Ensayo ganador de uno de los primeros lugares del “Certamen de Ensayo los 100 de Jesús Reyes Heroles” convocado por la Revista Praxis y la Universidad Veracruzana


“En la historia no buscamos consuelo para el presente y resignación ante el futuro, sino aliento para actuar.”

JESÚS REYES HEROLES

Vigencia

Por paradójico que parezca, en los tiempos que corren, referirse a la figura de Don Jesús Reyes Heroles es un ejercicio tan inspirador como frustrante. Por un lado, es indudable que se trata de un personaje histórico admirado y reconocido. Hombre de letras y político de convicciones íntegras, Reyes Heroles es recordado por haber trabajado de manera incansable al servicio de la sociedad y los problemas de su tiempo. Por el otro, observar su estatura ética y moral, así como las enormes capacidades políticas y de liderazgo que tuvo en el desempeño de cada uno de sus encargos —erigiéndolo como un auténtico hombre de Estado—, irremediablemente nos conduce a la odiosa y funesta comparación entre un funcionario excepcional, pero real y posible; y la pobreza de muchos servidores públicos y políticos que, hoy en día, pululan y no hacen más que contribuir con sus acciones a la degradación de la vida política e institucional de México.

Ciertamente, aunque cada momento en la historia es único e irrepetible y, por tanto, las circunstancias que envuelven a los actores condicionan su propia naturaleza y sus respuestas, la realidad es que el análisis del pasado y sus protagonistas nos permite extraer lecciones valiosas para la compresión de nuestra propia realidad circundante, superando la mera cuestión didáctica y de erudición, para hacer de la historia y su comprensión instrumentos de utilidad en la toma de decisiones. En otras palabras, es fundamental conocer el pasado para poder planear el futuro, pues, como decía el propio Reyes Heroles, “la historia no es el pasado muerto; es el pasado vivo que actúa en nuestros días conformando nuestro presente, al igual que el presente, en las luchas que libramos o dejamos de librar, configura el futuro.”[1] Es decir, para Don Jesús: “sin perspectiva histórica no hay política posible, que sin saber lo que ayer se hizo, ignoramos lo que hoy debemos hacer y lo que mañana debemos lograr.”[2]

            Y es que, como bien ha señalado otro de nuestros grandes intelectuales como lo fue Don Arnaldo Córdova: “la esencia de la historia, como análisis y enjuiciamiento de los hechos pasados, consiste en hacer del pasado mismo un problema del presente”.[3] O, lo que es lo mismo, estudiar el pasado de una sociedad tiene que ver con preguntarnos: ¿Qué nos dice esa historia del momento actual que se vive? ¿Qué nos significa y representa a la distancia tal, o cual, hecho o alguno de sus personajes?

            Precisamente, a propósito de los 100 años que se están cumpliendo este 2021, del natalicio de quien es considerado el último gran político intelectual de México, Jesús Reyes Heroles, la ocasión resulta propicia para alentar una profunda reflexión sobre este destacado veracruzano, pero no sólo desde el punto de vista de sus aportaciones históricas tangibles y concretas a la vida intelectual y pública del país, sino también a partir de los vacíos que la ausencia de su enorme figura ética y moral ha desnudado con el paso del tiempo.

            Al respecto, me parece que, por sobre todas las cosas, la auténtica vigencia y mérito de Reyes Heroles radica en su ejemplo moralizante como político y funcionario, pues, su desempeño siempre estuvo guiado por los más altos valores éticos y un liderazgo fundado en la convicción del bien común, la razón y el conocimiento como guía de la acción política.

Esencia

Como señalaba el gran Jorge Luis Borges: para pensar es necesario abstraer.[4] Bajo tal lógica, aunque resulta muy complejo priorizar, descartar y construir generalizaciones en el mar de datos, anécdotas y coyunturas que constituyeron la vida de Reyes Heroles, intentar hacerlo nos brinda la posibilidad de ensayar una respuesta sobre la esencia que representa su figura y aportaciones para nuestro pasado, presente y futuro como sociedad.[5]

            En relación con ello, considero que fueron tres los principales aspectos que marcaron su accionar público a lo largo de su vida: 1) entendía que la política se hace con principios éticos; 2) que las instituciones están por encima de los hombres, y; 3) que hacer política requiere preparación e ideas. En contraste, es precisamente la ausencia de tales principios en nuestra vida política actual y su clase dirigente, lo que no hace sino engrandecer, cada día más, la figura de Don Jesús.

Política con principios.

Como se sabe, Reyes Heroles estuvo impedido legalmente por el artículo 82 constitucional, para aspirar a ocupar el cargo de presidente de la República, debido a que, en aquel tiempo, éste consideraba como requisito ser hijo de padres mexicanos por nacimiento. El padre de Reyes Heroles era español.

