Más tarde, en la década de los 80, durante mis estudios de posgrado, hicieron acto de presencia otras creadoras que alimentaron y moldearon mi espíritu. Llegaron de todos los continentes, de todas las razas, marcadas por los mismos atavismos.
Beatriz Espejo muestra su afición por el relato fantástico a lo largo de esta novela pletórica de escenas llenas de imaginación. En general, la obra narrativa de Espejo se asemeja en gran medida a la de Guadalupe Dueñas o Elena Garro, quienes también recurren a la prosa poética a lo largo de su obra.
La exploración del vivir en el tiempo significa para Seligson vivir sin ataduras físicas ni espirituales y el símbolo que une ambos planos es el del maná que se recibía diariamente. Así también lo señala Angelina Muñiz Huberman cuando se refiere a La morada en el tiempo como “un largo poema”.
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