“No pinto la naturaleza, soy la naturaleza”.

Jackson Pollock

En 1947, Jackson Pollock, desafiando todo lo que se había hecho hasta entonces, inventó una forma revolucionaria de pintar. Extendía los lienzos (algunos de ellos gigantescos) en el suelo, extraía la pintura directamente de las latas y utilizaba palos, pinceles endurecidos, espátulas o sus propias manos (de repente, añadía vidrios o arena en la textura) para salpicar, con admirable destreza y rapidez, manchas, hilos y gotas de pintura, creando una intrincada superposición de redes claras y bien definidas de colores. A ésta forma de pintar hoy se le conoce como la técnica del goteo (dripping). Con fascinación, leí que Pollock dibujaba en el aire, antes de que la pintura descendiera sobre el lienzo. De esta forma, el artista conseguía que la pintura cobrara vida propia y que las gruesas y delgadas líneas, en lugar de servir (como a todo pintor clásico) para crear formas y dibujar contornos, estuvieran dotadas de completa autonomía.

Jackson Pollock en su estudio, fotografiado por
Arnold Newman, Circa, 1949.
No. 17 Jackson Pollock.
No. 5, 1948. Jackson Pollock

A finales de la década de 1940 y principios de la década de 1950, Pollock dio a sus obras de arte números en lugar de títulos. Quería evitar que los espectadores de sus cuadros se vieran influenciados por los títulos. 

Para Jackson Pollock, el arte moderno no es más que la expresión de los objetivos contemporáneos de la época en la que vivimos. La forma de saber si una obra abstracta es buena o no, depende de lo que consigue hacernos sentir. Sabemos que el arte depende del artista, pero también y en gran medida, del espectador que la mira. Los artistas modernos han encontrado nuevas formas y nuevos medios de hacer sus declaraciones. Pollock pensaba que el pintor moderno no podía expresar su época: el avión, la bomba atómica, la radio (y yo agregaría hoy a la computadora, al teléfono celular, a las redes sociales y hasta el reciente viaje de una nave a Marte) en las formas antiguas del Renacimiento o de cualquier otra cultura pasada. Cada época encuentra su propia técnica.

La pintura es una experiencia estética para el espectador. En el transcurso del posmodernismo, el significado de “experiencia estética”, que antes se había relacionado sólo con las artes, se ha modificado con el tiempo. Ahora se habla de las experiencias estéticas relacionadas con el arte y con la vida cotidiana. De acuerdo con diferentes filósofos que se han dedicado al estudio del arte, una experiencia estética tiene tres elementos: en primer lugar, el arte debe generar sorpresa en el espectador, esto significa que cuando un espectador observa una obra, debe suceder algo resistente o inesperado, de lo que se da cuenta con la ayuda de sus sentidos. En segundo lugar, la obra de arte debe generar asombro y, con éste, un disfrute y una identificación persona. Y en tercer lugar, el arte debe ser una expresión de un contexto cultural, integrándose a los contextos sociales del tiempo en el que se genera.

La pintura abstracta nos muestra la realidad de una manera alternativa. Además, suele ser una representación de procesos del inconsciente, como los sueños, la imaginación y la fantasía. Hay quienes piensan que el arte abstracto permite al artista establecer un contacto más directo con su interior y, por lo tanto, también puede provocar lo mismo en el espectador. El inconsciente es una parte fundamental del arte moderno y los impulsos inconscientes significan mucho al mirar las pinturas. En este sentido, el arte abstracto se parece a la música: es universal y llega, sin intermediarios, a una parte muy profunda del ser humano. Pollock pensaba que el artista moderno está trabajando y expresando la energía, el movimiento y otras fuerzas internas. Desde su punto de vista, la pintura de su época era muy vibrante, muy viva y muy emocionante. La técnica, para Pollock, sólo era válida en el sentido de que era un medio para llegar a una declaración.

Existen algunos videos donde podemos ver a este hombre delgado, calvo y febril, totalmente absorto en la ejecución de su obra, sosteniendo exiguamente un cigarrillo en los labios y mirando, en algunos momentos absorto y en otros en movimiento, en pleno desarrollo de su creación artística. Pollock, literalmente, se metía en sus pinturas. Entraba y salía de los lienzos, los pisaba con los pies y las manos, se les plantaba enfrente, a un lado o los rodeaba, llevando a cabo movimientos viscerales que producían una suerte de danza que, dentro del mundo del arte moderno, se conoce como: action paniting.