            Pese a tal situación, de cara a la sucesión presidencial de 1970 su nombre circuló como uno de los aspirantes a relevar al presidente Díaz Ordaz y, por lo que se conoce, éste último tenía simpatías por su director de PEMEX, Reyes Heroles. De ahí que, a pesar de su condición legal, a priori no se le descartó como presidenciable. En tales circunstancias, es evidente que, con todo y dicha prohibición, la configuración del viejo presidencialismo y el dominio del PRI como partido hegemónico hubiesen permitido impulsar —de haberlo querido Díaz Ordaz y, tal vez, el propio Reyes Heroles—una reforma al artículo 82 para habilitarlo. Sin embargo, de acuerdo con su hijo, Federico, para Reyes Heroles nunca existió esa posibilidad debido a su “conciencia jurídica” como abogado, pues, durante 16 años defendió la prohibición en sus clases de derecho, haciéndole saber al presidente su postura[6]

En un vuelo de regreso de no sé dónde, alguna gira en la que hubo algo de la industria petrolera a finales de 1969, Díaz Ordaz mandó llamar a Reyes Heroles solo. Abogado, ahora sí ya no tengo margen, la postulación de mi sucesor debe echarse a andar. Le pregunto, ¿usted en definitiva se descarta?, eso le dijo. Sí, presidente, creo que el principio constitucional es correcto y además déjeme decirle, de no haber el impedimento constitucional yo me inventaría uno. Se rieron. Gracias, abogado, concluyó Díaz Ordaz.[7]

“Con las instituciones, todo, incluso su cambio; contra ellas, nada”[8]

Aunque la palabra es lo que hace al político, a estos debe juzgárseles por sus resultados. O lo que es lo mismo, para parecer hay que ser. En esa tesitura, reducir a Reyes Heroles a un intelectual al servicio del régimen es una calificación tan injusta como superficial, la cual, sin embargo, todavía de vez en vez suele llegar a repetirse, “por más que lo único que se ofrezca como prueba sean sus discursos, la gran mayoría preparados en los años en que fue presidente del PRI, durante la década de los años setenta.”[9]

            Precisamente, a pesar de que durante la gestión de Reyes Heroles como presidente del PRI entre los años 1972 a 1975, más que una transformación estructural que acompañara el cambio social, el partido atravesó una actualización ideológica que sirvió para reivindicar el papel del Estado bajo las directrices del presidente Echeverría; también es cierto que en su conducción práctica, Reyes Heroles siempre evidenció rasgos de un verdadero compromiso y lealtad institucional, por encima de la sumisión a los intereses personalistas del liderazgo presidencial en turno. Actitud que mantendría de forma congruente siempre en sus encargos.

            Dos breves situaciones sirven para ejemplificar esta afirmación. La primera tiene que ver con uno de los muchos desencuentros y confrontaciones directas que Reyes Heroles tuvo con Echeverría, en ese afán por siempre mantener las formas y no debilitar a las instituciones.[10]

            En 1975 se especulaba acerca de que el presidente Echeverría intentaba modificar la Constitución para permitir su reelección, por lo que dicha posibilidad comenzó a circular entre la opinión pública de la época, probablemente con su propio consentimiento. Congruente con los principios fundadores del régimen de la Revolución, y aprovechando su posición como dirigente partidario, en ocasión del LVIII aniversario de la Constitución Política de 1917, Reyes Heroles frenó de manera categórica cualquier intento de atentar contra la vida institucional del país:

En efecto, cuando se ha realizado alguna reforma que, por circunstancias temporarias, históricamente concretas, parece hecha para un hombre —permitir la reelección en 1928—, se ha debido reformar la reforma. De ahí aprendimos a no reformar para un solo hombre, por históricamente conveniente que parezca, a saber, las reformas hechas para personas niegan principios, quebrantan instituciones y nos apartan de nuestros senderos. Por lo consiguiente, aquellos aturdidos que pretenden la reelección lesionan a la Revolución, niegan nuestras instituciones y ofenden al revolucionario Luis Echeverría, dando lugar a un mal mayor que el que desean hacer aquellos que siniestramente la propalan.[11]

            La segunda situación por destacar también resulta bastante indicativa de la congruencia y la lealtad institucional de Reyes Heroles, y tiene que ver con un episodio acaecido durante su encargo como secretario de gobernación en el sexenio de López Portillo, el cual involucró al expresidente Echeverría.

