
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Conjuro, mixta/tela, 90 x 90 cm. Mención de Honor en la I Bienal de Arte Contemporáneo de Argentina, 2012.
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Bolsos, arte objeto utilitario acrílico/vinipiel. Mención de Honor en la IV Bienal de Arte Contemporáneo de Argentina, 2018.
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Mayahuel, mixta/tela, 120 x 100 cm., 2017 2do Premio en Pintura en el Festival Da Vinci, Museo José Luis Cuevas y pieza del mes en el Museo Torres Bicentenario de Toluca 2017.

Una de sus exposiciones favoritas fue la de Raíces, presentada en el IVEC del Puerto de Veracruz (2010); en el Museo de Arte de Toluca y el Museo Arcadio Pagaza de Valle de Bravo (2011); en la galería del Centro Libanés en la Ciudad de México (2012); y en la Residencia de México en Riad, Arabia Saudita (2018). De esa muestra surgió la serie “Sabores de México”, un políptico de 17 piezas con formas representativas de alimentos típicos como el chocolate, la vainilla, el chile piquín y el mango.

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Comapeño, Piquín, y Mango, mixta sobre tela, 100 x 30 cm (Serie Sabores de México)

En Tuxpan la pieza titulada Los Secretos del Río participó en la exposición Tuxpan y su Huasteca, presentada en el lobby del Holiday Inn en junio de 2018. En esa ocasión recibió por parte del Ayuntamiento un reconocimiento a su trayectoria como tuxpeña distinguida, junto con el Maestro Teodoro Cano.

Próximamente se expondrá en México la muestra de cubrebocas intervenidos, ahora virtual, titulada “Respiro Luego Existo”. Fue convocada por un grupo de artistas con motivo de la pandemia, entre quienes figuran Perla Estrada del Río, Aritzi Pérez Galindo, Christa Klinckwort, Álvaro Zardoni, y la propia Margarita. La suya es una mascarilla de guaje con semillas y papel de algodón. ¿Qué emociones nos evoca su pieza? Hecha con frutos de la tierra, parecería un accesorio para volar. Las esporas o semillas se trasladan con el viento a otras tierras y las fertilizan para volver a nacer. Esta pandemia nos afecta, pero también nos transporta hacia un mundo nuevo que nos permite reinventarnos como mejores personas. El arte de Margarita dice lo que las palabras no pueden.

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Alas para Soñar, guaje, semillas, cordel, papel de algodón y acrílico, 2020

Margarita cuenta que, durante un viaje a Turquía como parte de la Asociación Internacional de Artistas, visitó un museo en Istambul que podría servir de modelo para Tuxpan. Se trata de una empresa privada que decidió hacer de sus oficinas ejecutivas un museo donde aloja su colección de arte contemporáneo. A las 2 pm todos los viernes, las oficinas se cierran y pueden entrar visitantes. Ningún empleado deja ni siquiera una pluma sobre su escritorio, pero el resto de la semana trabajan rodeados de arte y, al mismo tiempo, permiten que la ciudad se beneficie de la cultura. Se trata del Borusan Contemporary, ubicado sobre el Bósforo, con una vista espectacular al Puente de Mehmed el Conquistador.

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¿Habrá algún empresario tuxpeño que quiera compartir esta visión y construir unas oficinas-museo con vista al puente de Tuxpan? Margarita imagina que dicho museo alojaría una colección de arte contemporáneo, fotografía y arte popular de la región.

Más información sobre la artista:

Facebook

https://www.facebook.com/mchaconbache

Página web

https://www.margaritachacon.com/

Exposición “Nosotros” – Galería Vía Libre

https://cyned-art.com.mx/ExpoNosotros

Galería virtual

www.virtualgallery.com/galleries/margarita_chacon_a958585/margarita_chacon_bache_s9311

Exposición “Respiro Luego Existo”

https://respirole.wixsite.com/respiroluegoexisto

Catálogo:

https://joom.ag/kvuC Completo

https://issuu.com/respiroluegoexisto/docs/catalogo_rle_-_rle (versión corta)

Instagram @respiro_luego_existo

Facebook https://www.facebook.com/respiro.luegoexisto.1

Entrevistas: 

El Ombligo de la Luna, Ciudad de las Mujeres. Oct 2018

El Ombligo de la Luna, Ciudad de las Mujeres. Jun 2019

Videos de su obra:

www.facebook.com/culturalatinoamericanaeneuropa/videos/1310255212438986 www.facebook.com/669017039/videos/10158374203762040/?extid=oiPOTwwwM3cwMvou

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(CDMX, 1974) Escritor y diplomático con raíces en Tuxpan, Veracruz. Director Editorial de la Revista Praxis: Cultura y Medio Ambiente. Fue Titular de Desarrollo Cultural del IMSS; Agregado Cultural de la Embajada de México en Japón en dos ocasiones; y Jefe de Prensa de la Misión Permanente de México ante la ONU. Es autor de Los Japoneses en Morelos: Testimonios de una Amistad (Fondo Editorial del Estado de Morelos, 2018) y coordinador de la edición bilingüe del Popol Vuh español-japonés (Fondo de Cultura Económica, 2016). Ganó el Concurso Nacional de Oratoria en Japonés 1994.

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