El action painting, ciertamente, no representa ni expresa ninguna realidad, ni subjetiva ni objetiva, sino que descarga una tensión que se ha acumulado en el artista. El arte americano desarrollado a partir de Pollock también podría explicarse como la expresión del malestar que existe en la sociedad del bienestar.

Fotografía: Hans Namuth (1950).
Atrás, su esposa, la también pintora Lee Krasner.
Jackson Pollock y su esposa, Lee Krasner, caminando con su perro en Long Island.

El fotógrafo alemán, Hans Namuth, creó dos películas y 500 fotografías e Pollock. Las fotografías que Namuth hizo a Pollock fueron muy controvertidas. Después de estas sesiones, los dos artistas terminaron enemistados. Pollock no soportaba que Namuth quisiera controlarlo todo durante las sesiones y mucho menos que quisiera interrumpirlo a la hora en que pintaba. Para él, la creación artística estaba por encima de su interés por que fuera documentada. Namuth, igual que Pollock, murió en un accidente de automóvil, sólo que muchos años después, en 1990.

Un introspectivo Jackson Pollock sentado en su automóvil.
Jackson Pollock: Action Jackson | The Quark In The Road
Fotografía: Hans Namuth (1950).

Hijo de una familia trabajadora, Paul Jackson Pollock nació en 1912, en Cody, Wyoming Cowboy State, un territorio rodeado porvastas e inexploradas tierras de naturaleza salvaje y bellamente atravesado por las Montañas Rocosas. Desde muy joven decidido ser artista; experimentó algún tiempo con la escultura, pero terminó decantándose por la pintura. Pasó algún tiempo en Arizona y otro en California. En Los Ángeles, mientras estudiaba en la Manual Arts High School, se interesó por la espiritualidad teosófica y asistía regularmente a las reuniones del líder espiritual hindú, Jiddu Krishnamurti. Tiempo después, con más pinta de cowboy que de artista, se apareció, con botas y un sombrero Stetson, en la ciudad de Nueva York y, más adelante, terminó por convertirse en uno de los pioneros del expresionismo abstracto y en uno de los pintores más importantes de todos los tiempos.

Jackson Pollock no era un pintor al uso, su estilo personal en nada se parecía al de los pintores que le precedieron; era un hombre en acción, un vaquero en la pintura. En torno a su vida revoloteaba una lucha incesante contra el alcoholismo (enfermedad que padeció desde su adolescencia y por la cual necesitó tratamiento profesional en 1937 y en 1938), y los recurrentes estallidos de furia y depresión que padecía. Había en él, de manera permanente, una sensación de destrucción personal. Los psiquiatras coinciden en sospechar que padecía de trastorno bipolar. En algunos de sus cuadros, los especialistas creen encontrar claros signos de sus fases de manía y de sus fases depresivas. Pasaba mucho tiempo de bravucón, bebiendo, discutiendo y, de repente, golpeándose con otros hombres en los bares de la ciudad. Borracho, le daba por orinar en las chimeneas de las casas de sus amigos.

Mientras pintaba el cuadro “Postes azules”, uno de los cuadros más caros de la historia, Pollock tuvo un fuerte pleito con su esposa, la también pintora del movimiento del expresionismo abstracto, Lee Krasner; la amenazó con un cuchillo, colocó él mismo el cuchillo contra sí, y llamó por teléfono a su amigo, Tony Smith, para decirle que iba a suicidarse. Smith tuvo que conducir durante siete horas, hasta Nueva York, para persuadirlo de su intento de suicidio. Son ya célebres las explosiones de cólera y tristeza profunda de Pollock, así como los estados de trance por los que atravesaba cuando pintaba.

En un principio, Jackson Pollock estuvo fuertemente influenciado por los pintores que son considerados como los pilares fundacionales de la pintura estadounidense. Me refiero a artistas como Grant Wood y John Steuart Curry, que pertenecían al movimiento conocido como “Regionalismo”, que extraían temas de los pequeños pueblos del Medio Oeste de Estados Unidos y que representaban algunas de las escenas cotidianas de estas regiones agrícolas y mineras. Los representantes de este movimiento artístico utilizaban la pintura para enaltecer lo que ellos consideraban las “virtudes populares” de los Estados Unidos.