            Cuando Reyes Heroles asumió el encargo citado, éste se encontró con que el expresidente Echeverría aún contaba con red federal y la usaba. Es decir, “se daba el lujo de llamar a los miembros del gabinete y sugerirles qué hacer o darles instrucciones.”[12] Evidentemente, al descubrir dicha anomalía, Reyes Heroles informó al presidente quien no reaccionó. Sin embargo, Reyes Heroles comprendía que aquella situación atentaba contra la vida institucional del país y actuó en consecuencia: “Un día López Portillo lo llamó, Chucho, me acaba de hablar Luis, está furioso, que le quitaron la red, ¿quién dio la instrucción? Yo, fue la respuesta. Y ¿por qué no me consultaste?, le preguntó. Porque usted me hubiera dicho que no lo hiciera. Tiempo después López Portillo lo reconoció, fue lo correcto, gracias.”[13]

Hacer política requiere preparación intelectual y reflexión.

Tiene razón Eugenia Meyer: “la doble condición de intelectual y político [de Reyes Heroles] lo llevó a reflexiones múltiples y a la formulación de principios.” De ahí que, en su afán por combinar esta doble vertiente, el veracruzano se haya identificado con “quienes no conciben la vida intelectual como distinta, o al menos reñida con las tareas del Estado, sino por el contrario, integran ambas.”[14]

            Bajo tal perspectiva, no cabe duda de que su vida fue ejemplo de ello, pues, mientras se desempeñó como funcionario de alto rango en la vida pública del país, siempre tuvo tiempo para la reflexión, la investigación y el aprendizaje. En consecuencia, no resulta extraño que Reyes Heroles haya asumido como propias las palabras de Gramsci, en cuanto a la idea de que, “el gran político debe, por ello, ser <<cultísimo>>, es decir, debe <<conocer>> el máximo de elementos de la vida actual, conocerlos no en forma <<libresca>>, como <<erudición>>, sino de una manera <<viviente>>, como sustancia concreta de <<intuición política>>.”[15]

            Por otra parte, independientemente de ese empeño por educarse en lo personal, Reyes Heroles demostró la importancia que tenía para él la construcción de los acuerdos y las decisiones políticas, a partir del debate y la reflexión. Es decir, más que defender una posición de iluminación intelectual escindida y privilegiada, abogaba por un proceso de construcción del conocimiento que recogiera desde abajo la experiencia y los diferentes puntos de vista de aquellos afectados e involucrados por las decisiones públicas.

            No en vano, como presidente del PRI, de cara a las elecciones presidenciales de 1976, intentó conciliar primero un proyecto político del partido, antes de escoger al candidato. Desafortunadamente, las cosas no ocurrieron como preveía, pues, Echeverría decidió adelantarse con el “destape” de José López Portillo. Sin embargo, años más tarde, en congruencia con sus principios, cuando este último le encomendó la realización de una reforma política en 1977, que abriera los cauces de la participación y fortaleciera el sistema electoral y de partidos, Reyes Heroles nuevamente demostró su talante democrático y oficio político, pues, a través de foros de discusión pública buscó conciliar y construir consensos en la materia, antes que imponer.[16]

Ausencia

José Vasconcelos

Durante buena parte del siglo XX, en México contamos con no pocos y brillantes intelectuales políticos al estilo de Reyes Heroles, los cuales influyeron decididamente en la construcción de las instituciones del Estado mexicano, haciendo gala de una destacada formación intelectual y una amplia experiencia en el servicio público. Destacan los casos de José Vasconcelos, Alberto J. Pani, Antonio Ortiz Mena, Jesús Silva Herzog, Manuel Gómez Morín, entre otros. Sin embargo, la triste realidad a la que hoy en día nos enfrentamos es a una ausencia de cuadros de este tipo en nuestras élites dirigentes, al tiempo que “la política ha perdido cualidades, profesionalismo y, quizá lo más importante, un proyecto sustentable y desarrollado mediante las instituciones.”[17]         

            En un contexto en el que los datos pareciera que ya no importan; en el que la posverdad y la construcción de realidades a modo son las respuestas desde el poder a los cuestionamientos del ejercicio de gobierno, y; en el que el desprecio por la participación social organizada y los mecanismos de control institucional se pone de manifiesto a través de un uso abusivo del lenguaje descalificante y recortes presupuestales, más que nunca es indispensable esbozar argumentos que contradigan dichas visiones obtusas, prejuiciosas y falaces que resultan un peligro para el sano funcionamiento del régimen democrático en México.

            El país enfrenta tormentas muy oscuras en el horizonte. Hoy por hoy, cuando la promesa de una sociedad más justa hace agua en un país azotado por la desigualdad y sus brechas; por la corrupción y la impunidad que aflora por todos los rincones de nuestra vida institucional; por la violencia y el crimen organizado que inundan y desangran pueblos y ciudades; por la demagogia, la oligarquización de la política y la polarización social bajo la cual florece la antipolítica; y por el dolor provocado por una pandemia que ha llenado de luto y ha afectado económicamente a miles de familias, cuánta falta nos hacen hombres y mujeres como Reyes Heroles, preocupados por prepararse intelectualmente y plantear soluciones pensadas, fundadas y discutidas, pero, sobre todo, individuos congruentes al grado de ser verdaderamente lo que dicen que son.