Ajax,1937. John Steuart Curry.
Museo Smithsonian de Arte Americano.
American Gothic and Other Fables. Grant Wood, 1930.
 (Una de las obras más emblemáticas del arte estadounidense.)
Instituto de Arte de Chicago.

En Nueva York, Jackson Pollock estudió en la Art Students League con Thomas Hart Benton, otro de los precursores del regionalismo americano. Durante los años de la gran depresión económica, muchos estadounidenses se sintieron atraídos por las vigorosas pinturas de Benton, que expresaban el espíritu perdurable de la nación. Para Pollock, Hart Benton era el pintor más importante de la época. Su trabajo influyó de manera importante en la obra temprana de Pollock. Poco tiempo después, se interesó de manera muy especial por la obra de los muralistas mexicanos; Orozco, Rivera y Siqueiros. De hecho, durante algún tiempo, se unió al Taller Experimental de David Alfaro Siqueiros, donde él y otros artistas del grupo experimentaron y desarrollaron técnicas de pintura novedosas, algunas de las cuales han sido consideradas por los críticos de arte como las precursoras de la técnica de goteo, que Jackson Pollock perfeccionó durante el tiempo que le quedó de su corta vida.

Joslyn Art Museum Omaha Nebraska | Art Museum, Art Classes Omaha Nebraska |  Entertainment Omaha
The Hailstorm, 1940. Thomas Hart Benton.
Museo de Arte de Omaha Josylin.

Clement Greenberg, uno de los críticos de arte estadounidenses más influyentes del siglo XX, se quedó pasmado con la obra de Pollock. Lo llegó a considerar el mejor pintor que los Estados Unidos habían tenido. Fue gracias a Greenberg, a Lee Krasner, su esposa, y a su mecenas, Peggy Guggenheim, que Pollock alcanzó un gran reconocimiento en vida Aunque nunca, a pesar de su éxito, le sobró el dinero. 

Peggy Gugenheim le ofreció su primera exposición individual en el Art of This Century Gallery, en 1943, además de encargarle la obra monumental Mural: una gigantesca pintura de 8 X 20 pies, para colocarla en su residencia en Manhattan (en 1948 la donó a la Universidad de Iowa). Con el dinero que Guggenheim le pagó, Pollock y Lee Krsaner (que en aquella época era su novia), se compraron una casa de campo en Springs, Long Island.

Paradójicamente, Pollock tuvo mucho éxito en Europa, aunque nunca viajó fuera de los Estados Unidos. Con el tiempo, el artista se volvió cada vez más solitario, atormentado y retraído. Murió en 1956, a los 44 años, mientras conducía en estado de ebriedad. Muchos estudiosos de la vida y de la obra de Pollock piensan que su muerte fue consecuencia de un lento suicidio que, consciente o no, empezó a gestar mucho tiempo antes de que ocurriera.

Roberto Zenit, científico mexicano de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Brown, en conjunto con la Universidad Nacional Autónoma de México, publicaron el resultado de una investigación que hicieron sobre el trabajo de Jackson Pollock, en el que comprobaron que, consciente o no de lo que hacía, Pollock aprovechó la mecánica de flujos para crear su obra. Lo anterior no es un descubrimiento menor, porque podría darle a la obra de Pollock no sólo una nueva perspectiva, sino que destruiría las teorías de sus detractores, que aseguran que el éxito de Pollock se debió a un accidente, como consecuencia de haber estado en el lugar y el momento indicado, cuando el mundo estaba abierto a su obra. El trabajo de Pollock fue valorado en un tiempo en el que el gobierno de Estados Unidos promovía las libertades individuales y criticaba al comunismo (a diferencia del arte rígido y representativo de los pintores del realismo social rusos). Pollock se ponía sus propias reglas y dejaba que el espectador sintiera libremente lo que sus pinturas les comunicasen. A los Estados Unidos le interesaba mostrarle al mundo que sus artistas eran libres y que podían pintar cualquier cosa, aunque los demás no comprendieran su arte del todo. En ese sentido, Pollock fue un hombre de su tiempo. Alguna vez, la influyente revista Life, llamó a Pollock, despectivamente: “Jack the dripper” (Jack el gotero). Nos guste o no su trabajo, Pollock es uno de los pintores mejor valorados de la historia y sus cuadros se venden hoy por muchos millones de dólares. Además, la investigación Zenit-UNAM, podría llevar, no sólo a identificar las falsificaciones de Pollock, sino a aportar nuevos conocimientos a la mecánica de flujos e, incluso, a mejorar la construcción de la fibra óptica.

"Composición roja" de Jackson Pollock
“Red composition”, 1946. Jackson Pollock.
Museo Everson. Siracusa, Nueva York.
Motley Fool: was buying Blue Poles for $1.3m in 1973 a good investment?
Blue Poles, 1952. Jackson Pollock
Galería Nacional de Australia

Considero que Jackson Pollock es uno de los grandes genios del siglo XX y, no obstante, cuando miro los precios desorbitantes que ciertos individuos, organizaciones y museos están dispuestos a pagar por el trabajo de los grandes artistas como Pollock, me cuestiono seriamente la escala de valores que reina en nuestros días, donde los multimillonarios están dispuestos a intercambiar estratosféricas sumas de dinero por trozos de tela con pintura (por más extraordinaria e irrepetible que éstas sean), en lugar de utilizar esos recursos para crear proyectos que contribuyan a revertir los daños ocasionados al medio ambiente y a mejorar la calidad de vida de la gente más pobre del planeta.

En la pintura moderna, Pollock representa el mayor sueño de un artista: liberar al arte de todos los cánones y prejuicios y, por consiguiente, utilizar el arte como un medio para convertirse en un ser libre y genuino.

Jackson Pollock's Autumn Rhythm (1950) displays continuous, meandering... |  Download Scientific Diagram
Autumn Rhythm, 1950. No. 30.
Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. 1950, 1950

Autumn Rhythm es considerada una de las pinturas más importantes de todos los tiempos. Sobre este cuadro se han escrito muchas cosas. Aquí, escribo lo que Aaron Art Prints, un comerciante independiente de arte escribió:

“Autumn Rhythm evoca una sensación de fuerzas cósmicas que se mueven constantemente sin principio ni fin. Pollock creó este sentimiento al renunciar a todo control consciente de su trabajo. Esta noción de abandonar el poder personal al proceso artístico es la gran contribución de Pollock al arte moderno”. 

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Nació en la ciudad de México en 1971. Es tuxpeño por adopción. Sobrino-nieto de Enrique Rodríguez-Cano, durante su adolescencia, vivió en el puerto de Tuxpan, donde estudió parte de la secundaria y de la preparatoria, y donde también trabajó en los ranchos ganaderos, “Los Rodríguez” y “Los Higos”. Más adelante, estudió la licenciatura en administración, una maestría en administración pública y ciencias políticas y cursó, parcialmente, el doctorado en letras modernas. Tiene cursos y diplomados en economía, finanzas bursátiles, creación literaria y guion cinematográfico. Ha dividido su carrera profesional entre el sector bursátil, la literatura, la fotografía documental, la fotografía de retratos y la fotografía urbana, y la docencia. Entre 2005 y 2006 colaboró como promotor cultural en el gobierno municipal de Tuxpan. Ha publicado cinco novelas cortas y un libro de cuentos (con los pseudónimos Juan Saravia y Juan Rodríguez-Cano). Ha publicado más de treinta relatos cortos en diversas revistas especializadas y más de un centenar de artículos. Ha ganado diversos premios literarios, entre ellos, el «XIV Premio de Narrativa Tirant lo Blanc, 2014», del Orfeó Català de Mèxic. Su novela «Diario de un loco enfermo de cordura», publicada por Ediciones Felou, en 2003, recibió una crítica muy favorable por parte de la doctora Susana Arroyo-Furphy, de la Universidad de Queensland, Australia, y su novela «El tiempo suspendido» fue elogiada por la actriz mexicana, Diana Bracho. Su novela anterior y la novela «La sinfonía interior», publicada por Ediciones Scribere, en Alicante, fueron traducidas al francés y publicadas en Paris, Francia. Ha sido colaborador del diario Ruíz-Healy Times (México), El Diario de Galicia (España), Revista Praxis (Tuxpan, México), Diario Siglo XXI (Valencia, España), Revista Primera Página (México), El coloquio de los perros (Cartagena, España), Revista Nagari (España), Revue Traversees (Luxemburgo-Bélgica), y otros medios. Desde hace 11 años vive en Bélgica, donde es profesor de español (titular de la maestría, por parte del Departamento de Idiomas), orientado a estudiantes de ciencias políticas, ciencias de gestión y ciencias humanas, en la Universidad Católica de Lovaina.

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