            Por ello, reencontrarnos con Reyes Heroles y traerlo a colación en las discusiones públicas actuales no es un asunto trillado ni zalamero. Por el contrario, asumir que en la historia de México han existido generaciones de mujeres y hombres muy esforzados, capaces y comprometidos con los problemas de su tiempo, nos debe llenar no sólo de orgullo, sino que nos demuestra que otra realidad es posible.

            Dicho de otra manera, rearticular nuestros anhelos y aspiraciones colectivas en este siglo XXI pasa por comprender y no olvidar que

la historia, siempre y cuando sea capaz de provocarnos identificación con sus hechos, es un instrumento generador de lazos y cohesión social, el cual nos permite dotar de contenido no sólo ideológico sino programático al sentido de nuestro devenir histórico como nación, permitiéndonos engarzar nuestro pasado con el presente, pero, sobre todo, alimentando la idea de que podemos construir un futuro juntos, en el que existen metas claras y precisas de hacia dónde ir.[18]

Antonio Gramsci

            Así, sin menoscabo de sus aportaciones intelectuales o de las de carácter político-institucional, el elemento clave que nos permite “renovar” de alguna manera la figura de Reyes Heroles y anclarla a nuestro presente en una narrativa continua, no puede ser otro que su autoridad moral y la congruencia que demostró en su vida pública. Se trata, por mucho, de un intelectual político excepcional que inspira por su integridad y convicción históricas, pero que también contrasta con la sordidez y la incapacidad de nuestra actual clase política, para atender las demandas de una sociedad carente de respuestas a sus problemáticas cotidianas.


[1] Alberto Enríquez Perea, Jesús Reyes Heroles: A través de sus aforismos, sentencias y máximas políticas, México, COLMEX, p. 64.

[2] Ídem.

[3] Arnaldo Córdova, “La historia, maestra de la política”, en Carlos Pereyra, et. al., Historia ¿para qué?, México, Siglo XXI Editores, 2010, p. 131.

[4] Jorge Luis Borges, “Funes el memorioso”, en Petrotecnia, Buenos Aires, Instituto Argentino del Petróleo y Gas, junio de 1994, pp. 94-96.

[5] Indudablemente existen diversos estudios directos e indirectos sobre la figura y legado de Reyes Heroles. No obstante, resultan de obligada lectura las obras de: Eugenia Meyer, Jesús Reyes Heroles, hombre de acción, hombre de historia, México, FCE/ SEP, 2015, y; Enrique González Pedrero, et. al., Homenaje a Reyes Heroles, México, COLMEX, 2011.

[6] Federico Reyes Heroles, Orfandad. El padre y el político, México, Alfaguara, 2015, p. 238

[7] Ibid., p. 252

[8] Jesús Reyes Heroles, Obras completas, vol.3, México, FCE/AEHPJRH/SEP, 1996, pp. 260-261

[9] Rogelio Hernández Rodríguez, “El político con ideas”, Praxis, Revista Tuxpeña, Cultura y Medio Ambiente [en línea], México, 3 de marzo de 2021 [Recuperado el 17 de marzo de 2021, https://praxisrevista.com/2021/03/03/el-politico-con-ideas/].

[10] Una aproximación a la serie de problemas y tensiones que socialmente se percibieron entre Reyes Heroles y Echeverría en la década de los setenta, puede leerse en José Agustín, Tragicomedia mexicana 2. La vida en México 1970 a 1988, México, Planeta, 2007.

[11] Jesús Reyes Heroles citado por Rodolfo Duarte, Jesús Reyes Heroles. El México de las instituciones, México, Fundación Colosio, 2012.

[12] Reyes Heroles, Orfandad, op. cit., p. 108

[13] Ídem.

[14] El tema es tratado por Reyes Heroles en su ensayo “Mirabeau o la política”, disponible en José Ortega y Gasset, Jesús Reyes Heroles, Dos ensayos sobre Mirabeau, México, FCE, 1994.

[15] Jesús Reyes Heroles, “La historia y la acción. Discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Historia”, pronunciado el 7 de agosto de 1968.

[16] Un análisis sobre estas coyunturas y sus implicaciones puede leerse en la obra de Miguel González Compeán y Leonardo Lomelí (Coords.), El partido de la Revolución. Institución y conflicto (1918-1999), México, FCE, 2000.

[17] Rogelio Hernández, op. cit.

[18] Jesús Miguel Islas Santiago, “A cien años del Congreso Constituyente de 1916-1917: transcendencia histórica y legado para el futuro de la nación mexicana”, en 10 primeros lugares del Concurso Nacional de Ensayo sobre el Congreso Constituyente de 1916-1917, México, Cámara de Diputados – Centro de Estudios de Derecho e Investigaciones Parlamentarias, 2017, p. 9.

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